Marsella, una joya turística entre la soledad y el olvido

Mario Salazar Salazar*

Superar una crisis cafetera que en los años 90 casi elimina por completo al sector de mayor importancia productiva en el municipio, apuntarle a la exportación de follajes y al cultivo de plátano y aguacate como renglones alternativos agropecuarios y por último optar por el turismo como la mayor apuesta para promover el patrimonio histórico y arquitectónico, no fue suficiente para que Marsella lograra poner a salvo su economía.

Hoy, cuando los marselleses creían haber encontrado la ruta para hacerse visibles ante Colombia y el mundo, cuando lograron posicionarse como el segundo destino turístico del Departamento de Risaralda y  certificarse en Turismo Sostenible en la senda para aspirar a ser el Pueblo Patrimonio, un derrumbe de incalculables proporciones se interpone en la carretera que los une con Pereira y amenaza con someterlos al olvido.

Así las cosas, desde hace dos meses se encuentra interrumpido el transporte público intermunicipal y a cambio de colectivos y busetas de las empresas transportadoras locales, hoy quienes tienen que acudir a diario al municipio, lo hacen en camperos por las carreteras veredales, mientras que los turistas provenientes de otras regiones del país que cada ocho días acudían a esta plaza, optaron por visitar otros municipios en Risaralda y Quindío.

A lo anterior se agrega la restricción vehicular que persiste en la vía Marsella-Chinchiná, a causa de los daños estructurales del puente sobre el río Campoalegre.

 

Las cifras de la crisis

Las pérdidas comerciales pues, son incalculables. Los más juiciosos propietarios de negocios, estiman que en casi un cincuenta por ciento se redujeron sus ventas, sobre todo en restaurantes, cafeterías, bares, heladerías, discotecas y  nuevos emprendimientos con ofertas de café de origen del municipio. Los hoteles han tenido que aceptar la cancelación de reservaciones para Semana Santa y ahora sus propietarios no saben cómo van a asumir el pago de sus impuestos, a lo que se agrega el despido del personal que por mucho tiempo ha venido trabajando en estas empresas de reconocida permanencia en este pueblo.

Gloria Mercedes Giraldo, propietaria del restaurante “El Sabor del Hogar” nos contó que de 120 almuerzos que regularmente vendía un domingo, ahora escasamente vende 23, lo que dimensiona la crítica situación de quienes aquí tienen interesante oferta gastronómica. Por su parte Enrique Ballesteros, dueño del comedor “Donde Quike”, negocio ubicado en una de las esquinas de mayor movimiento de la plaza, se atreve a afirmar que los negocios en Marsella van para cierre, frente a la falta de consumidores y de visitantes que ha dejado esta tragedia vial.

A la Casa de la Cultura de Marsella como principal atractivo turístico del municipio, llegaban los domingos alrededor de 500 y 700 turistas en tiempos normales y de acuerdo al registro de las visitas allí registradas, el pasado 14 de marzo llegaron 90 visitantes y el 21 de marzo 95.

El sector hotelero tiene una oferta en Marsella de 150 camas, que se han visto desocupadas en estos tres meses luego de un repunte significativo durante noviembre y diciembre cuando llegaron visitantes provenientes de Pereira, Manizales, Bogotá, Valle del Cauca y Antioquia. Desde el daño de la carretera no nos ha llegado nadie, dice Víctor Hugo Hoyos, propietario del Hotel Carmen y quien advierte que al cierre del Hotel Casa Real por falta de visitantes, se puede sumar también la clausura de servicios de La Posada del empresario Diego Agudelo ante la difícil situación. De igual manera  La Marialeja, como experiencia diversificada entre turismo, equitación, cabalgatas y equino-.terapia entre otros espectáculos en campo, de María Alejandra Grisales y su esposo Juan Guillermo Ángel en el Eco hotel Los Lagos, debió cerrar pese a las cuantiosas inversiones y frente a la falta de demanda de este interesante servicio.

Un pueblo fantasma

Marsella pasó de ser un pueblo con calles, peatonales, espacios públicos y parques completamente llenos los domingos  a una plaza vacía, desocupada y fantasmal a causa del cierre de la vía. Sus visitantes se paseaban entre los escenarios que sirvieron al rodaje de “Las Hermanitas Calle”, “Doña Bella” o “Café Con Aroma de Mujer” en su segunda versión, al tiempo que los niños jugaban alrededor de su imponente fuente de agua en el parque principal, montaban en la mini-chiva y degustaban sus exquisitas crispetas y sus papás desde los tradicionales expendios de cafés de origen miraban caer las tardes dominicales antes de su regreso a casa.

Un derrumbe de incalculables proporciones a mitad de camino, se ha interpuesto ahora entre esta población y la capital del departamento y que pese al despliegue que con maquinaria y operarios ha dispuesto allí permanentemente el gobierno departamental para superar esta emergencia vial, este episodio natural parece sepultar los sueños de quienes desde los sectores productivos, empresariales y turísticos insisten en hacer de Marsella un propósito común de crecimiento y desarrollo y de sus entornos históricos, arquitectónicos y naturales, un sustento como oferta turística inigualable para los miles de turistas que insisten en visitarlo.

*Periodista y director de Marsella al Día

 

Marsella pasó de ser un pueblo con calles, peatonales, espacios públicos y parques completamente llenos los domingos a una plaza vacía, desocupada y fantasmal a causa del cierre de la vía.

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