Germán A. Ossa E.
«Escribo para perderle el miedo a la muerte», dice Rosa Montero. Que es lo mismo que decir: escribimos y leemos para vivir doblemente, para acercarnos a los otros, y para repetirnos que «este hambre propio existe, es la gana del alma que es el cuerpo», como tan bellamente escribió la poeta peruana Blanca Varela.
Y el cine, tiene esas obligaciones. Todos los que ordenan desde la imaginación: la Bonet, Sara Millerey, Gisele Pelicot, Pascal Bruckner, Baudelaire, Jean-Luc Nancy; Charry, Juan Manuel Roca y José Manuel Arango los poetas; José Eustasio Rivera, Héctor Abad Faciolince, Gabriel García Márquez, Patricia Nieto y Rosa Montero, con sus textos, incitan a la solidaridad y al respeto, pero es el cine el que nos convoca, y es a él al que le debemos rendir pleitesía cuando nos da gusto, cuando hace lo que deseamos (el deseo es extraño, tanto que es hasta morboso), pues esa cosa bella que se inventaron los hermanos Lumiere allí en ese cuchitril parisino esa noche lluviosa en la calle de los capuchinos hace más de ciento y pico de años, tiene la obligación de MOSTRARNOS con poderosas imágenes, esa verdad que nos ha ocultado la perversa moral añeja, obsoleta y pasada de moda que nos acuñaron los “superiores” en inmensas dosis, creándonos una capacidad mediocre para calificar la evolución normal y racional y justa y propia y valiosa y necesaria que la naturaleza por sí misma le brinda a la naturaleza que es racional, valiosa y justa por sí misma.
Recuerdo como si fuera ayer mismo, la vergüenza que experimenté cuando con la sala oscura del teatro de Comfamiliar, en una función de Cine Club, con mis mejillas rojas que nadie podía ver ni apreciar, el extraordinario actor Roberto Cobo, vestido de mujer, siendo un hombre, le demostraba el amor a otro actor, hombre también, insinuándose pecador por apostarle de manera indebida el amor, al que de verdad quería y con suma verraquera, porque en ese entonces, los lugares todos y todo, tenían límites.
Arturo Ripstein tenía la razón, pues desde ese 1978, cuando nos mostró en esa espectacular película mexicana “El lugar sin límites” que “la Manuela”, la dueña de ese burdel de GÉNERO FLUIDO, (un hombre homosexual travesti); y a “Pancho”, un joven camionero que representa lo que, en México, de forma estereotípica, se conoce como “macho”, conjuntamente con su hija, tramaban seducir a ese “mero macho” que veía amenazada su virilidad, mientras un codicioso capitalista que lo deseaba comprar TODO, solo le faltaba adquirir el burdel con sus visitantes frecuentes, para lograr el monopolio de tan enigmático entorno de placeres para entonces extraños, difíciles e insospechados….
14 Concurso de Cortos del Eje Cafetero
Me casé por papeles
Es un retrato íntimo y crudo de quienes, impulsados por la necesidad y la esperanza de un futuro mejor, cruzan fronteras físicas y emocionales en busca del llamado “sueño americano”. En esta historia, el amor se convierte en moneda de cambio y el matrimonio en una estrategia de supervivencia.
El cortometraje expone las heridas silenciosas que deja un sistema que niega vías dignas de migración, y nos confronta con una pregunta urgente: ¿qué precio estamos dispuestos a pagar por pertenecer? Una mirada honesta y necesaria sobre decisiones que, lejos de liberar, muchas veces terminan en finales infelices.
Ficha Técnica
Guión original Escrito por Gabriel Villegas; Dirigido por Wilderman García / Manizales Caldas; Producido por el Equipo del Conservatorio de Artes Escénicas de Orlando Florida. Editado por Sebastián Rojas y Sarah Chacin.
Elenco: Sebastián Rojas/ Neiva; Wilderman García / Manizales; Ángela Mantilla /Pereira; Sarah Chacin / Bogotá; Germán Salazar / Armenia; Mellisa Latorre / Bogotá ; Ernesto Bedoya / Medellín
Y con la participación especial de Miriam Torres / España; Simón Brito / Ecuador; Luisa Aponte / Puerto Rico y Martín Guekdjian / Uruguay.
Cortos metrajes
La gallina saraviada
Género: Drama rural
Duración: 12 minutos
Año: 2025
Idioma: español
Formato de grabación: 4K
Casa productora: Montañera Films
Guion y dirección: Ingrid Bonilla Rodríguez
Producción: Nicolás Galfrascoli
Protagonista: Inés Rodríguez Ramírez “Mariposa”
Una anciana campesina lucha por preservar el linaje de su última gallina ante su desaparición; para ello recurre a su ingenio y diferentes medios de incubación de los últimos huevos que le quedan.



