“Somos una colcha de retazos caminando por el tiempo”

Miguel Ángel Rubio*

Primera parte del diálogo con el joven escritor, Andrés Felipe Piedrahita, sobre su primer libro Retazos.

Porque siempre he creído que la literatura debe tener como fin causar alguna emoción.  Si la literatura no nos causa emoción, entonces creo que estamos lejos de escribir literatura.

FELIPE PIEDRAHITA. 

MIGUEL ÁNGEL RUBIO- Buenas tardes Felipe, gracias por acudir a este encuentro, en primera instancia quisiera preguntarte por el origen de este, tu primer libro, RETAZOS.

FELIPE PIEDRAHITA- Retazos es el resultado de esas historias con las que me he Topado, parte realidad parte ficción, parte lo que uno sueña, lo que uno cree, piensa y de lo que me he ido encontrando. De por sí, me considero un observador por naturaleza, son las historias de observar a la gente, cómo caminan, cómo hablan, cómo se expresan, y situaciones o eventualidades donde he tenido la fortuna de estar allí.

MR- Me gusta es dualidad que planteas, parte realidad, parte ficción; pues todo fenómeno literario tiene sí o sí asidero en una realidad objetiva. Incluso autores de fantasía épica como J RR Tolkien, o los tan de moda ahora en esta tendencia, pero ojo, pero no es lo mismo decir realidad, a decir verdad, son dos categorías distintas para la literatura, teniendo en cuenta esto,

¿Cómo fue el proceso creativo de RETAZOS? ¿Hubo un plan previo, o las historias se te fueron revelando?

FP-Fue un proceso a la inversa, las historias ya estaban, se me fueron cruzando en el camino, fueron historias que presencié, que vi, que imaginé, de preguntas que yo mismo me hice, ¿cómo reaccionaría alguien ante esta situación?, entonces traté de darles respuesta a través del lenguaje y la escritura; y en algún momento, cuando yo le mandaba los borradores a amigos, “léete esto que escribí y me cuentas que tal” porque siempre he creído que la literatura debe tener como fin causar alguna emoción.  Si la literatura no nos causa emoción creo que estamos lejos de escribir literatura.  Y en algún momento del camino, Mariana Jaramillo Chica, una amiga que se leyó parte de los borradores me dijo “Felipe saque  el libro, usted escribe muy bien, usted escribe historias que llegan, que hacen sentir, que son muy necesarias” y yo le dije- ¡Noo! Eso es pa’l que sepa. Las historias, ya estaban ahí, y digamos que hay como dos vertientes, las historias que son más de ciudad y las historias que son mas costumbristas, del campo, de los cafetales, que es otra. Yo le dije, listo, hagámosle, empezamos a mirarlos a clasificar los cuentos, la gran mayoría ya estaban, y algunos cuentos que llegaron a último momento. Finalmente, lo que se hizo fue pulirlas, revisarlas; pero RETAZOS fue como el culmen.

MR- Muy acertado el título, para una ciudad como Pereira, que, en su proceso de crecimiento, ha sufrido un proceso en desarraigo de su patrimonio histórico. Pereira es una ciudad “Colcha de Retazos” tú caminas por el centro de la ciudad y adviertes los vestigios de una urbe que está empezando a dejar el pueblo que fue, para convertirse en una ciudad con aspiraciones modernas. Aquí donde estamos, había hace muchos años casas de bareque, con patio central, enseguida tenemos un patrimonio arquitectónico de la ciudad, quizá el único que nos queda, (antiguo edificio de Rentas departamentales) por lo que no es posible ver una uniformidad arquitectónica conservada, Pereira tiene esa particularidad y creo que tu libro lo pone de manifiesto, incluso en lo que somos. Tomando en cuenta esto, ¿cómo percibes esta singularidad de Pereira desde la literatura?

FP- Pereira es una ciudad donde confluyen muchas historias y muchas partes del país. Tengo amigos y conocidos que son de Pasto y llevan trabajando acá toda su vida, en la universidad tuve la oportunidad de estudiar con una amiga que es raizal de Providencia; y es eso, si a Manizales se la ha llamado la ciudad de las puertas abiertas, Pereira es entonces la ciudad sin puertas. Y su mismo proceso histórico es la confluencia de muchas culturas y regiones del país acá. Sí se le nota ese desarraigo de la parte histórica, que lo va desplazando la modernidad, Pereira en sí es una colcha de retazos. Como lo dice Mariana Jaramillo Chica en el prólogo, nadie es una pieza completa, todos somos pedacitos de cosas, de historias, que vemos, de las que nos permean. En Pereira pasa de todo y nos pasa a todos.

MR- Unos retazos con los ruedos bien hechos. Nuestra tradición cuentística en Pereira tiene dos vertientes, una vertiente tradicional muy intelectual, representada en Eduardo López Jaramillo y Silvio Girón y una tradición más reciente con Andrés Galeano, Alán González, en la que se ve a Pereira con cierta rabia. Una tradición pereirana que ha sido fuerte en el cuento, aquí hemos tenido ciertos cuentistas, ¿Qué has bebido de esa tradición?

FP-De los locales, las historias con las que todos nos hemos criado, Eduardo López Jaramillo obviamente, lo leí desde la poesía, tengo por fortuna varios de sus libros en mi pequeña biblioteca, los cuentos de Carlos Vicente Sánchez en la Ramón, muy valiosos, cuentos para niños, hace poco tuve la fortuna de escucharlos en viva voz de su autor, esa versatilidad, de historias sencillas y la capacidad de él de transmitirlas y que llegan. La poesía y los cuentos de Galeano, una pluma fina y ya sus chatarreras dan sentencia de ello.

MR- Hablemos un poco del tema de la vejez en tu libro. ¿Por qué un escritor tan joven, le apuesta contar historias de historias de viejos, de ancianos, de personas en la tercera edad?

FP- Porque es una tendencia muy de nosotros, en no escuchar a los viejos y las historias más bonitas están es allá, en los que ya llegaron. Los viejos de una u otra manera son sobrevivientes; mi abuela, en este diciembre que viene va a cumplir 94 años, son 94 años que ella ha sobrevivido, ya le han tocado dos guerras mundiales, ha caminado en dos siglos, crio a más de 12 hijos, a hoy tiene tataranietos, las historias están ahí, pero nosotros a los viejos casi no los escuchamos.  Una de los cuentos que más me ha tocado, por la forma en que se me presentó la historia, que fue con el cuento en que quedé de segundo  en el concurso de cuento de Samaná, Caldas, fue justamente eso, el de ver a un viejo sentado en una silla en la puerta de su casa, o de su negocio, a las 4:00 de la tarde, completamente solo. Y en el cuento lo pongo a hablar con un personaje, donde finalmente el lector se da cuenta que está hablando es con un perro. Pero a la final está hablando solo, no está hablando con nadie. Es ese respeto a los que ya han caminado y que tienen mucho que enseñarnos a nosotros.

MR- Sí, la presencia del viejo sabio, conocedor de historias, ha desaparecido un poco de nuestra literatura. Que es lo que hace un poco tus cuentos costumbristas, pero que no son conservadores. Por ejemplo, recuerdo que ahí un cuento allí sobre el alzhéimer. Ese cuento, que está muy bien hilvanado porque el lector descubre que es sobre ese tema al final, ya cuando le das, lo que llama Henry James, “la vuelta de tuerca” que es de algún modo un tema tabú.  Y entremos un poco en esos temas tabú, el libro toca tres temas tabú, que son muy importantes. El alzhéimer es un tema tabú, porque la gente no cuenta cuando alguien de su familia sufre alzhéimer, le avergüenza, la persona que lo sufre en alto grado de la enfermedad, pierde noción de lo que hace, pierde el pudor, de todo;  hay otro tema que es la eutanasia, recuerda que hace algunos años en Pereira hubo un caso muy famoso con Matador, porque a su padre se la negaron y fueron las instancias judiciales las que lograron que le respetaran su derecho de morir dignamente; y el tema del erotismo entre una persona mayor y una más joven, son temas que aún en nuestros tiempos, siguen generando urticaria y que tú los tocas muy bien, háblanos un poco de eso.

FP- Mira con el alzhéimer por experiencias cercanas, de familiares y de conocidos, he tenido familiares que han o están sufriendo alzhéimer, me ha tocado es el proceso de ver cómo la persona va perdiendo su capacidad de estar en esta realidad, pero también cómo la familia, termina sufriendo un cansancio, y cómo termina generando unos roces y unos choques, entre una persona que está fuera de su realidad, y la familia que está a cargo. Es un tema que nos puede pasar tarde que temprano a cualquiera de nosotros. Para la muestra un botón, mi abuela, que ya dije va a cumplir 94 años, por el tema de la pandemia, tuvimos casi un año en que no íbamos, eran llamadas por WhatsApp, pero no íbamos pues por cuidar a la abuela, ahorita que la estamos volviendo a ver con más frecuencia, me dio muy duro, llegué de montar bicicleta, estaba mi tía, hicimos almuerzo en la casa, y cuando fui a saludar a la abuela con toda la gana del mundo, se quedó mirándome fijo y me dijo, ¿usted quién es? Es un proceso normal el deterioro, en estos momentos a mi abuela ya le cuesta acordarse de mí.

Respecto a la eutanasia, influye la historia de don Ovidio, el papá de Matador, influye el trasegar hacia el ocaso de mi abuelo, pues el cáncer lo llevó a su último suspiro, y fue ver eso, pues de una u otra manera, vivimos en familias muy religiosas, en un momento los médicos dijeron, el señor ya tiene 93 años, tiene cáncer de próstata en estado terminal, él de ahí ya no vuelve, a parte de eso se cayó y se fracturó la cadera, llévenselo para la casa, pues hacerle quimioterapias y tratamientos invasivos, es como matar una cucaracha con una bazuca. Denle gusto y acompáñenlo.

Continuará…

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