Prólogos de Gabo, publicado por Jaramillo Editores, es un libro indispensable en la biblioteca de un estudioso de la obra de García Márquez.
José Miguel Alzate
Memorabiliaggm es un blog donde se publican artículos que sobre la obra literaria de Gabriel García Márquez se escriben en cualquier lugar del mundo. Orientado por Fernando Jaramillo, un manizaleño que desde que existe Internet se puso a la tarea de recopilar cuanto análisis se hace sobre el hijo de Luisa Santiaga Márquez, tiene como propósito no dejar perder la cantidad de textos que suscita la admiración hacia nuestro Premio Nobel de Literatura. Se dedicó con tanta pasión a esta tarea, que el propio novelista le dijo alguna vez que acostumbraba consultar su blog cuando tenía alguna duda. Y ha sido tanto el interés de Fernando Jaramillo en la obra del escritor que imaginó a Macondo bajo el influjo de la peste del insomnio, que en 1972 Daniel Samper Pizano le vaticinó que estaba llamado a convertirse en su compilador.
Esa constancia de Fernando Jaramillo para cuidar lo que se escribe sobre Gabriel García Márquez ha dado frutos. No solo porque Memorabiliaggm, que según el filólogo caldense Efraín Osorio viene del adjetivo latino ‘memorábilis-e’, que significa “las cosas que son dignas de ser contadas”, se ha convertido en sitio de consulta para gabólogos en todo el mundo, sino porque lo ha motivado a publicar libros con parte de ese material que recopila con un cuidado, por demás, admirable. Los títulos son: Para que no se las lleve el viento, donde recogió más de cien entrevistas hechas a García Márquez en diferentes partes del mundo, y Prólogos de Gabo, donde recoge textos que el escritor que puso a Colombia a sonar en el radar mundial de la literatura escribió para libros de sus amigos.
En este trabajo que realiza Fernando Jaramillo los seguidores de Gabriel García Márquez tenemos una fuente de información que nos permite estar al tanto de lo que en otros países se escribe sobre su obra literaria. Que, desde luego, es bastante. El hombre que imaginó a Úrsula Iguarán, esa mujer de carácter que, ante la pérdida de la razón de su esposo, a quien amarran a la sombra de un castaño, toma las riendas de la casa, es el único escritor colombiano sobre quien todos los días se dice algo en cualquier rincón del orbe. Esto quiere decir que, al hablarse de él, se está hablando sobre este país maravilloso donde vino al mundo. El talento literario del novelista que el pasado 6 de marzo cumplió 98 años de haber nacido lo convirtió en referente obligado de la literatura universal.
Las páginas
Entremos en el análisis del estilo literario de esas páginas que Gabriel García Márquez escribió para atender solicitudes de sus amigos en el arte de escribir. Lo primero que hay que decir es que, debido a ese lenguaje precioso en que están escritos, estos prólogos se convierten en una lectura apasionante. El hijo del telegrafista de Aracataca es original en el estudio del libro puesto en sus manos. Mientras cualquier prologuista se detiene en el análisis del fondo sociológico, histórico y gramatical, García Márquez se va por el camino de la nostalgia para aproximarse al libro. Tanto, que es común que en esos textos hable sobre cómo conoció al autor y qué recuerdos gratos tiene de su amistad. Sin dejar de lado, por supuesto, la profundidad en el análisis crítico.
Un texto me llamó la atención en Prólogos de Gabo, no tanto por la calidad del análisis literario de García Márquez, sino porque es sobre un autor colombiano que le antecedió en el tiempo. Me refiero al artículo sobre De sobremesa, la novela de José Asunción Silva. Aquí el creador de las mariposas amarillas que persiguen a Mauricio Babilonia se detiene tanto en la construcción de los personajes como en la validez poética del libro. Al tiempo que destaca el aliento lírico de la novela habla sobre la personalidad del autor del Nocturno. Dice que Silva era un hombre culto y bien vestido. En lo literario, señala que el libro está lleno de evocaciones febriles, y que tiene una escritura “que se vuelve inspirada”. A José Fernández, el personaje central, lo muestra como un hombre que es casi el alter ego de Silva.
En el prólogo que escribió para el libro Memorias, de Alberto Lleras Camargo, un texto donde el autor de Cien años de soledad destaca la voz de locutor, la lucidez oratoria y el brillo intelectual del expresidente, el lector se encuentra con una frase que explica cómo se consolida una vocación literaria. Es cuando afirma que no se ha inventado otra manera de aprender a escribir que leyendo con pasión. Dice que así se descubre “cómo están escritos los libros ajenos”, para arriesgarse en la aventura de escribir los propios. Sostiene que esas lecturas son, para los autodidactas, escritores que no tiene formación académica, las que le proporcionan las herramientas para manejar con brillo el lenguaje y pulir un estilo literario adobado de frases inspiradas, que le dan estética a la prosa.
Cómo escribir bien
En estos prólogos, García Márquez da pautas sobre cómo escribir bien. Indica, por ejemplo, que “si los novelistas no encuentran nombres creíbles para sus personajes, nadie creerá lo que estos hacen en las novelas”. Enseña, igualmente, cómo se logra la descripción física perfecta de un personaje. Es lo que hace en el prólogo al libro Imagen de Cortázar, de Ignacio Solares, cuando describe al novelista: “Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perfecto dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo”. Lo mismo alcanza en el prólogo al libro Hemingway en Cuba, de Norberto Fuentes, el más extenso del libro. Aquí describe, con un lenguaje exquisito, cómo era esa Cuba del año 1928, cuando Ernest Hemingway visitó por primera vez ese país.
Hay en el libro dos textos donde García Márquez se solaza hablando sobre dos sucesos que marcaron su vida. El primero: su gran amistad con Álvaro Cepeda Samudio. En el prólogo a una edición de La casa grande hecha en 1993 por El Ancora Editores, recuerda las charlas con su abuelo Nicolas Ricardo Márquez sobre la masacre de las bananeras. Y en el que escribió para El hombre de la calle, libro de Georges Simenon, evoca cuando, siendo vendedor de enciclopedias en la Costa Atlántica, por no tener con qué pagar la habitación le dejó a Víctor Cohen, el dueño del hotel donde se hospedó en Valledupar, como pago, el ejemplar de ese libro que acababa de leer. Por todo lo anterior, Prólogos de Gabo, publicado por Jaramillo Editores, es un libro indispensable en la biblioteca de un estudioso de la obra de García Márquez.



