¡Oh Pecatta Minuta Mia!

Ramiro Tabares Idárraga*

A propósito del libro del poeta Israel Agudelo.

El autor se define como un místico hereje que se ha formado en la experiencia de la vida, de ancestros indígenas, caucano, paisas, judíos y españoles. En el prologo de su último libro de poemas sobre su personalidad asegura que   hoy busca alcanzar en su camino interior la perfecta contemplación y el rico tesoro de su paz interior. “No busco la gloria, ella es el sol de los  muertos”, dice el escritor quinchieño.

Ese es Israel Agudelo, irreverente, contestatario, libre pensador y vanguardista. Un hombre que desde muy joven sintió el llamado de las letras, cultivando  varios géneros literarios, pero donde ha encontrado el infinito y la eternidad es en la poesía. Allí ubicó la musa de su inspiración para cantarle a la vida, la muerte, a  la tierra; sus amigos, pero también al infinito, al tiempo y a la mujer, una de sus pasiones más sublimes.

Hijo de Quinchía; desde joven incursionó en la política perteneciendo a la generación de los setenta, donde al lado de destacados líderes promovieron la cultura, el civismo, el desarrollo a través de obras de progreso; pero sobre todo la paz en un municipio como Quinchía víctima de un gran conflictito armado. Autor de la primera monografía de la localidad en 1975, documento de valor histórico y referente para nuevas investigaciones.

Hoy retirado en sus cuarteles de invierno en la Palmira Señorial del maestro José Barros, está dedicado a hacer lo que le gusta y que le ha permitido destacarse como gestor cultural con la creación del Colectivo Movimiento Literario Poetas de la  Calle.

El libro se compone de poesía erótica, social y romántica; y lo dedica:

A vosotras las musas que me disteis la locura de ser poeta

A vosotras las mujeres que inspiraste mi poesía

A vosotras las diosas del amor y de la muerte,

Yo os dedico la ternura de mis versos.

*Gestor cultural.

 

MORENA SEDUCTORA

Te encontré

en las fiestas de Pereira

morena seductora, mire tu cuerpo

y lo encontré exquisito

como el cuerpo de Afrodita.

Te invite a mi apartamento

a una noche plena de locura.

Te tome en mis brazos amorosos

y bese tu boca florecida.

Tomamos brandy toda la noche

y quise agonizar de amor

entre tus brazos.

En mi lecho tibio y perfumado

succione con pasión

tus labios rojos

y destile la esencia de mi vida

en el vivo crisol de tus entrañas.

Al encontrarme solo

al otro día,

vi con dolor y angustia

que te habías llevado

mi anillo y mi cadena de oro

y solo quedaba la fragancia

de tu piel sobre la almohada

y una horquilla de tu pelo

rota y olvidada

con las blancas sabanas

de mi calorosa cama.

 

ESTÁ CAYENDO
LA LLUVIA

Hoy está cayendo la lluvia

sobre mi amplio apartamento,

sus largos dedos de vidrio

van tocando tan-tan-tan.

Siempre ha sido buena la lluvia

para dormir en buena compañía,

para meditar y también para escribir.

Recuerdo que a través

de este hermoso espejo de aguas

te vi por primera vez.

Estabas en la acera del frente,

frente a mi ventanal

mientras la lluvia caia

sembrando de flechas blancas

la piel gris del pavimento.

Estabas húmeda de aguas frescas,

con tus cabello sueltos

salpicados de luz.

Hoy, mientas cae la lluvia

no sé, si te acuerdas

del poeta callado

que una tarde de invierno

se bebió

de dos tragos

tus senos.

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