Miguel Ángel Rubio Ospina*
“Y ya no puedo
borrar en mí la sensación
de los huecos de la ciudad
encerrados en los cajones de los cuartos”
Luis Vidales
Es el vacío lo que justifica la existencia del arte, el vacío de la luz se llena de cromáticas perspectivas que llamamos colores, el vacío físico se llena con arquitecturas desde tiempos inmemoriales, ostentosas, las pirámides de Giza llenan el vacío en el inmenso desierto, la acrópolis prepotente, llena el vacío del abandono de los dioses, las inmensas catedrales europeas y americanas, acaparan en sí mismas un vacío y un vaciarse que justifica su existencia.
La obra de Liliana Cárdenas, aunque podría a simple vista determinarse desde una perspectiva de colores y formas psicodélicas, tiene como línea narrativa común, huecos, rotos o vacíos en las mujeres pintadas que inquietan a quien observa.
El patrón común de estos rotos, no es más que el hecho nada gratuito de estar todos pintados en el cabello, rotos que en sí mismas llevan ellas, llevamos todos, un hueco que se guarda en forma de secretos, de palabras inconfesables, de frustraciones profundas, de tristezas que se filtran, de melancolías que se cargan a cuestas, de incertidumbres seguras, de miedos que te lanzan a sinfines de huecos…
Mujeres que representadas con símbolos de lo cotidiano, se reconocen a sí mismas en la dificultad, en la marginalidad, en el silencio, el segundo sentido de la obra de Liliana Cárdenas aparece representado en mujeres con la boca cerrada y de un fuerte color rojo, una boca que tiene mucho para decir, pero que prefiere ser roto por la inutilidad de los oídos que se niegan a escucharla, una boca amordazada, que deja en evidencia como se ha silenciado su voz, su palabra, su acción.
El tercer patrón que construye la línea discursiva y estética de Liliana Cárdenas, es la representación del cabello; en las tradiciones más conservadoras de oriente medio y en algunos ámbitos religiosos aún de occidente, la negación y el ocultamiento del cabello en la mujer está ligado a la sensualidad, la belleza y el placer, no como objeto sexual, este representado también en uno de sus cuadros, sino el placer como auto realización, como el desatar una naturaleza transformadora que libera y emancipa.
Así pues, Rotos, Bocas, Cabello y Silencio, definen esta propuesta de Liliana Cárdenas, que como en los versos de Vidales, llenan el vacío del lenguaje con poesía, con arte, con rotos que el poeta le hace a las palabras.
* Licenciado en español y literatura. Poeta y escritor.



