Soy liberal, pero ya la fracción conservadora de Jaime Salazar me está apoyando. Los que no tienen partido político están conmigo. Me incomoda no tener el respaldo de un movimiento como el de ustedes, que es muy afín a mi ideología.
Jairo Arango Gaviria/ Dibujo Jhon Jairo Echeverry
Cuando hice mi campaña política, una parte del partido Unión Patriótica estaba indecisa para apoyar mi candidatura a la alcaldía. Ellos estaban entre los dos postulantes, Ernesto Zuluaga y yo, discerniendo quién tenía más posibilidades de ganar.
Algunos dirigentes de ese partido no se veían muy convencidos de apoyar mi candidatura, aunque ya estábamos próximos a la fecha de las elecciones. “Esto se resuelve con el candidato a la presidencia del país y líder del partido Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo Ossa. Él dice a quién van a apoyar desde la UP, porque él es quien manda”, pensé.
Conseguí la dirección de su residencia. Vivía en Los Rosales, en Bogotá, un lugar de clase alta, que, por tradición, es uno de los más exclusivos. Un barrio muy privilegiado en la capital. Viajé hasta Bogotá para entrevistarme con él personalmente. La cita concertada era a las siete de la noche.
Llegué un día antes a Bogotá, porque esa reunión era muy importante, y no podía correr riesgos de llegar atrasado. Pude estar el día y a la hora programada. Llamé a la puerta de su residencia, y me abrió Mariela Barragán, la esposa de Bernardo Jaramillo Ossa. Una mujer elegante, distinguida en la sociedad, respetuosa en gran manera. Me hizo pasar a la sala, para esperar a su esposo.
Mientras tomaba café, apareció Bernardo Jaramillo, y le dije:
― Presidente Jaramillo, buenas noches. Yo soy Jairo Arango Gaviria, el próximo alcalde de Pereira.
Fue una presentación osada, ya que todos tenemos, sea por el cargo o por un poco de ego, pero también de humanidad y aplomo. Nos gusta, en general, que nos traten bien, tener ciertos títulos, para que se dirijan a uno con respeto.
Recuerdo que se sintió admirado por mis palabras, y me respondió: ― Oiga, candidato Jairo, usted es un hombre muy seguro de sí mismo.
Enseguida, se puso de pie, se dirigió hacia el equipo de sonido, buscó el disco del tango Volver, de Carlos Gardel. Cuando empezó a sonar, él también, con aire nostálgico, repetía al unísono frases de la canción:
Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno
Son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos
Hondas horas de dolor
Y aunque no quise el regreso
Siempre se vuelve al primer amor
La vieja calle donde le cobijo
Tuya es su vida, tuyo es su querer
Bajo el burlón mirar de las estrellas
Que con indiferencia
Hoy me ven volver
Volver con la frente marchita
Las nieves del tiempo platearon mi sien
Sentir que es un soplo la vida
Que veinte años no es nada
Que febril la mirada
Errante en las sombras, te busca y te nombra
Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez
Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve
A enfrentarse con mi vida
Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos
Encadenen mi soñar
Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar
Y aunque el olvido que todo destruye
Haya matado mi vieja ilusión
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón
Volver con la frente marchita
Las nieves del tiempo platearon mi sien
Sentir que es un soplo la vida
Que veinte años no es nada
Que febril la mirada
Errante en las sombras, te busca y te nombra
Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez…
Cuando terminamos de escuchar el tango, respondí a su pregunta.
― ¿Cómo voy a ser alcalde de Pereira echando cuentos? No. Me he propuesto ser el primer mandatario de la ciudad, pues tengo pasión por ella. No soy un advenedizo en Pereira, sino que, desde tiempo atrás, vengo gestionando proyectos y ejecutándolos por amor a la ciudad. Fui Gerente del Instituto de Crédito Territorial, trabajé bajo la dirección general de María Eugenia Rojas. Hicimos con la institución 2.500 lotes con servicios públicos, también los campestres de Dosquebradas, en Gama construimos 336 apartamentos, y en otros municipios de Risaralda se verán viviendas de interés social, porque obras como estas son las que me apasionan. Tengo un don natural y gran sensibilidad para apoyar a la comunidad. Soy el instrumento para que mucha gente logre solucionar sus problemas. Por esto es que quiero hacerme elegir alcalde. Cuando usted sea presidente de Colombia, estoy seguro de que su pensamiento será compartido y aceptado por todos. Bernardo ―le dije― en Pereira el partido tiene dudas para respaldar mi candidatura. Si usted me califica y me mide se dará cuenta de que soy la mejor opción, pues tengo mucha experiencia como ya lo ha oído, además de afinidad ideológica con los sectores populares. Soy liberal, pero ya la fracción conservadora de Jaime Salazar me está apoyando. De igual forma, los que no tienen partido político están conmigo. Me incomoda no tener el respaldo de un movimiento como el de ustedes, que es muy afín a mi ideología, le expresé mi pensamiento.
― ¿Y entonces qué hacemos? ―me lanzó la pregunta directa.
― Siempre he pensado que uno debe ser dirigido por alguien ―le respondí esto, porque a él, como buen paisa de Manizales, le gustaba que le hablaran directo―. Llame a su gente cuando pueda, y una vez que converse con ellos, me confirma si hacemos la campaña juntos. Si es así, oficialmente me tomo la foto con ustedes.
Y aquí está la foto.
Foto 3. Jairo Arango y Bernardo Jaramillo. Fuente: F. Dejanon
Bernardo afirmó, con tono positivo, que veía con muy buena aceptación mi candidatura a la alcaldía de Pereira. Siempre estuve confiado en conseguir su apoyo. Con Mariela Barragán, su esposa, hice empatía, ya que ella era costeña y le gustaba todo de forma directa, sin rodeos, y así me porté con ellos dos. En esa época yo tenía 31 años.
― ¿Cómo cuantificar los votos de la Unión Patriótica? ―preguntó Bernardo.
― Ya que no hay una forma clara de contabilizar los votos de la UP, vamos a hacer algo. Ustedes lanzan una lista al concejo para las elecciones, y trabajan para lograr tener concejales direccionando los esfuerzos electorales en la Ciudadela Cuba. ¿Por qué en ese sector?, porque esa comuna pone muchos votos para concejales. También les daré una mayor participación en la gobernanza del municipio. Acordando esto, vamos a sudar la camiseta, esa es la cuota, y el lente con el que sopesaré la gestión que hagan.
Aceptaron muy bien la propuesta y emprendieron lo acordado, y junto a ellos colaboraron organizaciones de vivienda de la ciudadela Cuba, que habían sido beneficiarios de construcción de barrios gracias al Instituto de Crédito Territorial, entidad que dirigí, y que les facilitó los instrumentos para materializar sus obras.
Mariela Barragán estaba muy atenta a todo, y presionaba a Bernardo Jaramillo para que me apoyara. Bernardo me dijo que ya tenía una acudiente en su esposa. Fue un momento muy especial. Además, ella agregó, somos seres humanos con necesidades, sea con un pariente o con la comunidad, y por eso es necesario que una entidad les ayude.
Me preguntó si quería más tinto. Le dije que sí, y luego de eso entendí que Bernardo tenía algo que decirme.
― Tengo un amigo taxista en Pereira y al hombre se le quemó su vehículo bajando de la Popa de Dosquebradas a Pereira. Sé que una de las funciones de la alcaldía es manejar el transporte público. Quería preguntarle si a través de la oficina de transporte se le podría ayudar. Ese es un tema de voluntad.
― Yo le ayudo ―le respondí.
― Otra cosa, Jairo ―continuó Bernardo―, una maestra rural, muy cercana a mis afectos, está amenazada donde ejerce su docencia. Por favor trasládela a Pereira, para que no esté más en esa situación.
― Yo seré el jefe de policía ―le dije con confianza―, así que estoy comprometido a solucionar estos dos casos. Páseme el teléfono de su amigo el taxista y el de la señora maestra.
Tanto Bernardo como yo íbamos a cumplir 32 años. Él había sido senador de la República, y ahora era el candidato más popular para la presidencia del país.
Una vez que gané las elecciones como alcalde de Pereira, llamé al taxista para que me explicara lo que había pasado con su vehículo. Le di instrucciones para que hiciera una carta detallada de la empresa donde estaba inscrito el taxi y demás datos, para hacerle formalmente la reposición. Él diligentemente la trajo.
Llamé al jefe de transporte y le expliqué el caso, le solicité la renovación del cupo para el señor en la empresa a la que pertenecía, y a los tres días ya estaba manejando su nuevo taxi.
De igual forma telefoneé a la maestra rural, y le pregunté dónde quería trabajar. Ella me dijo: en Pereira. Le di a escoger varias opciones, en diferentes establecimientos educativos, y la profesora señaló el lugar. El tema quedó arreglado.
Meses después llegó una delegación de la Unión Patriótica, y ante sus peticiones, comisioné de parte de ellos a Uberney Marín como secretario administrativo para que atendiera las solicitudes. También manifestaron que como venía Bernardo Jaramillo Ossa a Pereira, como candidato presidencial, necesitaban hacerle una atención.
El problema con ustedes, los de izquierda, es que cuando tienen una coadministración con la Alcaldía, les dije, se amilanan para decir que hacen parte de ella. Parece que estuviesen en contra, pero en realidad ustedes son parte de la administración. A mí me daría vergüenza con el candidato Jaramillo, que puede llegar a ser presidente, atenderlo en Pereira, en un restaurante que venda almuerzos ejecutivos, o en un autoservicio. No. Así no debe tratarse a una persona que va a ser presidente del país. Vamos a organizar, les dije, una cena para él, en un espacio donde puedan invitar al menos 100 personas. Ustedes lo pueden escoger, aunque les recomiendo el hotel Meliá. Es un lugar muy elegante. Así que deben ir bien organizados, sin mochila y bien peinados. Demostraremos finura con el candidato y con su esposa, que es una dama muy regia.
Dicho y hecho. El día del evento todos llegaron bien organizados, de corbata y traje los hombres, y las mujeres lucieron sus mejores galas. Todo salió a pedir de boca. Nos sentamos con Bernardo Jaramillo y su comitiva, y hubo mucha concurrencia. Esa atención a la gente de la Unión Patriótica fue de mi administración, porque queríamos que el candidato se sintiera cortejado por la ciudad y sus amigos. En el evento, tanto Bernardo como Mariela, su esposa, me agradecieron por la gestión con el taxista y la reubicación laboral de la maestra. Les dije que ese era un compromiso que había adquirido con ellos. Era el cumplimiento a mi palabra.
Días después vendría la noticia del asesinato de Bernardo. Recuerdo que días antes él me había manifestado su deseo de venir a Pereira, pero le aconsejé que no lo hiciera, ya que existían muchos rumores de un atentado. Le enfaticé que no era capaz de cuidarlo a ese nivel, porque en ese entonces en el país todo era muy incierto en materia de seguridad.
Desde el encuentro en su casa, cada vez que escucho el tango volver, viene a mi memoria su recuerdo y como en el tango, “se vive con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez”.



