Poéticas de ciudad en la literatura de Antonio María Flórez.
Juan Carlos Acevedo
Dentro de la escritura del poeta hispano-colombiano Antonio María Flórez Rodríguez (Don Benito, Badajoz España 1959) la literatura urbana está presente, sus novelas “El hombre que corría en parque” (2022) y “Llámame tiempo” (2024) y sus libros de poemas “La ciudad” (2021) y “Bajo tus pies la ciudad” (2012) nos enseñan a un autor que ve en la literatura citadina múltiples posibilidades de creación, no está demás recordar que el escritor Flórez Rodríguez ha realizado varias conferencias, conversatorios y foros sobre el tema de literatura y ciudad y ha publicado muchos artículos con el mismo tema.
Con estos antecedentes nos acercamos a la lectura de su nuevo libro de poemas “Lisboa caminada” editado por el Ayuntamiento de Don Benito el año anterior, en el cual su autor utilizará la metaliteratura para hacer referencia del espacio poético de la mítica Lisboa.
El libro
Lisboa caminada es un libro vivo, orgánico, se mueve por callejuelas, barrios, bares, parques y plazas, diríamos que la ciudad es un símbolo donde la poesía ahonda en emociones que lo cotidiano plasma en el ser.
Esta metrópoli actuará como un dibujo, el de un mapa literario que acompaña a su autor para entablar una conversación con sus amigos escritores y Pessoa, Lobo Antunes, Saramago, Júdice y el mismo Tabucci abrirán diálogos con el lector y lo lelvarna verso tras verso por sus calles y sus melancólicos muelles.
Poemas de largo aliento marcan, a la manera de un aguafuerte, la noche lisboeta, y es que si algo es calve en la escritura de este libro es su cercanía con la plástica, que logra su autor al recrear imágenes más desde la pintura que desde la literatura. Antonio María va a llevar a sus lectores por sonidos, olores, sabores y tactos de una ciudad que todos conocemos, pero él dejará un signo de nostalgia en cada poema.
Su libro, intertextual, viene a pagar algunas deudas con Lisboa y sus autores pero también con otras geografías, y esto es un tema que Flórez Rodríguez conoce muy bien: una sombra, una canción, los versos que queman o los barcos como nubes a lo lejos son tratados aquí con profundidad y pasión.
Lisboa caminada viene a llenar de nostalgia nuestras lecturas y a recordarnos tantas y tantas ciudades que han marcado nuestros pasos, y todo lo hace el autor desde un lenguaje íntimo casi confesional, oscilando su escritura entre poemas breves y largas confesiones literarias. Adentrémonos en Lisboa Caminada.
- Flórez Rodríguez, Antonio María. Lisboa Caminada. Editado por el Ayuntamiento de Don Benito. España. 2024. Páginas 116.
IV
Ángel Campos alguna vez anduvo por Lisboa
y conoció del azar de sus calles,
de su oculta pasión, misteriosa y difícil;
y también supo del olor de los libros viejos
en las librerías del Bairro Alto; y del blanco
de las casas con sus balcones abiertos
y del cielo desnudo y azul entre nubes de piedra.
Y estuvo como yo, en el puerto,
mirando la estela de un barco;
y de ese territorio desnudo, extenso y azul
dijo él que “Escribir es recuperar su ausencia: /
esta sabia costumbre de los ríos /
de morir en el agua o en el aire”.
Las noches de Lisboa
I
Son las noches de Lisboa
renuentes al silencio.
Ellas tienen gargantas que gimen
y lanzan cortados lamentos
que chocan contra las paredes.
El fado en Mouraria
es un susurro hechizante
que viene del fondo del alma,
melancólico y altivo,
como lo hizo María Severa
con su cuerpo y su destino.
De ellas nacen sueños
que escapan por las ventanas
y minutos que se alargan,
más allá del poema,
con historias interminables
de nuestras vidas oscuras
—la tuya y la mía—
por desiertos y autovías,
por ciudades y montañas,
que aplazan y enmudecen
las líneas que habrías
de escribir hoy mismo,
antes de la medianoche,
sobre los setenta y dos fantasmas
que ya no habitan, ni suspiran, ni bien sueñan
en la casa desierta y callada
de Fernando Pessoa
en la rua Coelho da Rocha
del campo de Ourique.
Papeles manuscritos desparramados en el escritorio
que susurran la “Sinfonía de la noche inquieta”
y hablan del “…olor del mar, entrada la noche,
en los muelles de la ciudad humedecida por el frío…”.
Iluminando la noche
I
El viajero mira el camino,
las aceras picadas,
los adoquines sueltos,
de la calle tendida
que baja hasta el puerto.
Lisboa en penumbra.
Parece que buscara un espejo.
II
Lisboa de noche
era luz y deseo
como un sueño mordido
por los labios del silencio.
VIII
Fueron sus brazos abiertos,
banderas que tremen;
sus manos vacías,
mástiles rotos;
y mis pasos perdidos
un rayo de luz
—saudade—
y un largo adiós sin retorno.
XI
Lisboa:
Líneas torcidas,
notas rotas
y un pentagrama
de calles empinadas,
plazas sin salidas,
recodos sin arbustos,
parques sin asientos,
y largas escaleras para trepar a casa.



