James Llanos Gómez
En la mañana envuelto en un silencio no total, pero sí profundo, frente a un guadual donde reposa la luz solar, percibo una profunda robustez que alberga el pensamiento de lo observado, sosteniendo todo aquello que rige a los seres humanos: la sencillez, la inteligencia, la psiquis, la belleza, los sentimientos y, asimismo los sufrimientos.
El viento acaricia las plantas y las raíces rígidas de la naturaleza, que son inconmensurables. Diversa en forma, color, lugar y que se embellece con el vuelo orgánico del pájaro, casi tan rápido como el sonido, o con los cuadrúpedos mamíferos, que rodean las raíces de cada árbol, tallo y planta completa y hermosa, otras rotas, por dónde se filtran los rayos lumínicos de la mañana.
El sonido de las hojas secas que caen, desafiando la gravedad, esa propiedad que Newton describió a través de la ley, se convierte en un recordatorio para reflexionar sobre la complejidad de la naturaleza.
Dice Federico Schiller en “La relación del arte con la naturaleza”, “La naturaleza es el genio creador que nos enseña a crear”. En este sentido, el amplio verdor se presenta como un gráfico, un texto que nos invita a pensar, a reinterpretar y a sentir la tridimensionalidad, lo volumétrico donde todo punto es equidistante.
Los insectos que merodean los frutos, que a veces los llaman de Dios, esos mosquitos que parecen cardúmenes en el aire, dan cuenta de que la vida no se limita al ser humano, la planta, el insecto o el animal, sino, que se despliega en una compleja red de contradicciones y armonías que persisten por la sobrevivencia.
La calavera que el ser humano contempla con miedo. El cacareo de la gallina, el piar de los pájaros y el movimiento sigiloso de los pequeños vivientes, generan en el observador una visión que lo sumerge en la esencia de la densidad del verde olivo.
“Todo lo anterior ennoblece todo, después, llega lo orgánico y lo humaniza”
La sensibilidad en la pluma del escritor, en el pincel del pintor, los pies del bailarin y el gesto del teatrero, inmortalizan el guión de los árboles y sus vecinos escribiendo la historia, la memoria del ser humano; esto Werner Herzog lo hace fácil en sus películas, Goethe en sus escritos o Schiller en su poética filosófica.
Lo anterior nos recuerda, que el mundo de la selva y el cosmos del ser humano, están separados por el hilo inmenso y amplio traducido en el respeto, la dignidad, la política, la apreciación, la estética, el amor y la poética sumergido en la “Magia natural”, un término de la dramaturga Aleida Tabares. Ella entiendo yo -da estatus a la selva, a la planta, a la muerte con respeto y, al animal bípedo que lo compara con el depredador implacable y, guarda la esperanza que se encuentren en contexto, para respetar el propio peso y su misma importancia para el planeta.
Schiller nos escribió, “El arte es la forma en que el hombre se libera de la naturaleza, pero también la forma en que se une a ella”. En este sentido, el arte se presenta como un puente entre, el mundo de la naturaleza y el mundo del ser humano.
Todo lo anterior cuestiona cualquier principio teórico absoluto y por el contrario, plantea un texto amplio y dialéctico, donde la verdad absoluta se deshace, como “ídolo de barro” en el torno sobre la mesa de trabajo del artesano.



