Con esta novela de lenguaje fresco, con argumento novedoso, bien escrita, Carlos
Mario Vallejo demuestra que tiene el talento literario para escribir historias que
llaman la atención.
José Miguel Alzate
El origen etimológico que en la literatura tiene la palabra compuesta ópera prima
es el de indicar que se trata de la primera obra publicada por un autor. Su raíz está
en el latín. Pues bien: la ópera prima sobre la que hoy escribo se titula “Los
sexualizadores”, una novela impecable en su edición, sin lenguaje escatológico,
con escenas que no tienen el elevado erotismo que maneja Santiago Gamboa en
“El síndrome de Ulises”.
Su autor, Carlos Mario Vallejo, es un manizaleño apasionado por la literatura, que
se desempeña como docente en el municipio caldense de La Dorada. La obra
obtuvo el primer puesto en un concurso nacional de novela convocado por la
editorial Escarabajo en homenaje al escritor Jaime Echeverri. Vallejo escribe
desde hace algún tiempo notas en el Magazín de El Espectador.
“Los sexualizadores”, la novela con la que Carlos Mario Vallejo irrumpe como buen
creador de ficciones, es una obra innovadora argumentalmente. Creo que esto fue
lo que vio el jurado calificador para concederle el premio arriba mencionado. Tiene
un personaje, un narcotraficante llamado Evaristo, que se sale del molde
tradicional del narco adinerado. El narrador en tercera persona, que utiliza el tú
pronominal para dirigirse a alguien sin nombre, usa un buen lenguaje para hablarle
a ese personaje que identifica como sobrino de Evaristo. Esta técnica narrativa,
donde el narrador se dirige a un joven para recordarle detalles de su vida,
explicándole que el tío es un hombre obsesivo por los crucigramas, no es fácil de
manejar. Sin embargo, Carlos Mario Vallejo tiene destreza en este sentido.
Capítulos cortos
Estructurada en capítulos cortos, titulados, bien escritos, “Los sexualizadores” es
una novela que cuenta una historia poco tratada en la novelística colombiana,
donde se involucran muchachos que se dedican a vender droga a los jóvenes de
sectores populares que se han convertido en drogadictos. Para cobrarles a tres
personas que usan métodos represivos contra quienes tienen una orientación
sexual diferente, las secuestran para someterlas a las prácticas sexuales que ellos
condenan. Un sacerdote pedófilo, una rectora de colegio que tiene actitudes
homofóbicas y un profesor con nombre de raza de perro que critica las relaciones
homosexuales son los escogidos por este grupo de muchachos para someterlos a
esas prácticas que ellos no aceptan porque las consideran inmorales.
La novela de Carlos Mario Vallejo no cae en los estereotipos que caracterizan a
las obras sobre el narcotráfico, donde los capos tienen sicarios a su servicio y,
además, hacen ostentación de su riqueza mal habida construyendo mansiones
fastuosas o adquiriendo caballos de mil millones de pesos. Evaristo, el tío del
personaje a quien le habla el narrador, es un hombre sencillo. Fue comerciante de
zapatos en Medellín, y antes de meterse a ese mundo era vendedor de libros.
Tiene en lo que el narrador llama la olla de la comuna La Fuente, una vieja casa
desocupada. El sobrino, que es quien va a organizar el secuestro, le pide que se
la preste. Su intención es encerrar allí a los secuestrados para cobrarles que sean
discriminadores con quienes tiene actitudes distintas frente al sexo.
En el primer párrafo de “Los sexualizadores” el lector advierte la intensión de ese
muchacho de veintiocho años de secuestrar a las tres personas para ejecutar un
plan reeducador. “Rapto pedagógico”, titula Carlos Mario Vallejo el primer capítulo.
El narrador lo describe así: “Acodado en el antepecho de la terraza, vislumbras la
consumación del proyecto: sexualizar a tres discriminadores que dejaron ruina
moral a su paso, con o sin culpa”. Va a someter al padre Rodrigo, a la rectora de
un colegio y al profesor Rotweiler. Al sacerdote porque es pedófilo, a la señora
Magola porque trata mal a un par de estudiantes lesbianas y al profesor porque
detesta el homosexualismo. El plan lo ejecuta sin contratiempos. Para hacerlo,
tiene como aliado a su primo Anderson.
Lo que busca el muchacho es cobrarles el trato que les dan a las personas
sexualmente diversas. Aunque su cómplice le sugiere decapitarlos y poner sus
cabezas en el sardinel de la Avenida Santander, él no quiere matarlos. Solo busca
someterlos al escarnio público. Los lleva amordazados hasta la casa, y allí los
obliga a tener relaciones sexuales. Al padre Rodrigo con una mujer, al profesor
Rotweiler con un hombre y a la rectora con otra mujer. Anderson graba las
escenas. El propósito es enviárselas a sus allegados. Quiere con esto enseñarles
que se debe respetar la orientación sexual de la gente, y no someterlas por esta
razón a las burlas de los demás. Quiere reeducarlos para que respeten la
diversidad sexual. Sin embargo, el incendio de la casa impide que pueda cumplir
lo que quiere.
Historia ingeniosa
La historia que narra Carlos Mario Vallejo, que el poeta Eduardo Bechara
Navratilova califica como ingeniosa, tiene como espacio geográfico a Manizales.
La acción se desarrolla en el sector de Gonza, que queda cerca al barrio
Villacarmenza. En una casa esquinera, donde el narcotraficante tiene una bodega,
su sobrino encierra a los secuestrados. Quiere cobrarles el odio que expresan
ante la diversidad sexual. Los bloques de edificios de cuatro pisos marcados con
letras, las calles que ascienden por el barrio Cervantes, las escaleras que
descienden desde El Prado, la cancha de microfutbol donde los niños juegan, la
tienda de doña Magola (una cincuentona de senos turgentes) son referentes de
una ciudad que, según el narrador, “alguna vez estuvo entre las más prósperas del
país”.
Juliana Muñoz Toro dijo que “Los sexualizadores” es la historia “de un antihéroe
absurdo o un noble perdedor”. Para mi, es la historia de un joven que quiere
imponer una sanción social a quienes no aceptan la diversidad sexual. Eso le pasó
al sobrino del narcotraficante. En una marcha del orgullo gay que pasaba por la
carrera 22 de Manizales le puso palos en la rueda a una carroza, y exhibió una
pancarta rechazando el desfile. La comunidad Lgbti se le fue encima. Con esta
novela de lenguaje fresco, con argumento novedoso, bien escrita, Carlos Mario
Vallejo demuestra que tiene el talento literario para escribir historias que llaman la
atención. En su ópera prima exhibe exuberancia verbal y un dominio admirable del
arte narrativo. “Los sexualizadores” es una novela sobre un tema hasta hace poco
considerado tabú.



