Oración de un poeta
Francisco Javier López Naranjo
Postrada está mi musa ante tu verbo
que creó la luz y el cosmos con poemas;
y se encarnó para inflamar de amor
la humanidad de la afligida tierra.
¿Por qué invocar a las helenas musas
e implorarles el ser un buen poeta,
si Tú, Señor, eres el Sumo Artista,
la fuente misma de eternal belleza?
Te suplico, Señor, que el verso puro
de ritmo melodioso me concedas.
Que al servicio de Ti, que eres amor,
estén mi inspiración y mis poemas.
Que ellos sean del alma y el camino
antorchas, faros, rútilas estrellas
o flores de balsámica fragancia,
jugosos frutos que mitiguen penas.
Que mis ritmos, metáforas y símiles,
los vocablos, las rimas y las métricas,
no sean para hinchar mi vanidad,
ni sumir a los hombres en quimeras.
Que mis versos motiven despertar,
y aproximen el alma a tu presencia
con cánticos de amor, fe y esperanza
o himnos de paz y libertad supremas.
Que no cante al amor ni a la justicia
si en mis hechos demuestro la protervia.
Que no cante a la paz, la libertad,
si soy causante de odios o de guerras.
Si engendro horror, ruindad o sufrimiento
que no loe, falaz, a la belleza.
Concédeme, Señor, por todo ello,
¡ser vaso santo para ser poeta!
Oh, mujer
Del libro virtual en proceso de edición “Mis sonetos laureados”; pinturas e imágenes: maestro Manuel Castelin; edición: Huellas Antológicas, Adriana Ahikza Acosta; prólogo: Jorge Emilio Sierra Montoya. Con la ayuda del Sumo Poeta, este libro saldrá a la luz pública el 23 de abril, y será distribuido gratuitamente
¡Oh, mujer!
Encarnación del cielo en la natura,
materna fuente de divino amor,
compañera del hombre en el dolor,
en el destierro, el vuelo y la ventura.
¡Oh, mujer!, eres, tú, sin par criatura,
la más fragante e irisada flor;
y ofreces en tus mieles el dulzor
de tu vientre, tus senos y ternura.
Has sido madre, hermana, hija, esposa
del hombre en su camino a las estrellas,
Eva en la tierra y en el cielo diosa
e inspiración de cantos y epopeyas.
Por ello, lo mejor que puedo darte
es el más puro amor para adorarte.
Tan solo amor
Mujer, quisiera ser tan sólo amor,
llama viviente, espléndida y vibrante,
perenne como el oro y el diamante,
balsámica y fragante cual la flor.
Mujer, quisiera ser tan sólo amor
para irradiar mi corazón quemante
a todo el orbe y a tu pecho amante,
disipando en mis rayos el dolor.
Mujer, quisiera ser sólo ternura;
y, como Cristo, un sol de compasión;
tener como el querube el alma pura,
ofrendar el incienso del perdón,
de mi cáliz un vino de dulzura;
y, en la lira, mi más bella canción.
Mujer, perdón
Mujer de carne y hueso o literaria,
cantera fértil, hálito divino,
ante tu majestad mi rostro inclino
y te ofrendo mi canto y mi plegaria.
Mujer de hogar, del agro o proletaria,
camarada del hombre en su camino,
mujer del orbe y de mi lar andino,
mujer discriminada o empresaria,
hoy te pido perdón por los errores
que por crueldad ha cometido el hombre:
injusticias, violencias, violaciones,
que ensombrecen la historia con horrores.
Hoy te ofrezco, contrito, y en su nombre:
frutos de amor, ¡y no solo canciones!
Imagen: La musa, Manuel Castelin
Aquí fruteció un Naranjo
Francisco Javier López Naranjo
Soy un Naranjo que arraigó en Apía,
y le ofrendó sus frutos y azahares,
sus pájaros, poemas y cantares,
de hispana y tatameña melodía,
de terrígena y mística armonía,
que volaron por montes, valles, mares,
enalteciendo a los nativos lares:
“Apía, tierra tuya y patria mía”,
mi muy amado Corazón del viento.
Cuando el Naranjo anciano esté marchito,
no anhelo que se pierda entre las brisas.
Que florezca y evoque el sentimiento,
y su esencia se eleve al infinito.



