Es difícil establecer una diferencia entre novelas cortas, relatos largos, cuentos, ficciones cinematográficas, correspondencia o diarios personales en los escritos de Andrés Caicedo (Cali, 1951-1977). A lo largo de los años, se han publicado en ediciones dispersas de acuerdo con urgencias y coyunturas que han cambiado con los tiempos. Hoy, al autor colombiano se le estudia, se lo compara, analiza y traduce. Ha llegado el momento de organizar su obra de una manera coherente, y la presente edición de Todos los cuentos es el encuentro definitivo con sus relatos.
Cuando se publicó el libro Destinitos fatales en 1984, se seleccionó un conjunto de narraciones que resumiese lo más representativo en la obra de Caicedo. En esa ocasión se unieron bajo tres secciones tituladas “Calicalabozo”, “Angelitos empantanados o historias para jovencitos” y la novela “Noche sin fortuna”. Dicha distribución ha cambiado con los años, de una edición a otra y se ha prestado para confusiones y malentendidos.
Todos los cuentos es la colección más ambiciosa de las narraciones breves de Andrés Caicedo. Se conserva en parte la organización ya conocida a través de otras ediciones pero con un ingrediente adicional: sus narraciones tempranas. Entre 1966 y 1969 Caicedo escribió de manera frenética un conjunto impresionante de relatos en los que está, a todas luces, la génesis de su obra posterior. Son historias breves, perversas, desencantadas, donde el mundo adolescente se configura hasta los límites del delirio. Todos los cuentos reúne 44 relatos distribuidos en cuatro secciones donde se pueden leer historias de terror, de delincuencia juvenil, de amores desencantados, de un Cali de pesadilla y de la conciencia de un joven que se convirtió en un escritor a toda prueba.

ANDRÉS CAICEDO
Nació en Cali en 1951 y su obra es considerada una de las más originales de la literatura colombiana. En sus 25 años de vida dirigió sus propias creaciones teatrales, escribió un considerable número de cuentos, mantuvo una intensa y elaborada correspondencia e incursionó en el mundo de la novela con una pasión y una urgencia sin tregua. De la misma forma, el cine fue una de sus principales obsesiones, primero como agudo crítico, después como realizador y guionista, y también como editor y fundador de la revista Ojo al cine y director del Cine-Club de Cali. Se suicidó el 4 de marzo de 1977, el mismo día en que recibió la primera copia impresa de ¡Que viva la música!, la novela por la que es recordado hasta el día de hoy y que ha sido traducida a varios idiomas. Entre sus textos más destacados se encuentran los relatos El atravesado, Angelitos empantanados o historias para jovencitos y la novela Noche sin fortuna.



