Uno, cinco, ocho. ¡Feliz cumpleaños querida tierra mía!

Amparo Bustamante O.

Joab56@yahoo.com

Este nuevo respiro que el día 30 de agosto se siente en el aire de esta capital del departamento de Risaralda, y que ha acogido con gran sentido patrio, el llamarse capital del Eje Cafetero, resulta ser una gran victoria ante la presencia de un mal tan refinadamente cruel, como ha sido la pandemia mundial del SARS COVID-19.

Muchos conciudadanos han partido de modo triste, e insospechados fines de la economía  han afectado a esta ciudad con la fuerza de un ciclón. Pero he aquí la Pereira de siempre sigue en pie, levantando sus voces de que seguimos adelante, combatiendo a su más acérrimo enemigo: la enfermedad que hoy tiene el tinte de una peste infecciosa, que ha dejado hogares y familias llenas de muchísima pena y de vacíos dolorosamente difíciles de entender y de acomodarse a esta angustiante situación.

Pero el tiempo inexorable llega con la fuerza de que no le importa las ausencias humanas sufridas, y que sin embargo si trae que en  una aparente cronología correcta, se llega a un aniversario más de la fundación de la Morena, Querendona y Trasnochadora  Pereira, como reza  el estribillo que califica  a esta Villa Perla del Otún.

Los 158 años que mi cuna patria está cumpliendo, tienen encerrados unos capítulos casi desconocidos para muchos en su proceso  fundacional, y así lo hemos podido constatar en el reciente conversatorio que la Biblioteca departamental de Risaralda Comfamiliar, realizó en sus instalaciones –Relatos e historias de la ciudad-que fueron ambientados por personas de gran calidad académica, como Walter Antía, Jairo Arango Gaviria y Ramiro Tabares, gestores estos de la historia y la cultura en su respectivo orden.

Al cabo de los tiempos transcurridos se dice que Pereira como tal no tiene la edad que se le atribuye, sino que sus años de existencia suman 500. Se relató todo esto con argumentos de gran valía histórica, porque se han tenido tres fundaciones que se han dado por distintas causas y razones en diferentes territorios, todos ellos marcados a que somos más  caucanos que paisas, y que nuestras raíces que en otrora hemos comentado, tienen fuertes rastros de la fuerza de negritudes, y la extraña combinación de indígenas y blancos (europeos y otros más indo europeos), que se asomaron por estos espacios en busca de riqueza, renombre y aventuras sin par.

Hoy, que desde 1863 al 2021 se marca este aniversario 158, este villorrio  toma galantemente  el nombre de caserío o Villa de Pereira, como un homenaje  que no tiene lugar a discusión de que estas tierras en que vivimos pertenecieron  a Francisco y Guillermo Pereira, apellido que al momento reluce a todo ver, oír, y sentir la principiante aldea o asentamiento  de la original Perla, bañada por el rio Otún y que tiene en su nombre  plasmadas las insignias de vida, riqueza y progreso; esta incipiente Polis surgía de los sueños, y de las entrañas de sus  proyectos citadinos, y hoy ciertamente calificada como una pequeña pero a la vez gran capital no solo de un departamento, sino de la región que cobija una muy importante, considerada como Patrimonio Cultural Cafetero.

Siempre he sido como redactora de estas colaboraciones periodísticas, consecuente que son muchos los que escriben sobre Pereira y su historial, pero he de manifestar que soy clásicamente avengentada para la época de la modernidad, e insisto e insistiré en que nos debemos identificar  como la clase cívica  de pereiranos  ilustres sí, que han llevado a cabo grandes obras que corroboran el civismo de mis coterráneos, pero lo que invoco es la práctica diaria de la cívica de un  pereirano común y silvestre, que lleva en sus venas el ardor, la valentía y las ganas de sacar avante la pujanza de las gentes que pisan este bendito suelo, y que se describen asimismo como tal en la letra de su himno, considerando que su marcialidad contiene una vibraciones poco comunes, que estremecen  cuando el retumbar los instrumentos musicales suenan, sino también de  los que se escuchan al roce de machetes,  azadas, palas y hachas, que se combinan un solo SON que SALVE al esfuerzo  de todos aquellos héroes anónimos, de que Pereira está en pie.

En pie para hacer grande  lo que un día fue pequeño, en pie para lograr que los esfuerzos conjuntos de sus habitantes como ciudadanos  de a pie, acrecientan lo académico, lo cultural, lo socio-político y que en lo humano, nos convirtamos en hombres y mujeres que somos capaces de extender la mano, el brazo, o lo que fuese necesario, para que nadie se sienta solo, frio, desconocido o desamparado, sino que aquí no hay forasteros, que todos somos pereiranos.

Por eso al término de este artículo tan simple, pero sentido no tendríamos más que repetir otra vez:

FELIZ CUMPLEAÑOS PEREIRANOS DE LA PEREIRA DE LOS 1, 5, 8.

Con identificación patriótica.

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