Sol y sangre en el parque

Ángel Gómez Giraldo

El pasado lunes festivo 11 de noviembre se me vino encima con un solecito avispa a la hora del medio día, despertando en mí la memoria como para no olvidar el más reciente crimen que tuvo como escenario el parque La Libertad de Pereira donde la víctima fue una mujer que recibió de otra una puñalada en el corazón. !Ay corazón!, si eres la vida misma cómo se pueden meter contigo.

Pensando que a los 4 días siguientes o sea el viernes 15 de este mismo mes de noviembre se estarían cumpliendo 60 días del homicidio de la mujer, me dirigí al sitio de los hechos para entrevistar a las personas que allí permanecen como si estuvieran en playa nudista, ya que algunas mujeres aparecen con mínima ropa y algunos hombres no llevan camisa cuando el clima es calentano aquí en la capital de Risaralda.

Y créanme que me fue como a la suegra cuando la interrogan sobre el yerno porque me lo contaron todo.

Y eso que no llegué filipichín sino camuflado de “rebuscador”.

Hice presencia antes de las 2:00 de la tarde, hora del suceso de sangre, según la crónica policíaca, ubicándome sobre la acera de la calle 13 entre carreras 7 y 8, paradero del transporte urbano de busetas, precisamente frente al parque.

Toda una cuadra de venta de zapatos baratos, panaderías, hoteles calientes y mujeres casquivanas que se lo pasan en el portón de estos hoteles para ser portoneras, subir con hombres a la pieza para enseñarles por unos cuantos pesos que no es necesario morir para ir al cielo por un rato.

 

En el oficio

Situado de espaldas a la residencia Gi-Mar cuando de manera automática miré hacia atrás dando una media vuelta que me puso de frente a esta edificación de vida alegre.

En el portón, la portonera, mujer quemada en el reverbero de muchos infiernos, rostro empezando a marchitarse pero con ojos de fogata ardiendo.

Al notar mi presencia sonrió como persona pobre al ver el dinero que llega a sus manos.

Al encontrarla tan receptiva, insinuándome que me le acercara aún más, lo hice y empecé a interrogarla sobre el asesinato de la mujer, ocurrido casi dos meses atrás.

El tema la hizo cambiar de actitud pasando a ser displicente ya que me respondió: “Sobre eso yo sé mucho pero ahora estoy es trabajando”.

En consecuencia un poco frustrado ingresé al parque casi que de una zancada y pensé: “Esto te pasa Ángel por meterte con mujeres que viven más con la necesidad que con la ansiedad de estar con un hombre”.

Así que con un sabor agridulce entré en diálogo con las personas que comercializan y se recrean en el parque La Libertad.

Lo hice con las vendedoras de tinto, con los que calman ansiedades con cigarrillo y golosinas, con los que ofrecen jugo de frutas y la “masamorri” como llaman los parceros a este alimento antioqueño. Entrevisté hasta las personas que allí se juegan la vida con el parqués.

La historia

Conociendo pues la historia de primera mano la he interpretado de la siguiente manera:

Que era el día domingo 15 del mes de septiembre entre la 1 y 30 minutos y las 2:00 de la tarde y en el parque se encontraban dos mujeres haciendo lo que sabían hacer, Emilia Pamplona Rodríguez de 50 años con tal contextura física que muy bien podría haber sido boxeadora, vendiendo tinto amargo o dulce, y Odilia Becerra Sánchez de 52 años, conocida en el entorno como “La Negra”. Esta aunque frágil andaba con la suerte en las manos ya que vendía lotería.

“Hacía días que ambas mujeres venían riñendo”, reveló el vendedor ambulante que se hizo el muy “manuelo”, protegiendo su identidad dando solo el nombre de Manuel.

Un sol el “macho”,  de medio día, parece que sofocaba a las dos mujeres.

Así que la Emilia una vez vio a la Odilia, “que se las debía”, sacó el puñal como por arte de magia y con toda la fuerza que tienen sus manos de pugilista se lo clavó en el pecho.

La navaja le cortó en dos el corazón a Odilia como lo hace con una naranja.

Y dizque no alcanzó a decirle siquiera pérfida a la que había sido hasta el primer disgusto su amiga, porque cayó sobre el piso como una flor marchita convirtiendo al parque en una mar de sangre.

Seguidamente la levantaron con vida aún pero como al corazón cuando lo tocan se va la vida, Odilia Becerra murió cuando era intervenida en el Hospital Universitario San Jorge, dejando huérfanos a sus 3 hijos. Donde cayó herida se pintó una cruz blanca- calvario- para que no se olvide que aquí empezó a perder la vida una mujer que terminó falleciendo en el hospital.

La asesinaron a 80 pasos del templo de Nuestra Señora de la Valvanera y a 50 del CAI Libertad dentro del parque.

!Oh Dios!, ni los 5 policías que prestan el servicio de patrulleros ni todos los santos residentes en el templo acudieron con prontitud a impedir el crimen donde la víctima fue Odilia.

La autoridad no lo pudo hacer porque lo más seguro fue que se le acabó la gasolina a las motos en que suele movilizarse, y los santos a pesar de que tuvieron las mejores intenciones no pudieron salir porque encontraron las 4 puertas protegidas por rejas de hierro forjado cerradas, ya que no era hora de misa.

Sin embargo fueron los patrulleros del CAI La Libertad los que minutos después aprehendieron a la mujer, Emilia Pamplona, como sospechosa de haber matado a Odilia Becerra. Había huido  buscando la carrera 9a. para evadir la justicia.

La supuesta homicida se encuentra en la cárcel esperando que el juez la condene.

 

Parque de La Vida

Pareciera que el mes de septiembre fue del mismo diablo y de los feminicidios en Pereira ya que 3 días después, 18 de septiembre, dos mujeres fueron halladas muertas en Monte Bonito, Dosquebradas.

Trascendió luego del fatal hallazgo que la población femenina de este sector vivió la noche anterior la premonición del mismo  con una tempestad eléctrica que duró hasta la mañana siguiente, la que reventó los cristales de los ventanales de 20 viviendas.

Lo que sigue les hará echar chispas porque terminando el mes, 26 de septiembre, justo a los 11 días de la tragedia en el parque La Libertad y a los 8 días de haber hallado los cadáveres de dos mujeres en Montebonito, sucedió algo tan cruel como paradójico: en el parque de La Vida fue asesinada otra mujer identificada como Deisy López.

Y pensar que en Colombia hubo un tiempo en  no mataban a las mujeres, sino que ellas se morían de amor siendo fieles a sus esposos.

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