Se llamaban los Billis de Unicentro de Felipe Mercado

Mitología personal, novela de no ficción, novela de deformación, crónica alucinada de una década que marcó como pocas la historia de Colombia, este libro cuenta la particular historia de la pandilla más conocida de la Bogotá de los años ochenta.

Los billis, como los bautizaron, fueron pequeños huérfanos de una sociedad de clase media alta que los dejó a su suerte, que los trató como adultos cuando no alcanzaban ni los quince años. Felipe Mercado conoció de primera mano aquella historia por haber vivido en los mismos barrios del norte de Bogotá en los que se construyó el primer centro comercial de la ciudad, en 1976. Unicentro fue el escenario del surgimiento de una leyenda urbana que recorría los pasillos de los colegios bogotanos, en los cuales se hablaba de tropeles del Negro Tadeo, Esteban, Pinky, Pirata, Juano, Lucas y centenas de muchachos conformaron una gallada desorganizada de clase alta preocupada por el bicicross , la música y después cooptada por el narcotráfico salvaje de aquellos años y el consumo, que a unos terminó por costarles la vida en episodios violentos y a otros los desahució en la vida de la calle.

Después de ese primer día en Río, en la noche hubo tremenda rumba en una casa enorme y hermosa de la ciento nueve como con diecisiete. Cuando salimos de la discoteca era una fila como de cien o ciento veinte personas en dirección a la rumba. Pequeños mini combos de cuatro, cinco, seis o siete, andando por el andén… Era la misma rumba de la discoteca arrastrándose a otra rumba, a otro rumbo, a otro rancho, a seguir como una anaconda inmensa tragándose todo lo que encontrara a su paso en tanto iba serpenteando. Todos se conocían entre sí, menos yo. Yo era una cara nueva. El mono hermano de «la negra». Cosa rara.

 

 

 

 

 

 

ALGUNOS FRAGMENTOS:
“La quince era una larga estela de neón desde las cinco de la tarde hasta el amanecer. Uno podía tomar un trago hasta las cinco de la mañana y seguir la juma sin que alguien pusiera problema. Hasta las ventas de perros calientes como La perrada de Édgar brillaban. La brisa de la tarde traía aromas salvajes de las lociones de moda, que con las horas se iban extinguiendo y confundiendo con los tufos de la rumba. Todo era extravagante. Desde los peinados hasta la pañoleta y los zapatos Zodiac. La intención al vestirse era causar furor. No volver a pasar desapercibido jamás. Era como estar en un show eterno, en un espectáculo continuo. Los parches eran en realidad pasarelas de moda.”[Página 7]

“Esa zona del Río y Amnesia siempre había sido caliente. Desde que empezó a funcionar Le Palace en la cien con quince –que si no era el burdel más cotizado de Bogotá era por lo menos el mejor situado– se sentía movimiento a todas horas del día. Las chicas de Le Palace tenían horario, pero en la zona había al menos una docena de prostíbulos para la gente de clase alta, abiertos las veinticuatro horas de domingo a domingo y medio encalentados por ahí entre las cotizadas calles del barrio El Chicó.”[Página 7]

El autor
Felipe Mercado estudió una licenciatura en letras en la Universidad Central y como tesis degrado decidió contar su historia. Ese documento circuló de manera parcial y fragmentada desde hace unos años en internet, hasta que decidió asumir la tarea de sentarse y concluir una historia que, con todo el dolor y la tristeza, muestra la vida de un muchacho que tuvo sueños de convertirse en músico y terminó sumergido en la adicción. Narrada en un lenguaje popular, en el slang de la calle de los años ochenta, esta novela de no ficción seguramente traerá de vuelta una encrucijada brutal en la que los billis fueron protagonistas no solo de peleas callejeras y colegiales, sino de una historia de violencia que aún sigue presente en Colombia.

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