Palabras precisas para narrar la violencia

Una obra luminosa y conmovedora, uno de los mejores libros de amor de la literatura reciente.

¿Es la tristeza, la devastación íntima, lo que nos da la medida de nuestro amor cuando perdemos al ser amado? ¿O será tal vez la intimidad de la convalecencia una extraña forma de ternura, el último asidero de la felicidad compartida?

Un año y tres meses reúne los poemas escritos por Luis García Montero a raíz de la pérdida de su mujer, Almudena Grandes. Son poemas que evocan con delicadeza y emoción contenida a veces, desatada otras, la enfermedad y la convalecencia de ella, la vivencia y la emoción de lo vivido

Foto: Mercado Libre
Foto: Mercado Libre

En sus versos se despliega el argumento del último paseo en verano, el diagnóstico inesperado, los cuidados, la noche de Fin de Año en el hospital, el desgarro del dolor, la casa vacía, los recuerdos convocados por la ausencia, los momentos de una larga historia de amor que aquí cobra todo su sentido.

Tal vez el libro más conmovedor de Luis García Montero, por la contención, la evocación serena de momentos angustiosos, la inmensa ternura evocando la complicidad y el recuerdo de la que ya no está. Tal vez por ello, y sin proponérselo, uno de los más hermosos libros de amor de la literatura reciente.

Los poemas

El misterio y el secreto

Por nuestra orilla caminamos solos bajo el atardecer, mientras las huellas van y vienen. Lo que acerca la espuma se va con la resaca. Para que no te dañe el sol hemos salido casi en el crepúsculo, cuando los sentimientos se desnudan sobre la arena todavía cálida y un murmullo de luz escribe el horizonte que nos mira. Como una carretera, donde las luces rojas son frenos de la noche, vemos pasar despacio las preguntas sin saber qué decir. No es lo mismo un misterio que un secreto, pero los dos se mezclan: lo han aprendido ahora nuestras conversaciones contenidas. Qué difícil andar con pies descalzos y miedo a lo que corta. Qué difícil saber lo que se esconde en esta caracola.

Orillas del mar, dejadnos soñar.

La verdad de las ficciones

La veo en el espejo mientras se arregla los cabellos como quien hace cola en la puerta de embarque en busca de un destino. No sé lo que baraja su paciencia, ni lo que cabe en mi silencio. Me vigilan a mí los maniquíes con su sombra de ojos y sus pelucas educadas en el verbo buscar y en la razón del arte. Cabellos en el viento de la vida, tristezas rubias, pelirrojas, negras, ordenadas por la quimioterapia. Eres tú, le comento, y me sonríe. Ninguno de los dos, ninguno, nunca, habíamos sentido de este modo que existe la verdad en las ficciones.

Nunca tuvieron las miradas tanto amor a la vida.

Lectores

También es el amor una luz negociada. Somos barcos nocturnos que fondean en esta habitación junto a una cama que parece un puerto. No me importa que tardes en apagar la luz si me quedo dormido en tu lectura. Un faro parpadea muy pegado a tu cuerpo para que Ulises pueda hacer justicia, mientras que Fortunata naufraga por las calles de Madrid y la esperanza se defiende con uñas y alegría en la ciencia ficción de cualquier cuerpo. Tampoco tú protestas si yo enciendo la luz antes de hora. Duermo poco. Digamos que a las cinco mi mesita de noche es una dársena donde hay carga y descarga de palabras que pasan a tu sueño. Por Nueva York camina Baudelaire, Federico en París, mientras Machado cruza la frontera y Cernuda nos habla de Galdós bajo el cielo de México.

El amor es también una luz negociada. Me das tus sueños al vivir los míos. Te doy mis sueños al guardar los tuyos. Historias que se enlazan como cuerpos.

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