Los disgustos del Bolívar desnudo de Pereira

Caminata decembrina no con las botas puestas sino con los pies descalzos, entre el Lago Uribe Uribe y la Plaza de Bolívar

Angel Gómez Giraldo.

Hoy jueves 21 de diciembre pareciera que a la ciudad nada le duele, luego de haber padecido por más de dos años el Covid-19, enfermedad producida por el coronavirus.Como que olvidamos para no tener que recordar.
Ya la iluminación navideña por fin fue hecha y terminó prendiendo hasta los corozones de los cristianos. Un sol presumiendo de ser primaveral sacó a la población de sus viviendas para convertir la calle en un río de gente.
Las personas van y vienen de compras en un contento sofocante.
De política tampoco se habla sino de la navidad que se acerca, y del año nuevo que pasará por encima del viejo.

El tenderete
La tarde de este día 21 de diciembre se agacha y se le ve el tenderete tendido que se coloca sobre el andén o en la calle, en plazas y parques de las ciudades para exhibir artesanías y mercancía en general con precios bajos, también casi a ras del piso donde están y son comercializados casi siempre por parceros y rebuscadores.
Nunca antes por esta época el centro de la capital de Risaralada había sacado a la calle tanta mercancía y con tanta facilidad de adquisición que el comercio formal se ha sentido pellizcado.
Cómo será que para no caminar sobre lo que se ofrece en la calle cual mujer alegrona, el peatón que utiliza la acera se ve obligado a hacer magia y levitar sin acentar los pies sobre el piso.
Una temperatura de 27 grados obliga a las damas que se pasean a pie por el comercio tradicional a usar el abanico español.

Ruido
Mas es necesario hablar del exceso del ruido que nada tiene que ver con la alegría, siempre tan bien expresada, en el rostro, y tan propia de este, el último mes del año.
Así en la calle 24 con el Lago Uribe Uribe, la muy verdulera contaminación acústica, presente por culpa de una loca discoteca.
Se podría considerar, que fue la policía que con una patrulla permanente en este sitio de recreación de los pereiranos,hubiera autorizado la música a gran volumen día y noche.
Extraño, porque está patrulla policial reunía todas las noches a una buena cantidad de personas, entre niños, adultos y mayores para rezar con buen comportamiento la novena de aguinaldo.

La caminata
En este mismo momento estoy en el Lago y voy caminando no con las botas puestas sino con los pies descalzos para no pisar lo que no se debe pisar.
Sorprendente, porque el encuentro es con la cultura que pide disculpas al rosar el cuerpo de otra persona desconocida.
El encuentro y trato ocasional con amigos y conocidos es amable y se utilizan frases de, “feliz navidad”.
Les cuento que de milagro pude llegar a la Plaza de Bolívar.
Lo que veo aquí es al Bolívar desnudo como si estuviera dando apertura a una gran feria comercial.
Rodeado de vendedores ambulantes como lo estuvo por el ejército patriota en la campaña libertadora.
De verdad que la plaza de Bolívar de Pereira parecía el mismo templo de Jerusalem cuando Jesús lo encontró convertido en una plaza de mercado, enfureció y sacó a “rejo”a tan osados invasores.
A los pies del Bolívar, improvisados puestos de juguertería para menores y toda clase de cachivaches.
Numerosas carretas ofreciendo frutas de chontaduro, mango y tomate, entre otros productos del agro.
Asaderos a gas con arepa y queso, empanadas y jugo de avena para hambres pasajeras.
El “Vive 100”, aunque son demasiados años, bebida que ofrece un anciano mientras canta las canciones que nos dejó Darío Gómez.
Llegué a contar hasta 20 carros de “tinto” rodando por toda la plaza, comprobando que el café está en el ADN del colombiano.
No faltó el caricaturesco “mimo” haciendo una fea imitación de la mujer para risa de todos.
Lo más escandaloso, la presencia bajo los mangos de la plaza, por la calle 20 y frente a la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, de mujeres de todos los colores, tremendas busconas, a la espera de, “quién las levante.”
Presumible que lo que más le disgustó al inmortal hombre fue ver a un grupo formado por mujeres y niñas Embera Chamí danzando su desalojo de la tierra desde la conquista, y la pobreza de la que en más de 200 años de vida republicana ningúna “eminencia” colombiana ha sacado.
El caraqueño no decía nada pero se le veía en el rostro que estaba furioso con tal desorden desluciendo su gloria de libertador.
A pesar de que los muertos no hablan, y menos los monumentos, llegó la hora en que El Bolívar desnudo no aguantó más y reacionó a la vista de todos:
Con el ceño fruncido bajó del caballo negro a sabiendas de que se encontraba en cueros, y Gritó con voz de tenor dramático:
“Parece que el demonio dirige las cosas de mi vida”.
Se lo había dicho al general Santander en una carta que le envió el l 4 de agosto de 1.823.
Apartes de la correspondenica en la que aparece la citada expresión del general Bolívar:
“No puede Vd. imaginar cuanto temo esta marcha al Perú por sus inconvenientes así políticos como militares, por lo menos no faltarían enredos de suma importancia. También temo alguna gracia como la de Cartagena cuando fuí allí. Pero que hemos de hacer, peor es perderlo todo a golpe seguro como sucederá infaliblemente si yo no voy. PARECE QU EL DEMONIO DIRIGE LAS COSAS DE MI VIDA.

Pasados unos minutos y después que se calmó. Volvió a subir al caballo y otra vez a su mutismo de fría estatua.
La cólera del Libertador , dura poco dijo uno de sus biógrafos.

 

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