Quizás has leído algunas reflexiones profundas sobre “quédate en casa” y hoy quiero animarlos a que lo vivamos con espíritu de fe. Que las casas curales, los conventos y las casas de nuestros fieles sean casas de oración, para el encuentro con Dios y para el fortalecimiento de las relaciones familiares. Nuestras casas se han convertido en pequeños templos, donde hemos tenido la oportunidad de comprender el culto a Dios de otra manera, como el Señor nos lo enseña en el diálogo con la Samaritana, meditado recientemente: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4, 23).
Estar en casa es la oportunidad para dejarnos mirar por el Señor. “El Señor mira el corazón” (1Sm 16, 7). Correspondamos a la mirada de Dios, que es una mirada amorosa y misericordiosa que penetra nuestro corazón. Una mirada que nos reconcilia y nos reconforta.
Muchas reflexiones pueden surgir en el contexto de esta pandemia y eclesiológicamente también cabe resaltar algunas realidades profundas, entre ellas el misterio de la comunión y de la familia como iglesia doméstica, como pequeña iglesia. Nunca como en este tiempo la Iglesia ha experimentado el poder de la comunión de los santos, la comunión de oraciones, en particular en la celebración eucarística, celebrada diariamente por los sacerdotes sin presencia física del pueblo.
Es la hora de la familia, de ser “lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas” (oración a la Sagrada Familia, Amoris Laetitia). Es la hora en que la familia redescubra su responsabilidad como transmisora y educadora en la fe de los hijos. La oración familiar es signo de unidad y comunión.
También, quiero decirles que continuamos en el itinerario cuaresmal, ya prontos a celebrar la Pascua, el misterio central de nuestra fe, la muerte y resurrección del Señor. Recordemos los medios que la Iglesia nos brinda para vivir la cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna. Recordemos también el mensaje que el Papa Francisco nos regaló para este tiempo de gracia: “En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios” (2 Co 5,20); qué oportunidad más bella, hemos tenido al estar en casa para vivir los medios cuaresmales y dejarnos reconciliar con Dios.
Este virus está marcando una huella imborrable que nos muestra la condición humana, la fragilidad y la inestabilidad de la materia. Si el mundo presenta una perspectiva materialista, nosotros los cristianos hacemos una lectura de fe, donde nuevamente, a pesar de la adversidad y la tribulación contemplamos la presencia salvífica de Dios que acompaña a su pueblo. Recordemos la promesa del Señor: “Yo estaré con ustedes todos los días” (Mt 28,20).
Desde nuestras casas sigamos preparándonos con fe y esperanza para acoger en nuestros corazones la alegría pascual. Que la resurrección del Señor sea la certeza de que la vida triunfa sobre la muerte y sea la oportunidad para valorar nuestro bautismo. Realmente por el bautismo nos unimos a Cristo resucitado, de tal manera, que la vida eterna la empezamos a vivir cuando acogemos la vida nueva que el Señor nos trae.
Como padre y pastor quiero motivarlos y animarlos a seguir celebrando la fe. Celebraremos una Semana Santa única e irrepetible para muchos, una semana santa en familia, hagámoslo con toda la unción debida, sintiendo la presencia cercana de Dios que quiere resucitarnos con su Hijo a una vida nueva. Mi palabra en estos momentos es de esperanza y misericordia.
1. A los presbíteros los animo a seguir pastoreando sus comunidades parroquiales. La situación actual nos exige una manera nueva de ejercer el pastoreo. Dicho pastoreo lo ejercerán presidiendo la Eucaristía, con la adoración al Santísimo y con la oración personal ejerciendo un ministerio de intercesión por los fieles a ustedes encomendados. También los invito a la CREATIVIDAD PASTORAL, a una PASTORAL DIGITAL, continuando con entusiasmo, la utilización correcta de los medios digitales de comunicación. Acompañen a su comunidad parroquial con la meditación de la Palabra de Dios, con la catequesis y demás iniciativas que puedan surgir. Presten especial atención a la animación de las pequeñas comunidades y grupos apostólicos.
2. A las comunidades de Nueva Evangelización y Movimientos apostólicos los animo a sentir el llamado del Señor a ser evangelizadores virtuales. La mayoría de sus miembros navegan en las redes, aprovechemos la ocasión para ser mensajeros de esperanza. Les agradezco de corazón todo lo que nos ayuden hacer en el acompañamiento del Pueblo de Dios, que puede desconcertarse y cuestionarse frente a su fe en esta crisis de salud.
3. A los fieles de nuestra Diócesis en sus distintas Parroquias los animo a fortalecer la fe, a mantenerse en la esperanza y a vivir la caridad desde el aislamiento preventivo. Como pastor diocesano les digo que seguirán siendo acompañados y atendidos pastoralmente. Nuestro acompañamiento no es solo sacramental, nuestra misión es más amplia, somos sus pastores. Ante la situación dada, la dimensión sacramental de nuestra fe y la celebración de la liturgia adquieren un sentido distinto, pero igual de profundo que cuando participamos físicamente de los sacramentos y demás celebraciones litúrgicas, porque estamos llamados a adorar a nuestro Padre Dios en “espíritu y en verdad” (cf. Jn 4, 23 y Rom 12, 1-2). Es hora de que se sientan amados y evangelizados más allá de la sola administración de los sacramentos, con el anuncio del Evangelio y la catequesis. Los templos se cerraron, pero no la Iglesia, la Iglesia está viva.
Como pastor, por medio de la fundación CÁRITAS DIOCESANA, velaré para que se de toda la atención pastoral y social que sea posible desde allí. Se siga prestando la ayuda a las diferentes instituciones de caridad de nuestra diócesis. Es el tiempo de la solidaridad.
Finalmente, a quienes les interese profundizar más, les comparto las indicaciones dadas por la Santa Sede sobre la celebración del Triduo pascual, el sacramento de la Reconciliación y las indulgencias especiales, y unas recomendaciones que doy como obispo diocesano.
Que la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Pobreza, Madre de Dios y de la Iglesia, Salud de los Enfermos y Auxilio de los cristianos, nos acompañe e interceda por nosotros.
Con mi bendición
+ RIGOBERTO CORREDOR BERMÚDEZ
Obispo de Pereira
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