Angel Gómez Giraldo
La tarde del jueves, cuatro días antes del puente festivo por trasteo de la Epifanía o festividad religiosa de la adoración de los Reyes Magos al lunes siguiente, llegué al parque El Lago de Pereira, y “suave” el clima y el ambiente pues no encontré tanto desorden tal vez por el tedio que dejaron las fiestas de fin y comienzo de año y porque los miedos de la pandemia mantienen la incertidumbre entre la población.
Sentado allí bajo una de las pérgolas que son cama de veraneras las que ya han perdido flores y color por el paso del tiempo y la falta de una mano cariñosa de la administración municipal, consumía un chococono no por sed sino por disfrutar del buen sabor de la golosina que tanto gusta.
Y lo hacía a considerable distancia de las demás personas, como lo recomiendan las autoridades sanitarias, sin tener sed sino por el mero gusto de llevar a la boca el buen sabor de un chochocono, crema fría que consumen niños y adultos aunque el clima esté también congelado.
En esas me encontraba cuando sufrí un pálpito en evocación de ese cantautor pereirano quien con la complicidad del corazón le canta a la alegría del amor y no a la tristeza de no ser amado sino amante. Se trata del mismo que con una contundencia sentimental se inspiró para dejarnos la canción de amor “No digas la palabra adiós”.
Y me preguntaba a mí mismo por él: ¿en qué lugar del mundo se encontrará que no lo volvimos a ver dando pasos soberanos, elegantes, por las calles de esta su ciudad?
Recordando a Luis Alberto Higuita Toro estaba cuando mi móvil empezó con su berrinche de niño resabiado en el bolsillo. Entregado al disfrute de la golosina, cuando por fin tuve el celular en la mano, se calmó el “bebé” y quedó una llamada perdida. Pocos segundos después insistió con una segunda llamada.
Se trataba de Alvaro Rodríguez Hernández, dueño de una voz vigorosa, el periodista y politólogo que vaticina y acierta desde su columna en este mismo diario y que se lee con inquietud.
Pues bien, Rodríguez, al otro lado de la línea me dijo:
“Angel, le informo que por fin apareció el artista, cantante, Luis Alberto Higuita. Está aquí en la ciudad”.

Encuentro con él
Gracias al mismo comunicador, al día siguiente tuve la alegría de una charla con el cantautor que le puso a Pereira otro tocado con la igual brillantez de los del poeta Luis Carlos González, una canción que lleva por nombre “Pasillo pereirano”.
“Llegué de nuevo a mi ciudad el 23 del mes de septiembre del año pasado de las Islas Canarias donde permanecí 20 años en actividad y creatividad artística”, me reveló con ese entusiasmo del que vuelve a donde sabe que lo esperan.
¿Llegó en la locura producida por la enfermedad del Covid-19?
-Sí con ese sambenito de la incertidumbre. Agobiado por la muerte de tantas personas y escéptico sobre el futuro del mundo.
Y créanme que fue tan bien recibido como una aromática. Los primeros abrazos del rencuentro fueron los de sus amigos, Fabio Chacón y Fabián Bustamante.
La casa
Asimismo encontró la casa de la familia en el mismo lugar, ubicada en el centro de la Perla del Otún con las puertas bien abiertas y su hermana estirándole los brazos.
En este momento ocupa un apartaestudio que encontró cómodo para su inspiración de compositor e intérprete.
Este cantante tallado en mármol fino, nació en una casa que recibe las brisas del Otún, carrera 3 entre calles 22 y 23.
Precisa que creció derecho en otra casa donde cabían todos sus sueños, en la carrera 10 entre calles 27 y 28.
Fue en el sótano de esta vivienda que compuso una de las canciones más bellas hechas en una ciudad que no tiene dueño porque es de todos, Pereira, y que conocemos con el nombre de “No digas la palabra adiós”.
Y se estiró tanto en la adolescencia como intérprete, que de una manera improvisada se presentó a un concurso de canto en el Teatro de Comfamiliar de Pereira y ganó ante el asombro de otros participantes más profesionales.
Había nacido Luis Alberto con la inclinación por el arte de la música y voz para cantar.
“Recuerdo que era apenas un preadolescente, cuando mi papá adquirió una guitarra y contrató a un músico para que le enseñara a interpretarla.
Yo permanecía cerca a los dos, lo gracioso fue que el hijo aprendió a tocarla mientras que el padre nunca pudo”.
Con el corazón
Para componer temas musicales el corazón saca la cara por él y nos ha dado una muy buena cosecha de canciones, para destacar también estas otras “Si me faltaras tú” y “Solamente sombras”.
Con una garganta hecha para ganar concursos de canto cogió el éxito con las dos manos y el trofeo Cafeto de oro del Festival de la Canción de Armenia, Quindio.
“Como sería mi complacencia y satisfacción que al despertar a la mañana siguiente al evento percibí como a mi casa había llegado las buenas aromas de mi ciudad, Pereira, las del primer café de la mañana, la del mango sin madurar que comemos con sal y la del chontaduro con miel”.
Y estas aromas de verdad parece que le tocan la memoria ya que cuenta que fue uno de los creadores de la Rondalla Risaralda, durante la gobernación de Roberto Gálvez Montealegre, y grabó muchas de sus canciones con el apoyo de Cecilia Cañas, q.e.p.d., en la época del llamado Instituto Municipal de Cultura de Pereira.
¿ Luis Alberto, qué dejó en Islas Canarias para su nostalgia?
-Al amigo Agustín, dueño de la programadora de televisión del municipio de Telda donde viví por tantos años.
Usted habla siempre del show del amor.
-Sí, yo canto para la alegría del amor entre dos personas, jamás para el despecho.
¿Su formación musical?
-Soy empírico y autodidacta.
¿Músicos en la familia?
-Soy primo de Diver Higuita, cantante de ópera.
Coincidencia extraña, luego de la entrevista con Luis Alberto Higuita, llegué a casa y en la radio sonaba la canción “No digas la palabra adiós”, en interpretación magistral del Grupo Iris.
Luis Alberto Higuita, canciones para el amor, jamás para el despecho.



