El mismo que nació con el maracanazo y a pesar de que ha sido la alegría de vivir, ya pidió su último deseo: que le canten, ‘Mi cruz’.
Angel Gómez Giraldo
En el año de 1.950 el mundo del fútbol enmudeció y con el Pereira que en esos años ya era distinguida en Colombia como ciudad cívica por excelencia.
Pues en el marco de este fenómeno tan sentido por los aficionados a este deporte, nació aquí un niño quien llegaría a ser un exitoso cómico, humorista y defensor de la alegría por mandato de Mario Benedetti, el poeta uruguayo cuya selección de fútbol protagonizó el maracanazo contra la del Brasil en el campeonato de este mismo año.
Cuenta la historia de los campeonatos mundiales de fútbol que Brasil y el mundo enmudecieron cuando el jugador Pepe Schiaffino marcó el primer gol del partido que convirtió al pequeño país sudamericano en campeón mundial, para una derrota que se conoció como el ‘maracanazo’.
Ahora, el niño nacido de más en tales circunstancias en Pereira, no vino con llanto, sino con risas y alegrías, fue bautizado una mañana calurosa con nombre de esmoquin: José Hebert y apellidos de familia grande y duro trabajo: Grajales Marín.
El papá, José Gonzalo y la mamá, Ana de Jesús, hicieron amores y cantaban bambucos en el huerto de la casa durante las noches de luna llena para que los vecinos supieran que se amaban de verdad.
Lo anterior lo cuenta ahora José Hebert quien aunque con un camiona’o de años encima, conserva la mente sana. De esta manera me fue llevando por los caminos de la vida, este lunes de abrigo y “tinto” caliente.
Retrato
Caminar ya le cuesta un bastón, más lo sigue distinguiendo el buen humor con que nació y que le puso en el perchero a Pereira, la ciudad que ha reído con él.
Su mirada ya está baja pero con buena luz en los ojos aún.
La voz le sale fácil del corazón y es la del varón que la tiene cantarina.
La chaqueta de color negro cerrada hasta el cuello porque hay que cuidar la garganta más que la niña de los ojos, niña que nadie sabe cómo se llama, para demostrar tal vez que todavía hace chistes.
En la infancia fue privilegiado, ya que sus juguetes fueron un tranvía y un tren, primer sistema masivo de transporte con que contó la perla del Otún.
“Yo era el niño que corría tras el tranvía y nunca lo alcancé”.
Cuando el automóvil reemplazó al lento tranvía se enamoró de la berlina por ser el carro más lujoso de la época.
Se trataba en realidad de un coche cerrado de 2 asientos con compartimiento delantero de carruajes que tenían varios.
A la escuela Rafael Uribe Uribe llegó para las primeras letras, gracias a las señoritas Vargas, vecinas y maestras, quienes se regalaron para enseñarle a escribir.
Añadiendo que como mero asistente pasó a la universidad a la que no volvió porque cayó en la cuenta de que para hacer reír a las demás personas no se necesita hacer estudios superiores.
El artista
Terminó entonces siendo ‘Cepillín’, el payaso que le sacaba risas a la gente por encargo y animaba eventos de bombas y cintas de colores.
Se cree que el payaso surgió 2 mil 500 años antes de Cristo en Egipto y fue bufón de la corte. Algunos sostienen que el humor del payaso ‘Cepillín’ contribuyó sobre manera al progreso de la ciudad que terminó siendo capital del Departamento de Risaralda.
Aplaudido bajo las carpas del Circo Colombia y el Star Circus, tuvo fama de ser un payaso mundial. También quería cantar y lo primero que hizo fue recurrir al nombre artístico de ‘Yaco’ el Nuevo, nacido en la trasnochadora y morena Pereira.
-¿Hasta dónde lo llevó el humor y el canto?
Se convirtieron en mis aliados para el éxito artístico y hasta para mi internacionalización.
-¿Qué gano?
Festivales de la canción en Colombia y otros países de América Latina.
– ¿Usted ha dado mucha alegría, pero cuál ha sido su mayor alegría?
Mis hijos, Hebert Adrián y Cristian Camilo.
-¿Su gratitud?
Es para mis primeros profesores de música, Jairo Henao, José Torres y el maestro Ramos.
Soledad
Hoy por hoy la soledad no le cabe ya en los pantalones después de tanto celebrar para otros.
-Sí, todo se acaba, nada es eterno
Vive tan solo que escucha por las noches el fantasma de la soledad que le llega sin avisar a la humilde pieza que habita.
“Quizás viene a ver si ya morí”, subraya más con humor que con tristeza.
¡Soledad del tiempo, no seas tan sola con el payaso Cepillín y ‘Yaco’ que vos sabés que fue la risa del circo y la voz cantada en cantinas y bares!
A pesar de que echarnos encima estas tristezas que el tenor Juan Diego Laverde y yo le escuchamos, lo complacimos cuando nos pidió que lo acompañáramos al bar El Cafetín para escuchar tangos y ver coperas.
La última revelación que me hizo durante la entrevista es que le ha pedido al artista del bello canto, que le cante en sus funerales ‘La cruz’ de mi penar, en la versión de Alberto Osorio.



