El Poeta reflexiona con frecuencia sobre el origen y la esencia de la poesía y un ejemplo claro lo hallamos en esta magnífica arte poética. Vive en Armenia.
Conrado Alzate
Azar del espejo es la nueva revelación de Hernando Guerra, un poemario donde el Poeta juega con el lenguaje, como es su costumbre, para entregarnos canciones provocadoras que se pegan rápidamente a los labios y la memoria del lector. Ese es el poder, la magia y el imán que poseen estos cantos.
El azar es casualidad y la casualidad es una combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar. Y el espejo es un símbolo utilizado recurrentemente por Borges, que representa la duplicación o multiplicación espectral de la realidad. Y la poesía es un ramalazo de luz, una voz que le habla a uno, una voz que no se sabe de quién es y que no se puede prever cuándo va a llegar con su acervo de belleza y de misterios.
Es como si el otro, el que habita en el espejo del Poeta, le hubiera dictado estos versos:
“Escribo al límite / en el filo de la llama y su grafía / silencio que gravita / en la estela del relámpago // El que funda el azar / lanza los dados // La incertidumbre crece / en la quietud del lago / donde se mecen las estrellas / antigua sed de luz / que emerge de la entraña // Escribo al límite / en el vórtice // El viento arranca / la sombra del destello / y la poesía viaja / como vestigio / Cruzo la noche / y su intemperie // Bendición / o condena // azar del espejo // la palabra” (Azar del espejo).
Pero lo que sí se sabe, según el universo onírico del Poeta es que:
“…la poesía viaja / como vestigio” (Azar del espejo). Y que es más ontológica que gramatical: “La poesía no se conjuga / es interior nada más / canto de ser” (Conjugaciones).
Tentación llamada poesía
El Poeta nos da claves para entender que quizás la génesis de la poesía la podemos encontrar en el corazón del paraíso como una serpiente tentadora:
“Ya lo advertían los primeros / en llegar al bosque / donde creaturas azules permeaban el sol / y danzaban con las vírgenes / que no habían visto la serpiente / pero intuían su reptar cercano / su tentación de todos los colores” (Ni Evas ni Adanes).
Las anteriores líneas nos recuerdan las famosas y profundísimas palabras de Vicente Huidobro: “La poesía es vocablo virgen de todo prejuicio; el verbo creado y creador; la palabra recién nacida. Ella se desarrolla en el alba primera del mundo. Su precisión no consiste en denominar las cosas sino en no alejarse del alba”.
Y esta elocuente afirmación la comprende muy bien el Poeta colombiano.
Y más adelante, el Poeta, señala maliciosamente:
“Y la revelación llegó / cuando el hacedor dormía / Unos leían poemas a la intemperie / otros filosofaban mirando las estrellas // los demás / ebrios de luz / a la sombra del manzano” (Ni Evas ni Adanes).
Por otra parte, el célebre escritor y erudito británico Robert Graves en Rey Jesús, cuenta que los judíos tenían un refrán que rezaba: “Tres cosas espléndidas: poetas, bosques, reyes”. Y es precisamente en una de esas cosas estupendas donde el Poeta fija la tentación de la palabra poética:
“El bosque / un lugar encantado / donde dios creó la tentación / llamada poesía” (El bosque).
Metapoesía
En la obra analizada, el Poeta es un Metapoeta, como lo fueron Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges y Octavio Paz, por nombrar algunos grandes muy de prisa, pues reflexiona con frecuencia sobre el origen y la esencia de la poesía.
Un ejemplo claro de cuanto expreso lo hallamos en esta magnífica arte poética:
“El poema no pendula / es nube que navega / en las alturas del instante // El poema está hecho de silencio / y eternidad // Intemporal como la rosa muere en cada lectura y resucita // El poema es fragancia / la flor la reina del cortejo” (El pacto, II).
Y más aún, El Poeta, ebrio de luz y de sueños como el patriarca bíblico, construye puentes entre la tierra y el cielo, escaleras sólidas que lo conecten con lo divino:
“Por la escalera del poema / el poeta alcanza / el alba o el ocaso / Porque arriba y abajo / el verso como peldaño / revela ilumina / Por la escalera del poema / Mas hay poetas / que sólo llegan a mediatinta / lugar entre el sol y la luna / a mitad de camino / de la luz o la sombra / Algunos aceptan la medianía / otros la disfrazan / Los demás deploran / el tramo que les resta / y derivan áulicos plagiarios / ubicuos ahijados / delfines mercachifles / proxenetas / meretrices de pasarela / Por la escalera del poema / la palabra salva al hombre / o lo pierde / En todo caso el verso / como peldaño / es inocente” (La escalera)
es un instante
En Lenguaje y poema, Octavio Paz, escribe: “El poema es creación original y única”. Nuestro Poeta, en el poema Soledad, juega con esta certeza, llevándola al nivel ontológico:
“Todo es un instante / un poema // Uno solo en la vida / entre signos imágenes / como un dios o un mendigo // Solo aun ella y tú y todo // No te engañes // no acompañas a nadie / nadie te acompaña // No te ilusiones // La soledad como el poema / es una sola // Irrepetible”.
Los bienes del poeta
Los haberes del Poeta no son muchos. El soñador de infancias confiesa que nació pobre en una aldea pequeña, pero lleno de cantos que él ofrenda como estrellitas a las veredas de la noche:
“Nací pobre en una aldea / sin mapa donde poner tanta belleza / y mi canto se alza libre / por los senderos de la noche” (Transparencia).
A la hora de hacer el inventario, en la vida del insomne, sólo aparecen la soledad y el poema nocturno que lo hacen feliz, que llenan el papel de emotivas imágenes:
“Me declaro feliz con mi pobreza // Ella me permite leer y escribir / sin rendirle cuentas // No tengo que gastar el tiempo / en la tensión de los haberes / y los deberes // No voy por la vida hablando solo / es decir con el otro / de transacciones oscuros negocios / y demás miserias // No soy mercader de vanagloria / ni me deslumbran fulgores / de inciertos paraísos // Le soy fiel a ella / mi pobreza // Nada tengo nada debo” (Mi pobreza).
El Poeta encuentra pues, en la escasez material su ventaja y su fortuna verbal.
La soledad del poema
Yo he meditado mucho en la soledad del poeta, pero nunca había pensado en la soledad del verso:
“Aves acechan / la oscura soledad / del verso” (Herida luz).
El poeta es médium, canal donde el verbo se hace sustancia, donde el vuelo de la poesía detiene su grafía. Y el verso está solo, pienso yo, cuando no encuentra una antena receptora y un labio que lo cante. De suerte que el Poeta de Azar del espejo, es decir Hernando Guerra, tiene buen oído y es un fiel amanuense la lengua de los dioses.



