Los cuentos de un intelectual

Jorge Emilio Sierra Montoya*

En esta antología, Óscar Aguirre Gómez reúne 24 cuentos de su autoría, cuyos títulos sugieren, de manera clara, su contenido y, por ende, el de la obra, donde desde un comienzo se manifiestan sus leitmotivs que revelan, a su vez, el alma del autor. Veamos algunos ejemplos.

 

Los personajes, en primer término. Leda, por ejemplo, sale de la mitología griega, muchos de cuyos pasajes aparecen en estas páginas; pero, también la literatura está aquí presente, de principio a fin, sobre todo con escritores como Borges, igual que la música, el arte, la filosofía, el cine, la religión, la ciencia y, por ende, la ciencia-ficción, todo ello enmarcado en continuas referencias culturales, de diversas culturas, que permiten de alguna manera presentar la visión enciclopédica que tanto ha marcado a la época moderna, cuando nacieron precisamente los llamados intelectuales. He ahí una síntesis apretada del libro, según podrán constatarlo sus lectores.

 

Esto demuestra, claro está, que el escritor en cuestión es un intelectual, por lo que sus cuentos en ocasiones parecen ensayos literarios, reflexiones filosóficas en torno a la vida misma o relatos que se mezclan incluso con poemas, con textos en verso, o se tornan en bella prosa poética. Son cuentos de carácter intelectual, valga la insistencia.

 

Tal característica no puede menos que limitar bastante el número de sus lectores. Al fin y al cabo se requiere una adecuada formación cultural para su cabal comprensión (la misma que en cambio disfrutamos quienes nos hemos dedicado durante muchos años al fascinante mundo de la cultura, de las bellas artes, de las letras). Cabe anotar, sin embargo, que esto, por el contrario, puede atraer a las personas que carecen de dicha formación, quienes aprenden así a través de la lectura, más aún cuando el lenguaje empleado es claro, transparente, con las virtudes del buen narrador, y se describen situaciones o experiencias extrañas, fascinantes, dignas de la mejor literatura en Borges, Poe, Lovecraft y otros tantos iniciados.

 

Más aún: como nuestro autor es un intelectual cuyos cuentos poseen también ese carácter, entre él y su obra hay una simbiosis, de modo tal que sus amigos (intelectuales, obvio) lo vemos encarnado en varios de sus personajes, si no en todos, como si fueran sus propias confesiones o, en definitiva, el libro fuera, al menos en parte, autobiográfico. Y dado que algunos relatos van en primera persona, hay motivos suficientes para pensar que nuestras sospechas sean válidas, aunque el escritor, con pleno derecho, acaso lo niegue.

 

Señalemos, por último, que no deja de sorprender el hecho de que los 24 cuentos de la Antología hayan nacido en una ciudad de provincia, enclavada en el centro del Eje Cafetero colombiano, no en Europa, cuya cultura aún es nuestra guía en América Latina, ni en una metrópoli como Londres, París o Nueva York, cuyos extraordinarios avances tecnológicos ofrecerían un ambiente más propicio para vislumbrar un futuro plagado de máquinas, naves espaciales, seres de otros planetas, superación del tiempo y el espacio, nuevas dimensiones de la realidad…, futuro que se hace presente, a cada paso, en estas páginas.

 

¿Por qué?, cabe preguntar. La respuesta es simple: por los libros, por el vasto universo que logra alcanzarse a través de la lectura, más aún cuando la tierra de la que Aquirre es oriundo (Pereira, capital del departamento de Risaralda) se ha identificado de tiempo atrás por su cercanía a la cultura, porque allí cruza -en Manizales, según suele decirse- el meridiano intelectual de Colombia, por su intensa actividad periodística de vieja data y, en especial, por sus brillantes escritores, si bien en su mayoría han estado aferrados al costumbrismo, con espíritu localista, o vinculados a la llamada Escuela Grecocaldense, donde suele hacerse gala tanto de la riqueza literaria como de una gran retórica, la cual no obstante resulta en ocasiones vacía, alejada de la realidad, escapista y falsa.

 

Acá, en cambio, la imaginación alza vuelo, con total libertad; los argumentos son originales, haciendo creíble lo extraño, lo misterioso, lo absurdo; abundan las máximas filosóficas, dignas de figurar en otra antología del género, y hay piezas que los grandes maestros, desde Poe hasta Borges, repasarían con gusto, dándoles su aprobación.

 

Es un libro, por consiguiente, de proyección universal, que tiene a su favor los vientos de la globalización, de la aldea global en que ahora vivimos, y de recursos como internet o las redes sociales que en un abrir y cerrar de ojos nos unen al mundo, por lo cual le auguramos completo éxito en un futuro tan soñado a lo largo de sus cuentos.

 

Estamos, en fin, ante uno de los mejores narradores colombianos en la actualidad.

(*) Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua

*(Prólogo al libro “Antología de cuentos” de Óscar Aguirre)

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