Ojo con el cine, Me escribieron Chaplin y Tarantino

Germán A. Ossa E.

Me gustó mucho reflexionar con lo que está sucediendo con  el cine, con las historias seriadas, con la crítica de cine, con las películas que ya se fabrican en serie y por millones, con tantas cosas que se suceden alrededor de esta industria que nos encanta y que está enloquecida, porque hasta de la “otra vida” y desde esta, me llegan cartas comentando lo que nos angustia, porque no es a mí no más, a quien inquieta lo que pasa.

Muchos amigos, grandes amigos sobre todo, comparten muchas de mis opiniones, pero puede ser por solidaridad, por la cercanía, porque nos arrunchamos a confabular, pero ya que lo hagan los protagonistas de lo que cuestionamos, unos desde “el más allá” y otros desde aquí mismo, desde la meca del celuloide, desde nuestro planeta cercano, aceptando nuestras irreverencias, eso nos halaga demasiado, haciéndonos creer que vamos por un buen camino.

Charles Spencer Chaplin, sí, el cómico más famoso que ha dado el arte del Siglo XX, antes que nada me dijo en su misiva:

“Respetado Señor Ossa;

Agradezco que desee poner esos puntos sobre las íes como lo ha hecho en sus comentarios publicados en “Las Artes”, ese maravilloso Suplemento Literario que circula con el periódico El Diario de su ciudad días atrás, pues usted no sabe lo que he sufrido desde cuando decidí abandonar la tierra y sus absurdos lujos, para venirme dizque a descansar en este cielo que me ha dado Dios con tantas y tan increíbles comodidades, pero él bien lo sabe, que uno no se relaja aquí del todo por mucho que lo desee y se haya escrito que así debería ser, pues además, uno sí desearía saber que lo que hizo con toda el alma para alegrarle la vida a sus congéneres y a sus seguidores y admiradores y fieles creyentes con lo que uno se inventó, hubiera cumplido su cometido y generado una tranquilidad que pudiera haber ayudado a encontrar una vida mejor después de disfrutar de nuestras ocurrencias; pero encontrarse con que a su alrededor, aparecieran unos mercaderes de la felicidad tan codiciosos y avasalladores, en grado tan exacerbado como lo que ocurrió con todo lo mío, ya no lo dejan a uno tranquilo, independiente de que uno se hubiera llenado de dinero con lo que logró hacer, a pesar de haberle permitido ganar también otro tanto a todos aquellos que en su momento trabajaron haciendo equipo, permitiéndome tanta felicidad. No me gustaría usar una grosera palabra, pero publicar y reproducir y proyectar y exhibir y repartir y distribuir y comercializar y vender en forma tan agresiva  mis mismas películas, todos los días y a todas horas (en este momento que Usted está leyendo mi carta por ejemplo, en más de una parte del mundo, lo más seguro es que haya gente viendo una o varias de mis cintas), me avergüenza, pues detrás de todo ello no está el deseo de llevar un mensaje a esos espectadores para que intenten vivir  un mundo mejor, sino, esperar a que la función termine para encerrarse a hacer las cuentas de cuánto nuevo dinero entró a sus arcas…

Por tal motivo, siento pena.

Le agradezco que se haya detenido a cuestionar la manera como los comercializadores gigantes del cine se enriquecen cada vez más,  multiplicando una serie de productos que si se usaran mejor, de una manera más inteligente y racional, además de agrandar sus riquezas,  pudieran generar otro tipo de riqueza que en lugar de oro, plata y dinero, mucho dinero, llenarían al mundo de una envidiable felicidad. Un abrazo”.

Tarantino

Y Tarantino, que no es tan pesado para escribir largo me dijo:

Sr. Ossa (Como me dice alguien muy de cerca y con mucha frecuencia):

“Después de haber sido yo un vendedor exagerado a más no poder de películas en una Videotienda, donde tuve la oportunidad de mirar muchas veces la misma película y vender muchas de ellas y hasta alquilar otras tantas, decidí una vez intentar hacer otras.

Después de obtener el éxito que obtuve con casi todas las películas que hice, untadas de sangre, droga y hasta sexo, y llenar mis arcas de mucho dinero, pensé que podía dejar ese vicio de hacer cine y plata para dedicarme a ver las cosas bellas que me faltó ver cuando me dediqué a la realización, pero como empecé a sentir lo mismo que usted está sintiendo, fatiga, cansancio, pereza por encontrarme con tantas cosas tan malas, me animé para retirarme de la dirección, pues no quise estar adentro de ese mercado que va a dañarle a los espectadores los ojos con tanta basura, pues no quiero ser culpable de nada tan nefasto adentro de esta industria que siempre creí, pudo de alguna manera haber sido muy noble y que de verdad dejó muy rápido de serlo. (Usted bien sabe que el Cine es el arte más joven que existe).

Así es que me has animado a seguir contemplando la posibilidad de no hacer más películas y me voy a dedicar de lleno a hablar sobre el cine, y de manera muy especial, solo de aquellas películas que dejan en la memoria y la inteligencia de los espectadores, verdaderas enseñanzas. Gracias por sus notas”.

Quentin Tarantino.

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