Memorias de un simple aficionado a la historia

Presentación del libro “Hechos y personajes de la cultura en Pereira, acto que tuvo lugar el pasado 4 de noviembre en la Academia Pereira de Historia

Jorge Emilio Sierra Montoya   

Para empezar, siempre he sido un aficionado a la historia. Un simple aficionado, en verdad. Desde mi infancia, ya tan lejana. Así, siendo muy niño, leía en voz alta a mi abuelo materno, Felipe Montoya Toro, uno que otro artículo del periódico “La Patria”, de Manizales, ahí, en su café de la plaza principal de Marsella, ante la mirada sorprendida de él y sus amigos, quienes me felicitaban, sonrientes, al concluir la lectura.

Ese fue mi primer encuentro con el periodismo. Y con la historia, pues sabemos muy bien que los medios de comunicación hacen historia al registrar a diario hechos presentes que, tan pronto aparecen, se tornan pasado para volverse historia, es decir, hechos históricos, tratados con un lenguaje amable, sencillo, de fácil comprensión, a diferencia de los textos especializados en tal sentido.

Y, según recordarán muchos de ustedes, nunca faltaba, en nuestras escuelas de niños, la clase de historia, siempre con énfasis en las versiones oficiales que se remontan a los tiempos de la colonia española, donde los legendarios conquistadores eran objeto de nuestra idolatría, y a la época de independencia con sus héroes nacionales, encabezados por Simón Bolívar.

Pero, mi culto a la historia, aún la más antigua que registran los estudios arqueológicos, fue en las páginas del libro “Dioses, tumbas y sabios” de Ceram (un regalo del abuelo, con su dedicatoria), el cual terminaría después en manos de una profesora de antropología, amiga de lo ajeno.

La literatura, sin embargo, fue la mayor pasión en mi adolescencia, sobre todo cuando llegué a Pereira hacia fines de los años sesenta, tras haberme interesado por ese arte maravilloso al recibir de premio, en el Instituto Estrada de Marsella, el libro “Parnaso Colombiano”, clásica antología de los mejores poetas en la historia de nuestro país.

Literatura en Pereira

Sí, fue acá, en La Perla del Ortún, cuando todavía cursaba bachillerato en el colegio Rafael Uribe Uribe, donde la citada pasión por la literatura se desbordó. 

No era para menos: A poco andar, pronunciaba discursos, como representante de los estudiantes, en los principales actos públicos de la institución; fundé y dirigí un periódico escolar -“Satélite”, se llamaba-, mientras presidía el centro literario y fungía de líder estudiantil, llegando a promover una manifestación callejera, digna de su época, cuando los jóvenes creíamos, a lo largo y ancho del planeta, estar a un paso de la revolución social.

Y, claro, las letras me seguían por todas partes, pues comencé a publicar mis escritos, aún adolescente, en “El Diario” y “La Patria”, sin dejar de sumarme a un grupo literario de vanguardia en la ciudad, conformado por poetas como Héctor Escobar, Nelly Arias de Ossa y Carlos Hernán Ochoa; artistas como  Martín Alonso Abad, y escritores como Silvio Girón, entre otros intelectuales, con quienes me fui acercando especialmente a la literatura francesa y, en particular, a los Poetas malditos bajo el mando de Baudelaire, cuando no a autores tan famosos como Rimbaud, Whitman, Byron y Kafka, para sólo recordar unos pocos. 

Sobre estos últimos escribí mis incipientes ensayos literarios, donde las referencias históricas eran imprescindibles, más aún cuando me volqué hacia la lectura de dos colecciones bibliográficas, a modo de enciclopedias: “Forjadores del mundo contemporáneo” y “Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial”.

La historia, en fin, comenzó también a entrar en mi vida intelectual y periodística, pues la literatura suele ser puerta de entrada a la cultura en general y, por ende, a la historia misma con sus hechos fascinantes, a veces novelescos. 

En mi caso, el escritor Stefan Zweig sería desde entonces el gran maestro a seguir en el género biográfico, caracterizado por su hondo contenido histórico.

Filosofía en Manizales

El siguiente paso, con título de bachiller en la mano, fue irme a Manizales, hacia comienzos de los años setenta, con el propósito indeclinable de cursar la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas, como era de esperarse. Y aunque se diga que este campo del conocimiento poco o nada tiene que ver con la historia, es preciso disentir de quienes así piensan. Veamos.

El programa de Filosofía comprende varias etapas en su desenvolvimiento histórico: Filosofía Antigua, desde los griegos, liderados por Sócrates, Platón y Aristóteles; Filosofía Medieval, que comprende un milenio, con mentes superiores como san Agustín y santo Tomás de Aquino; Filosofía Moderna, con Descartes, Kant o Hegel a la cabeza, y Filosofía Contemporánea, hasta el sol de hoy.

Fue Hegel, recordemos, quien abrió las puertas de la historia en la filosofía para transformarla en una ciencia, si bien dentro de su concepción idealista que le permitía ver el pasado de la humanidad como un proceso creciente en la búsqueda y el encuentro de la verdad, signado por la dialéctica o lucha de contrarios, reflejada en la famosa tríada de tesis, antítesis y síntesis.

La historia, en consecuencia, sentó las bases del posterior estudio científico de la Historia y, para expresarlo con la terminología actual de los círculos académicos, como una de las ciencias humanas y sociales o, mejor, como la reina de dichas disciplinas, pues los fenómenos políticos, económicos, culturales, etc., tienen ante todo causas históricas, abordadas a cabalidad por los historiadores profesionales en las distintas áreas del saber.

No olvidemos, de otra parte, la Filosofía de la Historia, complemento indispensable de la Historia de la Filosofía.

Actividad laboral

Ahora bien, mientras cursaba esta carrera universitaria, seguía metido de lleno en el mágico universo de las letras, como director del suplemento literario de “La Patria”, diario donde se divulgaban mis ensayos y poemas, entrevistas y crónicas, así como una columna editorial, iniciada desde años atrás en Pereira.

Al finalizar mis estudios, no sólo asumí como profesor de Filosofía en la Universidad Católica de Manizales, sino que iba avanzando en mi tesis de grado sobre la metafísica cartesiana, donde la visión científica de Descartes, con su profundo racionalismo, habría de influir bastante en mi vida académica.

Entonces se presentó una oportunidad que no podía rechazar, pues siempre la había deseado: vincularme de tiempo completo al periódico “La Patria”, con funciones de subdirector y director encargado, cargo que me llevó a abordar los temas políticos en notas editoriales e informes especiales, sin que yo olvidara todavía las lecciones aprendidas de Platón en “La República” y de Aristóteles en “La Política”.

De aquella gran experiencia laboral surgió la necesidad de especializarme en Ciencia Política, en la Maestría correspondiente de la Universidad Javeriana en Bogotá, donde la historia habría de estar presente de principio a fin, mientras me ganaba la vida en el periodismo político, tanto en “La República” y la revista “Cromos” como en Colprensa y la Cámara de Representantes, presidida por César Gaviria Trujillo, nuestro ilustre coterráneo. 

En Ciencia Política

A comienzos de los años ochenta, lo que más me atrajo de la Ciencia Política fue, por razones obvias, la Filosofía Política, la misma que disfruté a sus anchas en los cursos sobre Historia de las ideas políticas, donde seguíamos los textos de Sabine y Touchard, y en los de Historia de América Latina e Historia de Colombia. relacionados profundamente, por su carácter social, con ciencias como la economía y la sociología, usando las modernas técnicas de investigación social, propias de la politología. 

De ahí salieran varios ensayos históricos de mi autoría, como Las reformas económicas en el primer gobierno de López Pumarejo y La Revolución Boliviana de 1952, publicados por la revista “Aleph”, así como “El pensamiento político de Gaitán”, que fue mi segunda tesis de grado.

Dicho texto, convertido luego en libro de amplia circulación, estaba orientado precisamente a hacer un aporte significativo a la Historia de las ideas políticas en Colombia, expuesta, según las reglas de la Ciencia Política, en forma objetiva, imparcial, no sectaria, a diferencia de numerosas obras similares en nuestro país, escritas con espíritu partidista, a diestra y siniestra.

Regreso a Manizales

A mediados de los años ochenta, tuve un breve período de regreso a Manizales, como director del Magister en Filosofía y Ciencias Jurídicas de la Facultad de Derecho, en la Universidad de Caldas, y de la Fundación que reunía a las cinco universidades de Manizales -Ficducal-, representadas por sus rectores en el consejo directivo.

¿Y de la historia, qué?, se preguntará. No había caído, ni mucho menos, en el olvido. Al contrario, la nueva maestría a mi cargo, cuyo programa de estudios modifiqué por completo, contenía el área de Historia como ciencia social en relación con las demás ciencias sociales. Por mi parte, tenía a cargo el curso sobre Historia de las ideas políticas.

Ahora bien, otro pereirano insigne: Jaime Jaramillo Uribe, padre de la Nueva Historia de Colombia, fue uno de nuestros profesores invitados para encargarse del curso sobre Historia e  Investigación histórica, circunstancia que aproveché para organizar con él, en compañía del exministro Otto Morales Benítez, el foro “La colonización antioqueña”, donde ambas personalidades participaron junto a varios expositores regionales, como Albeiro Valencia Llano, e investigadores de la Fundación Antioqueña de Estudios Sociales -FAES-.

Las memorias del seminario, publicadas por la Biblioteca de Autores Caldenses en 1989, se abrieron con la intervención preliminar de James Parsons, pionero de los estudios científicos sobre ese extraordinario fenómeno social, uno de los más importantes de América Latina en su género.

Por lo demás, en el pregrado de Derecho yo enseñaba Filosofía del Derecho, y en la Universidad de Manizales, Economía Política, ahondando en sus contenidos históricos.

De vuelta a Bogotá

Sin embargo, al terminar de escribir el libro sobre Gaitán, esto me obligó en cierta forma a realizar estudios superiores de Economía en Bogotá, cursando la maestría respectiva en la Javeriana, pues la obra contiene un amplio capítulo acerca de las tesis económicas del caudillo, expuestas en su plan de gobierno que elaboró con la ayuda del profesor Antonio García Nossa.

Me faltaba, sí, formación académica en la ciencia económica, a pesar de mis estudios en Ciencia Política que la abordaban desde diversos ángulos (igual que a la historia), y a pesar también de mi anterior experiencia como jefe de redacción en “La República”, “Primer diario económico del país”.

Por fortuna, en este periódico tenía puesto asegurado: su propietario y director general, Rodrigo Ospina Hernández, me había ofrecido la subdirección tan pronto retornara a Bogotá, como si anticipara que ello habría de suceder tarde o temprano. 

“Cuando usted decida volver -me dijo en tono profético-, le tengo reservado el puesto”. 

En 1989 volví, entonces, como subdirector de “La República”, posición que seis años después dejé para asumir la dirección general del periódico, donde completaría dos décadas continuas, nada menos.

En la Economía

Pasemos ahora a la Economía, en la cual (como en el Derecho, donde la historia se pierde en la práctica por importar sólo las normas vigentes), la ciencia económica, sobre todo en las últimas décadas, suele dejar a un lado los estudios históricos, como la Historia de la Economía, al proclamar que sólo es científica la moderna econometría con sus modelos matemáticos.

“Estos profesionales de ahora -llegó a decir el profesor Lauchlin Currie, uno de los más grandes economistas del siglo veinte en el mundo- saben mucho sobre eso, de matemáticas y econometría, pero no he podido saber qué tanto saben de economía”.

Claro que la econometría es importante, como son válidos sus modelos que tantos Premios Nobel han recibido, pero también la Economía es ciencia humana y social, como son la historia, la sociología, la ciencia política, la antropología, etc. De hecho, la historia económica es esencial a ella.

Éste fue precisamente el camino que yo seguí, aprovechando mi anterior formación profesional, más la que venía cursando, así como el largo ejercicio literario y periodístico, según puede verse en los libros que empecé a publicar en las postrimerías del pasado milenio.

Así, en 1997 se publicó la primera edición de mi libro “Protagonistas de la Economía Colombiana”, donde un selecto grupo de personalidades (que llegaría a ser medio centenar) estuvo al frente del manejo económico del país, sea en la presidencia de la República, como Carlos Lleras Restrepo, o en distintos ministerios y Planeación Nacional, incluyendo destacados economistas, quienes cuentan allí sus historias personales y, de manera paralela, la historia en que llegaron a ser protagonistas, tal como lo dice el título de la obra. Pura Historia Económica, en definitiva.

Es como ver la dimensión humana de la Economía, mejor dicho. Lo mismo hice en el sector empresarial, con algunos de los empresarios más representativos en diversas regiones (Risaralda y Caldas, verbigracia), en el marco de la Historia Empresarial, tan desconocida entre nosotros. 

Acá nació mi libro Líderes Empresariales en Colombia, del que hay varias ediciones, la última de las cuales está disponible en Amazon, al igual que las otras 21 que conforman la colección de mis Obras Escogidas.

Obras Escogidas

Por ello, resulta oportuno preguntar lo siguiente, teniendo como telón dicha colección bibliográfica y su relación con la historia que estamos viendo: 

¿Mi serie de biografías, como las de Jaime Posada y Jaime Sanín Echeverri, José Consuegra Higgins y Otto Morales Benítez, Edgar Morin y Julio C. Hernández, no tienen contenidos de máximo interés en la historia nacional?

¿Y qué decir de mis tres libros dedicados al Desarrollo Sostenible, a partir de la Responsabilidad Social Empresarial y Universitaria, una disciplina que viene haciendo historia en todo el mundo y cuyo enfoque central, especialmente en sus dimensiones humana y social e incluso ambiental, obliga a estudiar la Historia social de las comunidades favorecidas con tales proyectos, sean públicos o privados?

¿Qué decir de mis numerosos textos literarios, donde la historia se manifiesta en mi Antología de ensayos que van del Quijote y la María a Descartes y Piketty, o sea, de la literatura a la filosofía y de la política a la economía, sin excluir la parte empresarial que acabamos de ver?

¿O de mi Antología de Crónicas en dos tomos, el primero de los cuales trae Crónicas de vida en tiempos de guerra, que se abren con historias de vida de personajes como Germán Arciniegas, maestro de maestros en la historiografía nacional, hasta llegar a pasajes memorables de la historia de Colombia, como la Guerra de los Mil Días, El Bogotazo, La Violencia y, en la actualidad, fenómenos como el narcotráfico y la guerrilla, para cerrar, con una voz de esperanza, en los llamados del Papa Francisco a la paz de Colombia?

¿O del segundo tomo de esa antología, donde cada sección empieza con el tour histórico y cultural de las ciudades escogidas allí, desde Cartagena, Santa Marta, Bogotá, Tunja, San Andrés, Barranquilla, Montería y Medellín, hasta Pereira, Marsella, Manizales y Armenia, en nuestro Eje Cafetero, hoy un gran centro turístico al ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco?  Patrimonio cultural, subrayemos

Historia local y regional

En tales circunstancias, tampoco es de extrañar que mis más recientes libros giren alrededor de la historia local, tanto en los dos primeros que salieron este año: “Memorias de Marsella, La Bella” y este último -“Hechos y personajes de la cultura en Pereira”-, como en dos más que están haciendo fila, sobre Manizales y Armenia-Quindío, cerrando así un círculo de historia regional en el Eje Cafetero.

Todo ello, permítanme decirlo, con motivo de mi regreso tardío a Pereira, cincuenta años después de haber partido. Por lo visto, valió la pena seguir en la lucha.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -