Una lectura alrededor de Relatos de la conquista de América donde Gonzalo España, con gran maestría narrativa, nos invita a un viaje literario a través de ocho historias que rinden homenaje a la valentía y audacia de aquellos que forjaron nuestro legado.
Paola Chacón/Ilustraciones de Jorge Alberto Ávila
La curiosidad ha sido desde siempre el motor creativo de Gonzalo España, un colombiano que se denomina un ‘aficionado de la historia’. Su pasión lo ha llevado a crear textos donde los personajes resucitan en un escenario del pasado, pero en el que su voz puede ser escuchada en el presente por jóvenes y adultos. Así ocurre en los ocho relatos que construyen el gran y doloroso escenario de la invasión a nuestro continente, reunidos en su libro Relatos de la Conquista de América publicado por Panamericana Editorial.
A través de ilustraciones y la aguda narración histórica, Gonzalo nos presenta un mundo en el que los colores —la interpretación y la emoción— serán responsabilidad del lector. Los hechos que escribe serán juzgados por quienes se atrevan a leerlos, a conocer lo que diríamos ‘la otra cara de la moneda’. Nos lleva por increíbles paisajes de Colombia, México, Guatemala, Panamá, Cuba y otros más, para dibujar allí relatos magistrales sobre la violencia de la conquista a manos de los “dioses” sedientos de oro. Estos son relatos que revelan la perspectiva de los anfitriones frente a aquellos gigantes de metal que ignoraron su cosmovisión, invadieron y llenaron sus bolsillos hasta saciarse.
Mirada extraña
La evidente desventaja con armas rudimentarias, frente a los recién llegados, y una mirada extraña que los endiosaba en los primeros encuentros, no les impidió defenderse cuando la hostilidad, el daño y el dolor ganaban terreno. Este es el fragmento de la crónica que sí conocemos. No obstante, muchas fueron las estrategias de resistencia, engaño y protección que usaron los pueblos para mantenerse en pie, frente a la barbarie que impactó contra la vida de mujeres, hombres, niños, animales y la tierra. Una lucha no consensuada de visiones, creencias, religiones y lenguas, que se ha convertido en el origen de nuestro propio camino.
El conflicto del encuentro de estos dos mundos pareciera ser el tema central; cada relato se convierte en un homenaje a los valientes originarios. Sin embargo, para el ojo atento, el hecho de darles voz en la ficción histórica, permite ver en el libro una reivindicación de su propia interpretación: aquella que los libros de historia no imprimieron y ni siquiera consideraron. Su manera de narrar los acontecimientos devuelve a los nativos americanos, aquellos pueblos diezmados que hoy siguen en pie, el lugar que merecen en la memoria del continente.
(…) ellos estaban condenados a la derrota, pero fueron lo suficientemente locos y audaces como para enfrentarse a los dioses, para intentar comprenderlos y engañarlos o incluso para burlarse de ellos, y eso es mucho más de lo que se le puede pedir a un valiente. p.13.
Esta vez, la historia, nuestra historia, no la cuentan los vencedores ni les aplaudimos las grandes hazañas ante los “salvajes” del nuevo mundo; un mundo ajeno y desconocido, al que llegaron con osadía. Esta vez, la tierra americana encarna su propia versión donde cada lector tendrá como misión rescatarla del olvido.



