Memorias de una generación

Estas son unas pocas de las historias de los 56 periódicos de Marsella cuyos aspectos principales se encuentran en el libro de Gilberto López y que justificaron la creación de un museo del periodismo en la Casa de la Cultura.

Carlos Arturo López Ángel

En su libro “Periodismo e Historia”, Gilberto López resume el proceso de creación del Museo del Periodismo, así: “Los periódicos, la colección más delicada y mensajera del pasado, gozaron desde el primer momento de especial cuidado. Se rescataron colecciones completas que fueron empastadas, clasificadas y expuestas al público en el Museo del Periodismo. Fabio Giraldo Vélez”. 

Se rescataron facsímiles solo referenciados por don Célimo Zuluaga en su monografía de 1954. Como El Hogar (1913), Simientes (1917), Ecos de Marsella (1955), gracias a Delia Álvarez Robledo, Fabio Giraldo, Carlos Arturo López Ángel, Mario Salazar, Julio Villada A., Gonzaga Toro, y a las familias Issa Álvarez y Vélez Issa. Así, uno a uno, fueron llegando a la cita 40 de los 56 convocados a este encuentro con la historia.

El que creímos jamás conocer, La Empresa, de don Ramón Zafra, surgió de los archivos de la Biblioteca Nacional, hecho este que cambió la historia conocida, para enriquecerla nuevamente 108 años después. 

Fichas técnicas, historia, editoriales, poesías, composiciones literarias, civismo, periodismo diáfano, humor pueblerino, política, medio ambiente, religión, publicidad, curiosidades, campañas, temas agropecuarios y violencia, son entre muchos otros, temas que le dan forma a esta investigación.

De esta exploración por la memoria de 56 periódicos, es importante resaltar algunos aspectos.

Entre 1910 y 1954 (44 años) circularon 26 periódicos, de los cuales solo 25 fueron relacionados en la monografía de Célimo Zuluaga y rescatados 10 como evidencia. De 3 se encontraron únicamente referencias en otros periódicos. De 13 solo se tiene la mención del nombre y su director. De 1955 a 2005 (50 años) surgieron 30, con facsímiles de todos ellos. En esta investigación el protagonista no es el compilador. Somos 78 directores, 109 columnistas los autores de 164 artículos firmados entre más de 300 publicados que conforman la búsqueda.

Como podemos ver, esa búsqueda no solo recuperó gran parte de las publicaciones de más de un siglo, sino que llevó a la creación del museo y demostró que el periodismo tuvo un papel fundamental en la decantación de la identidad marsellesa, través de sus campañas y de las ideas de sus editorialistas y columnistas. 

Don Fabio Giraldo

Don Fabio Giraldo fue una figura central en el desarrollo del periodismo. Su nombre figura como director o columnista en muchas publicaciones, todo eso mientras ejercía como profesor de español y literatura en los años 60, en el Instituto Estrada. El rigor de su método de enseñanza y sus amenas clases fueron determinantes para que algunos de sus alumnos cultivaran el idioma e incursionaran en el periodismo y la literatura. Recuerdo una clase de gramática cuando explicaba el “epíteto”, él o un alumno leían en voz alta unas páginas de Azorín o de otros clásicos españoles; el ejercicio -para ganar- consistía en gritar de primero: ¡Epíteto, don Fabio!, cuando ese calificativo aparecía en el texto. Los ganadores quedaban anotados en su cuaderno de calificaciones.

Para reforzar el aprendizaje del idioma, don Tomás y don Fabio adoptaron varias estrategias. Crearon en abril de 1958, La Voz del Estudiante un periódico mural y semanal. Ocupaba una pared del gran corredor central del edificio, -que antes fue una trilladora de café-, y que desató la creatividad estudiantes y profesores. Había caricaturas y crucigramas de Diego Hoyos, deportes de Diego Franco, dibujos, poemas, fotografías, recortes de revistas y artículos, todos pegados sobre cartulinas en la pared. Allí, en los recreos se formaban grupos para ver las novedades. 

Un día, Darío Hoyos trajo un amigo muy especial de Bogotá. Lo invitó al colegio y frente al periódico, el personaje, encantado, con aires de grandeza, desplegó un léxico exótico, cargado de palabras en desuso. Por ejemplo, al cigarrillo lo llamaba “tagarnina” y a la cerveza, “sabada”. De todas maneras, sin llegar a los extremos del personaje, los aprendices de literatos empezaron a enriquecer su propio léxico. Para algo sirvió. 

Los siguientes fueron los directivos de La Voz del Estudiante:

1958: Alberto Valencia, Álvaro Valencia, Alberto Escobar. 

1960: Mario Quiceno, Ricaurte Arango, Fabio Gómez Saavedra.

1962: Jaime Toro Chica, Guillermo Toro Chica, Gonzalo Tabares.

1963: Gilberto Mejía Uribe, Elidier Carmona, Guillermo Osorio.

1964: Carlos A. López, Edelberto Gómez y Jaime Bejarano A.

Bajo la dirección del grupo de cuarto grado de bachillerato de 1964, que era el último que tenía el colegio, el periódico llegó a la edición 100. Para su celebración, la edición mural número 99 fue gigantesca pues se tomó la pared más grande. ¡Toda una novedad!

La edición 100 que salió el 11 de octubre de 1964, impresa en la Editorial Chinchiná, tamaño periódico, con 12 páginas, la gestionaron en su totalidad los alumnos de cuarto de bachillerato de ese año. Ellos consiguieron la financiación con avisos publicitarios. La historia del Colegio fue el documento principal y es una joya histórica, sin olvidar los artículos de profesores, alumnos y sacerdotes de la parroquia. 

Patrocinadores

Como ejemplo mencionamos los negocios exitosos de la época que como anunciantes ayudaron a financiar el periódico: Godofredo Duque Alzate, Granero La Economía; Elías Bedoya, almacén; Inés Valencia de Franco, Almacén María Elena; Felipe Montoya Toro; Antonio Issa; Arturo Jiménez, Cacharrería Marsella; Aldemar Quintero, Transportes Marsella: María Quintero, almacén: Carlos Reyes Álvarez, Panadería la Delicia; Juan de J. Hoyos, almacén ropa; Tesorería Municipal; Julio Giraldo Vélez, Sastrería Americana; Evelio Cárdenas T., Cooperativa de Choferes; Argemiro Villada, panadería; Salvador Quiceno, carnicería; Pedro Morales, la Bota Fuerte, Antonio Martínez, Almacén El Dia: Hernando Duque, El Guadualito; Carolina Castaño viuda de Posada, Cacharrería La Estrella; Guillermo Gil; Germán Jaramillo, Almacén Paris; Normal Vocacional Agrícola; Guillermo López Villa y Editorial Chinchiná. 

Pero la existencia del periódico tenía otro propósito: los directivos del colegio sintieron la necesidad de abrir canales para que los estudiantes manifestaran sus incomodidades y evitar huelgas como las sucedidas en 1950 y 1961 que le hicieron mucho daño a la institución. En ese sentido, la columna más leída era “Últimos libros llegados a nuestra biblioteca” mediante la cual los estudiantes expresaban sus críticas o reclamos contra los “autores” (profesores o compañeros) mediante los títulos de “los libros”. 

También, don Fabio y don Germán López pusieron en marcha La Hora Cultural con el propósito de estimular las vocaciones musicales y literarias. Por su parte, don Tomás aprovechaba ese espacio para impulsar la cultura general mediante concursos de conocimientos sobre múltiples temas que ayudaban en la formación. Por ejemplo, hizo una convocatoria para dotar de escudo al colegio que ganó Carlos Arturo López. Y a su vez, don Germán López, como profesor de música, dirigió la murga del colegio que se presentaba en actos públicos del municipio. La murga es una combinación de música y teatro que no volvimos a ver. 

Como siempre sucede, en el colegio se formaban grupos de amigos con diversos intereses. Es el caso de Jaime Bejarano, Víctor Manuel Ángel, Diego Hoyos, Alberto Toro y Carlos A. López. Por ejemplo, competían por las mejores notas en geografía, historia y anatomía. Eran estudiosos, digámoslo así. Por esa razón, ante un profesor de historia que no preparaba sus clases, pero los rajaba en los exámenes, varios del grupo se hicieron amigos de su esposa y consiguieron las copias del mimeógrafo con las preguntas del examen final, que compartieron con todo el grupo. Todos sacaron cinco, la máxima nota. 

Pero la cosa no quedó ahí, después, aprovechando una visita a don Fabio cuya oficina era contigua a la sala de profesores, mientras unos conversaban con don Fabio, otros buscaron el libro de historia de Astolfi que leía el profesor sin más preparación; al encontrarlo en su escritorio le arrancaron unas páginas sobre la Revolución Francesa que él había anunciado con bombos y platillos. Al llegar el día de la cacareada clase tuvieron que contener sus risas ante el desespero del profesor que se enredó con la exposición.

En esa época había representantes del movimiento literario greco-caldense o greco-quimbaya cuyos escritos y discursos contenían expresiones del latín y referencias a la mitología griega que se colaban en los periódicos locales. En Marsella estaban Fabio Vásquez Botero, Ignacio Montoya Trujillo y otros. En ese ambiente de lectura y discursos, el grupo de amigos aprendieron sobre mitología griega, comprando incluso revistas sobre el tema. Llegaron hasta crear un cripto alfabeto que cambiaba las letras del español por letras griegas como diversión. También tuvieron un programa en la Voz de Marsella que mezclaba música clásica con historia local, con Darío Hoyos. Los acetatos eran de doña Inés Duque, la madre de Diego, que era soprano y del sacerdote Carlos Giraldo, tío de Víctor Manuel. 

Ecos de Marsella

El otro periódico importante en esos momentos era “Ecos de Marsella” impulsado por la Acción Católica de Caballeros, fundado en 1955, en plena época de La Violencia. Sus primeros directivos fueron Tomás Issa Álvarez, Fabio Giraldo Vélez y Célimo Zuluaga Aristizabal. Entre sus columnistas estaba la intelectualidad del momento. Duró hasta 1959 con 173 ediciones que fue la mayor, antes de Marsella al Día. 

Estando en la escuela todavía, Diego Hoyos y Carlos A López fueron voceadores del periódico. Los domingos lo recogían en el almacén de don Bernardo Hoyos, padre de Diego, situado en la esquina de la Calle Real. Así, recuerda Carlos Arturo, que se ganó los primeros centavos que después utilizaba para entrar al Teatro Marsella para ver en galería películas como las de Tarzán. El teatro lo administraba don Abdul Gaber, un sirio-libanés, paisano de don Antonio Issa. El inicio de las películas se anunciaba con la marcha triunfal de Aída, que se escuchaba en toda la plaza.

El Aguijón

Pero la presencia del periodismo la sintieron los jóvenes de esa generación desde la Escuela Urbana de Varones, cuando en 1960 apareció “El Aguijón”, una publicación en pequeño formato, publicada por los profesores Mongelbert Calle, Heriberto López y Helí Pineda. Los recuerdos de ese pequeño periódico se mezclan con los carritos mineros olvidados en el sótano de la escuela, el rezo anual de los “Mil Jesuses” que terminaba en una recocha colectiva, la búsqueda de jengibres en el Socavón para hacer pistolas, el juego de vuelta a Colombia en un barranco, el terror en las filas para la vacunación, el matón que amenazaba con aquello de “A la salida lo espero” que significaba trompada y nariz rota, el baño que era una pequeña canal con agua corriente en donde en cuclillas se hacían las necesidades, no había inodoros y el olor apestaba y la repartición de leche caliente y queso donados por la Alianza para el Progreso de Estados Unidos, con las pedorreras posteriores. 

Para concluir, estas son unas pocas de las historias de los 56 periódicos cuyos aspectos principales se encuentran en el libro de Gilberto López y que justificaron la creación de un museo del periodismo en la Casa de la Cultura.

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