Uno no puede creer, viendo a este escritor que, por su apariencia de hombre rudo, gigante, con cuerpo de actor de película de acción, sea el autor de este puñado de poemas que le cantan a la inocencia, al amor, a la amistad noble y a la paz, esa cosa que tanto odian muchos de nuestros gobernantes que adoran la corrupción.
Se dispuso a preparar una compilación, esculcando varios de sus libros, seleccionando los poemas que aquí aparecen, para refrescarnos en el mar de las publicaciones violentas que descubren la realidad de nuestra sociedad, un aire que nos permite ver el mundo de una manera más amigable, rosada, posible y vivencial.
Este libro, “Las ganas de leer me las aguanto”, es de Luis Jairo Henao B.
Luís Jairo Henao Betancur, Pereira, 1956. Escritor de literatura Juvenil. Ensayista. Investigador y Gestor Cultural. Condecorado por el Honorable Consejo de Pereira con la “orden Gran Cruz Cívica Ciudad de Pereira” en el Mérito Cultural “Hugo Ángel Jaramillo” 2011.

Rigoberto Gil en su prólogo nos dice:
“Conocí a Luis Jairo en plena vigilia de un día escolar. Ya lo recuerdo bien: era jueves, porque al día siguiente él presidiría una sesión del taller de escritura. Hablaría sobre la anorexia del punto y coma. Jueves a las 9:30 de la mañana, porque a las 11:15 pillé a mi novia besándose con el más bobo del grupo. Menos mal Luis Jairo nos había dejado su poesía, como quien deja una aspirina para aliviar el dolor de cabeza.
Cuando el poeta se despidió de nosotros me acerqué y le pregunté si yo podía asistir al taller Mitograma, que cuáles eran los requisitos. “Estar enfermo de literatura”, dijo. Me explicó, en tono didáctico, la dinámica del taller, la forma en que uno debía presentar sus textos para el diagnóstico inicial. Desde ese momento comprendí que todo acto de escritura constituye un alucinante procedimiento de quimioterapia.
Le dije al maestro Henao que quería hacer parte de ese delicado sistema de salud, que si eran muchos los enfermos de nuestra ciudad. “En realidad, son pocos. Pero hay enfermos que provienen de otras ciudades”. Estos enfermos tenían nombres sonoros y destinos ciertos: Isaías Peña, Juan Manuel Roca, Eutiquio Leal, Manuel Mejía Vallejo. Eran invitados a compartir su experiencia de vida en las sesiones de taller. Nos hablaban de los signos vitales de la puntuación, del corazón de los párrafos, del sistema nervioso de las metáforas, del nudo y el desenlace psicosomático de los cuentos, del principio febril de la novela, del genoma de la belleza. Cada uno de ellos tenía un modo singular de concebir el complejo cuerpo del proceso literario. Cada uno había apostado por una poética. Se obstinaron en eso de perseguir una forma y en alcanzar una expresión, un estilo. Con el pasar de las décadas comprendí, por entero, su ecuación: “Literatura + enfermedad = enfermedad”. Pero antes había pasado por otra clínica semiótica, la de Umberto Eco y en ella había asimilado que el asunto de la literatura, en particular cuando se quiere hacer literatura, era cosa de aprender de los maestros inmortales y videntes: Biblioteca + ciego = Borges. Cuando me hice amigo del poeta Luis Jairo descubrí que la literatura era una forma del bienestar. No es posible olvidar el encuentro con seres notables, llenos de amor, de generosidad, de ternura, llenos de palabras. Que lo digan Nati y Juan Carlos; que lo corroboren Carito y Claudia Bibiana. Que lo declare para siempre Esperanza, que aún seguirá siendo cómplice, más allá de las nubes, de sus aventuras literarias. No sé si existen los seres auténticos en la borrosidad de esta vida posconfinada. Si existen, entonces Luis Jairo Henao es un ejemplar de colección, una claridad saludable”. *Geross
POEMAS
UNA DÉCADA
Mamá se enojó conmigo cuando vio que me besabas.
Me hizo lavar la boca, los dientes y la conciencia;
le contó a mi padre, a mis hermanos mayores y a las señoras que por las tardes le tejen mentiras al sol;
llamó a la profesora para que corrigiera mi comportamiento y tuve que escribir en el cuaderno de tareas cincuenta veces:
“no debo besar a desconocidos”.
Fue la primera vez que supe
que ser menor de edad
es un peligro para amar.
ECUACIÓN
Ayer no entendí que: A + B = C
pero tu trenza y tu hebilla
me enseñaron que: TU + YO = AMOR.
Perdí el examen.
Tú si entendiste que: A + B = C
pero no que: TU + YO = AMOR
Al terminar la clase
mi amor se ahorcó en tu trenza.
TAREA DE ESPAÑOL
Te sentía como el mejor cuento
y como los versos sin rimas ni metáforas
pero con un ritmo que acosaba
mis deseos de amarte en el salón.
Eras la lección que sabía de memoria
pero preferiste a mi compañera de pupitre
dejando incompletos los renglones del abrazo.
En mi cuaderno de tareas
quedarás como un tachón endeble,
ya no serás palabra,
sólo vivirás en este punto sin final.
LECCIÓN
Ver tus ojos
en la noche de mis cuadernos
es sentir el amor
en una luna de papel.
LECCIÓN PARA DOS
Cuando te pedí en la cafetería del patio
que me prestaras el cuaderno
disimulando una tarea ausente,
solo lo hice para acariciar tu cuerpo
en el silencio de las palabras.
No creas que soy una mala estudiante,
sólo soy una pésima enamorada
con deseos de hacerte el amor.



