Poesía en homenaje a San Juan de la Cruz

SALVADOS

¡Oh noche que guiaste!

¡Oh noche amable más que el alborada!

¡Oh noche que juntaste Amado con amada,

amada en el Amado transformada!

(Noche oscura, San Juan de la Cruz)

Y esta vez vino en la luz

certero, con una ráfaga de fe

prendida que tomé

sin respirar, sorprendido

porque pecador me hallo

en lágrimas y en noche oscura

derrotado, creyendo sin creer

hasta la luz, que segó

la piel de otrora

y dejó nacer la tuya

en esta carne para siempre.

Vino en la luz

un día de lluvia

de ruido, de soledad

cuando esperaba que la vida

ahogara su laberinto

en mis palabras.

Llegaste en oración

y nos salvamos

yo de la noche

y tú de la eternidad negada.

 

 

QUE LLEGUES

En mí yo no vivo ya,

y sin Dios vivir no puedo;

pues sin él y sin mí quedo,

este vivir ¿qué será?

Mil muertes se me hará,

pues mi misma vida espero,

muriendo porque no muero. 

(Coplas del alma que pena por ver a Dios, San Juan de la Cruz)

Que llegues a mis manos

atravesadas por los clavos de la vida,

que comparto tu dolor

con el mío cotidiano

y tu silencio en cada

grito mío que te busca.

Dios, no permitas

que el halo frío

de los días aparezca

en nombre de tu ausencia,

si llegas a esta soledad

la cruz será vida

y no muerte en tu nombre.

 

 

MISERICORDIA

Estando ausente de ti

¿qué vida puedo tener,

sino muerte padecer

la mayor que nunca vi?

Lástima tengo de mí,

pues de suerte persevero,

que muero, porque no muero.

(Coplas del alma que pena por ver a Dios, San Juan de la Cruz)

Agoniza cada minuto

la mirada, que apenas

adivina si eres tú.

Y lo mismo cada paso

por la poca certeza

de seguirte,

y las dedos de estas manos

que tocan la oscuridad

sin sentirte, o la

palabra que te llama

sin respuesta.

Estamos ausentes

sin reino en el alma, sin ocaso

yo anhelando

el cielo tuyo,

la misericordia

de una oración que

derrote esta muerte sin fe

que no me deja verte,

ni tocarte, ni seguirte.

 

 

PARA SALVAR EL ALMA

Su claridad nunca es oscurecida,

y sé que toda luz de ella es venida,

aunque es de noche. 

(Cantar del alma que se huelga  de conocer a Dios por fe, San Juan de la Cruz)

En la luz dejo todo sueño

cada pesadilla de los días

uno a uno los pesares

las incertidumbres

los pecados

el perdón que no otorgué

lo que dije con certeza equivocada

la mentira, la blasfemia

lo que la oscuridad ha poseído.

Dejo en tus manos, Dios

esta carne atormentada

para que ilumines estas dudas,

un poco apenas,

para salvar el alma de la hoguera

y terminar en mí mismo.

 

El autor

Juan Alberto Rivera Gallego,

Nacido en Belalcázar (Caldas-Colombia), en 1964. Actual editor general del periódico El Diario de la ciudad de Pereira (Colombia) y director de la revista literaria Las Artes.

Obra poética publicada:

Conversaciones con la soledad

Territorio de mi voz

Casa de Fantasmas

Instantes en la urbe

Exhumaciones

Otros: Hitos del Siglo XX en Risaralda (Historia).

Miembro de la Academia Caldense de Historia.

Sus trabajos hacen parte de varias antologías de poesía a nivel latinoamericano.

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