Una novela que nos enseña a ser, de párrafos intensamente preciosos, una narrativa de la psicología, de la amistad y de las potencias ancestrales.
Mauricio Palomo Riaño*
El lector entrará fascinado a una historia de fantasmas real contada por Mark Twain a Dorothy Quick. Antonio Malpica escribe El bosque, la noche y el viento, una novela publicada por Panamericana Editorial, que juega con isotopías potentes en su título, pues le dan el hálito necesario para trasladarla al género del terror, ya que se mueve en campos semánticos que nos trasladan al otro mundo de Samuel Clemens, mejor conocido como Mark Twain, el mundo real, no el literario, el de las atmósferas lúgubres, el lado oscuro de Las aventuras de Tom Sawyer. Un ejercicio de metaliteratura genial. El transtexto, lo terrorífico de la historia que de niños leímos y vimos en televisión.
Los espacios, las formas narrativas y las imágenes que se van dibujando con los ritmos umbríos dentro de la novela tienen connotaciones de terror, pero también se puede hacer la conversión al romanticismo más absoluto, no por nada ambas categorías nacieron con las simbiosis propias de la época y del movimiento.
No deja de parecer sobrenatural lo real, el cómo se contó por Mark Twain la historia de Tom Sawyer, esa que todos conocemos, y el cómo realmente ocurrió, contada aquí en el libro de Malpica, ¡Brutal! El lector no podrá menos que sobrecogerse, ya que tenemos toda la imagen de Las aventuras de Tom Sawyer y aquí empezamos a encontrar un tufillo que deja percibir que la historia se terminará yendo hacia otro territorio, como en efecto ocurre. En esta novela asistiremos a unos preámbulos que están enmarcados por lo atractivo, por lo terrorífico y por lo pesadillesco. Un exordio enmarcado en la promesa de una lectura asombrosa y lo más destacable es que en el transcurso de la novela se mantiene ese ritmo.
Galería de cosas
En esta novela hay una galería de cosas que sobrepasará al lector, esas excelentes imágenes de quienes han perdido el miedo después de haberlo anidado, los instantes del desborde en los que ya nada nos atemoriza porque hemos vivido en esa cárcel mucho tiempo y la certeza de que los presentimientos deben ser siempre atendidos, las advertencias del hombre negro con los ojos abiertos, las metáforas del sueño en el umbral del temor, la aparición de Taloowa; suprema y potente, las aventuras terribles de los niños piratas, las devastadoras escenas, la pista de una muerte por ahogamiento y hasta ese contenido existencial, ese sentir del lector frente a las cosas funestas que se avecinan y la doble visión en una isla a la que no se puede arribar en el ocaso del día so pena de no salir jamás de ella.
La lógica y la retórica de Tom Sawyer, hermosa y certera: para los niños la aventura siempre será lo llamativo y lo genial, es algo arquetípico que en la novela se dibuja diáfano. Como ejemplo, cito ese rebautizo de Huck, de Joe y de Tom con cada uno de los nombres de piratas tremendos en océanos de mentiras que pasan a ser verosímiles: El manos rojas, El terror de los mares y El negro vengador de la América española; díganme si no es un prodigio, una maravilla de la imaginación, ¡Bellísimo!
La novela también es una transición, es el final del juego como el epílogo también de la niñez, en suma, también es el querer volver al país de la infancia inmóvil, en el fondo muchos quisiéramos hacerlo, ese regreso a un no lugar, porque ya no existe más que en la poesía de la memoria. Creer no es lo mismo que estar seguro.
Agrada la forma en que el autor hace anochecer de manera profunda, el cómo narra demoledoramente el sacrificio de uno para la salvación de los otros. Ese llorar hasta la muerte. Brutal cuando uno descubre que el único leal es uno y que siempre hay alguien que juega con ese ajedrez, pero al final una maravilla de la vida, de la condición humana, y es que no puedes contra la lealtad de un niño.
El silencio
El precio es el silencio. A esta novela el lector se debe acercar presto, concentrado, con los ojos en todos lados, los cambios de voces narrativas son geniales, el cómo se sale de un lugar de enunciación y se mete en otro, esos trucos del oficio del buen narrador. El bosque, la noche y el viento, es decididamente una novela muy bien escrita, que mantiene la tensión, algo ya difícil de hallar en novelistas actuales.
La tristeza infinita que lleva a tener a Sid como hermano de Tom en las aventuras que se nos contaron desde infantes, porque la realidad fue muy distinta. El joven Sawyer jamás tuvo hermanos. Una mujer tejida con retazos de cadáveres, párrafos transgresores, amistades sepultadas por el engaño que al final no triunfa, una Taloowa demoledora, el mundo onírico de lo terrible, el río como elemento salvador, los tremendos relatos anecdóticos, la incertidumbre siempre rondando, la infancia acabada de una manera abrupta, el espíritu de una isla que sigue reinando. Una novela que nos enseña a ser, de párrafos intensamente preciosos, una narrativa de la psicología, de la amistad y de las potencias ancestrales. Hay que obrar siempre, el silencio es encubridor, debemos vivir con exuberancia, amar y creer con la misma potencia. Igual, seremos olvido.
Asistan, pues, a una novela que también es arrullo, como Talloowa, un ejercicio de metaliteratura perfecto, cuestionador que ausculta en las profundidades del alma humana, el mal es solo una palabra, el asunto está en lo que haces con él. Por lo contrario, está algo no menos terrible: Sé bueno y te quedarás solo.
- Profesor de literatura y escritor. Ilustraciones de Fabián Rivas



