Más allá de la raza cósmica: pensar desde el mercado

En una época donde las identidades se atomizan y los algoritmos reemplazan el encuentro, el mestizaje ya no parece un destino común.

Alberto Berón

Pereira es una ciudad donde el pensamiento crítico apenas sobrevive en algunos sectores universitarios que conservan el tiempo y el deseo de pensar. Son pocos los que se detienen a leer —y sobre todo a reflexionar— desde las páginas de Rodó, Vasconcelos, Mariátegui, Bolívar Echeverría o Estanislao Zuleta. Indiferente a esa minoría la ciudad bulle en el comercio que ocupa los andenes, las puertas de los locales, los centros comerciales. Las aspiraciones giran en torno a conseguir un empleo mejor, saldar las deudas a tiempo y sostener un cuerpo que, cuidadosamente modelado, se convierte en mercancía de webcam y en pasaporte simbólico hacia el reconocimiento social.

Se lee poco, no porque falten libros, sino porque la lectura ha sido desplazada hacia otras superficies: las pantallas, las vitrinas y los cuerpos. En la universidad, miles de vidas se congregan ante la promesa de un futuro, aunque ese futuro se presente cada vez más precario, atrapado entre las guerras próximas o distantes y la crisis ambiental que el propio modelo de civilización ha incubado.

Pero ¿cómo pensar fuera del mercado si ya estamos dentro de él? El viejo trapero que recorría las calles comprando y vendiendo objetos usados es hoy una figura exótica, casi arqueológica, en un mundo donde los objetos —y las personas— se reemplazan con la misma ligereza con que se desliza un dedo sobre la pantalla. La obsolescencia no solo afecta a las cosas: también a los vínculos, los afectos y los ideales. En una sociedad donde todo debe ser rentable, hasta la rebeldía termina convertida en producto, exhibido en atuendos, consignas o en la corrección política que suaviza la crítica y vuelve dócil la diferencia.

Dictados del mercado

Tal vez ya no se trate de hablar de mestizaje, como soñaba Vasconcelos, sino de ensayar nuevas formas de relacionarnos con nuestras aspiraciones. Hemos aprendido a desear según los dictados del mercado: queremos ser, aunque sea por unos minutos, aquello que la historia del éxito contemporáneo nos impone. Queremos encarnar la imagen del triunfo, aunque sepamos que es frágil, momentánea, ajena. Hemos trasplantado el simulacro de Hollywood a la vida cotidiana.

Pensar desde el mercado —y no ingenuamente fuera de él— podría significar reconocer su poder simbólico sobre nuestras vidas y, al mismo tiempo, buscar los intersticios donde aún sea posible un pensamiento libre, una lectura lenta, una conversación no mediada por la lógica del rendimiento. Tal vez la nueva utopía latinoamericana no consista en una raza cósmica, sino en pequeños rechazos que, desde la lectura, el arte o la palabra, se atrevan a interrumpir el ruido de la mercancía.

José Vasconcelos soñó con que América Latina sería el lugar donde se fundaría una nueva civilización universal: una raza cósmica capaz de superar el aislamiento racial y reconciliar las diferencias en una síntesis espiritual. Pero, ¿es posible hoy esa utopía mestiza en un mundo como el nuestro? En una época donde las identidades se atomizan y los algoritmos reemplazan el encuentro, el mestizaje ya no parece un destino común, sino un archivo nostálgico de la esperanza. Sin embargo, la tecnología podría ser también una oportunidad para irradiar un orden redentor y democrático, siempre que la pensemos más allá de su uso instrumental.

Utopía

Si pensamos la tecnología contemporánea a la luz del espíritu de aquella utopía vasconceliana —la búsqueda de una unidad en la diversidad—, podríamos entrever que las aspiraciones emancipatorias aún sobreviven, aunque en una clave distinta: no como fusión de razas, sino como reencuentro de conciencias. Sin embargo, ese reencuentro se juega hoy en un terreno dominado por la lógica del rendimiento y la saturación comunicativa que describe Byung-Chul Han: un mundo donde todo se expone, se mide y se consume, incluso la intimidad. En tal escenario, conversar, escuchar y construir sentido se vuelven gestos de resistencia frente al imperativo de la productividad y la exhibición permanente.

Bolívar Echeverría advirtió que la modernidad latinoamericana no podía limitarse a reproducir el modelo capitalista europeo; debía inventar su propio ethos, una manera barroca de habitar la contradicción, de mezclar lo trágico y lo festivo, lo indígena y lo occidental, lo sagrado y lo profano. Desde esta perspectiva, la tecnología —lejos de ser mero instrumento de dominación— podría también ser reconfigurada como un espacio simbólico donde se reactive esa mezcla vital, donde la palabra, el cuerpo y la memoria encuentren formas inéditas de comunidad.

Nuestras singulares aspiraciones, nacidas de subjetividades ansiosas de reconocimiento, podrían encontrar sentido en una comunidad del pensamiento, donde el diálogo entre los próximos alivie la sensación de que vivimos solo para sostener el éxito de unos pocos a quienes deseamos parecernos, aunque sea como caricaturas. Frente a la fragmentación que produce el mercado, pensar juntos es un acto de resistencia, aunque esta palabra haya sido también saqueada de su fuerza original. Resistir, hoy, significa recordar que lo humano no se agota en la competencia, ni en la eficacia, ni en la visibilidad: esa trinidad teológica del imperio logarítmico.

Tal vez la tarea actual no sea fundar una nueva civilización —la técnica ya ha globalizado sus estructuras—, sino reaprender a conversar en medio del ruido, recuperar la lentitud del encuentro y reconocernos en la vulnerabilidad compartida. Esa sería, en nuestro tiempo, una forma renovada del mestizaje: no la mezcla de sangres, sino la mestización del pensamiento y del sentir, capaz de tejer vínculos y resistencias donde el mercado solo ve individuos agotados e intercambiables.

Escritor/Profesor Universidad Tecnológica de Pereira

Bibliografía

Byung-Chul Han. (2014). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

Echeverría, B. (2010). Modernidad y blanquitud. México: Era.

Vasconcelos, J. (1925). La raza cósmica: misión de la raza iberoamericana. Madrid: Agencia Mundial de Librería.

Zuleta, E. (1992). Elogio de la dificultad y otros ensayos. Medellín: Hombre Nuevo Editores.

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