Reviven los recuerdos y la imaginación nos hace retroceder hacia los hechos luctuosos que tanto golpearon a nuestros antepasados.
Fabio Vélez Correa
Alfredo Cardona Tobón siguiendo su línea de trabajo investigativo sobre el occidente caldense, con énfasis en las guerras civiles y la violencia política, vuelve a la edición con una nueva obra El Canto del Barranquero, una novela que gira en torno a los acontecimientos violentos de origen político, ocurridos en el pueblo de Opirama (alusión literaria de época.
En el resguardo indígena de Guaspaya, donde en tiempos idos los indios currumíes veneraban a Xixaraca, el Creador del mundo y a Michua, la Señora del Valor y de la Guerra, se desarrolla gran parte de la obra que registra el afán de quienes al querer borrar las ideas ancestrales sumieron la región en la tragedia y el caos.
Fue política del gobierno de entonces eliminar el partido opositor, considerado ateo, y comunista y para ello, utilizó a los “pájaros”, a los chulavitas (policía corrupta y asesina) y a los políticos venales que incentivaban las acciones más crueles dando paso a la zozobra y el terror y al instinto de supervivencia de los perseguidos que se levantaron en armas para proteger sus vidas.
Su pueblo
Con esos elementos el autor Cardona Tobón estructura su escrito basado en la historia de su pueblo que saca a la luz, utilizando las herramientas narrativas de la novela, señalando a los protagonistas y antagonistas con nombres ficticios, pero con formas de ser y características reales.
Aparece Crótatas Londoño Jaramillo, jefe supremo del conservatismo de la provincia, un político sagaz, sectario, parecido a Mussolini, el dictador italiano, con quien se identificó tanto, que copió el tono de su voz, los gestos y los ademanes del mariscal “fascista” que con palabras enardecidas, pregonó la destrucción del poblado de Opirama.
En la trama figuran los “pájaros” con el alias de “Lamparilla”, “Pálida Azucena”, “Carepalo”, “La Perdiza”, “El Celoso” y el jefe Ramón Zuleta, secuaces obsecuentes y asesinos y entra a escena el sargento Cuítiva, comandante de los chulavitas, también el “Capitán Veneno” con su cuadrilla acostumbrada al ataque a mansalva y al robo e irrumpen las chusmas de” El Vengador” y del “Sargento García”.
La gente oprimida, atacada y vejada es actora estelar, allí está Etelvina, la madre de Graciela Salinas, “La Aviadora”, que abandona el pueblo muy jovencita y al lado de míster Brand, se convierte en contrabandista y pistolera que opera con el haitiano Pierre y el indio de San Blas conocido como Tulé.
Graciela lucha por su pueblo entre santos y orishas mientras Cándido Aricapa, gobernador del resguardo indígena de Guaspaya y jefe de los indios currumíes con su esposa Clementina Guapacha respaldan a Gerardo Trejos Ladino, alias “el Vengador” junto con Zofonías Largo y su aliados “Pateperro”; Tulia “La Cucaracha” y Suso el embolador.
Bonifacio el peluquero sigue el vuelo de los pájaros tres patas y escucha los gritos de los tamaracas que habitan en lo más profundo de las hondonadas y se agitan al estallido de los tacos de dinamita. La acción se desarrolla cronológicamente, en espacios geográficos limitados por sus cerros tutelares: “Gobia, con figura de viejo jorobado, Puntelanza que parece un pene metido entre las nubes, el cerro Cantamonos con tesoros escondidos en sus entrañas, Ginebra con guayacanes floridos y en el fondo el cerro Carambá” rodeado de mitos leyendas..
Coloquial
Los acontecimientos se relatan en un lenguaje sencillo y coloquial, no exento de cierta belleza literaria, con palabras precisas y fáciles de entender. El manejo de las descripciones y de los diálogos, demuestran la maestría de Alfredo Cardona Tobón, en su labor de escritor y relator de los hechos viejos.
Al leer las páginas de “El Canto del Barranquero” reviven los recuerdos y la imaginación nos hace retroceder hacia los hechos luctuosos que tanto golpearon a nuestros antepasados.
El Canto del Barranquero es una novela con base histórica que permite a su autor entregar unos textos sobre hechos y personajes de su región natal, que, paralelos con acontecimientos similares en muchos lugares de Colombia, dejaron una sombra triste y dolorosos recuerdos.
Es la historia de una comunidad que pese al sufrimiento sobrevivió a todo tipo de desgracias.



