Su fortaleza, la mayor obra de arte

Nacida en Pereira es reconocida en el mundo como la artista plástica de mayor renombre en la actualiDad. Bicicletas y escaleras, características de sus obras.

Por Mariana Suárez Guarín

Elsa Victoria Ríos, conocida en el mundo artístico como Elsa Victorios, nació en la Clínica Pereira (Risaralda), es ciudadana americana, madre de tres hijos, una mujer talentosa, aguerrida, sencilla, amigable, tranquila, luchadora, perseverante, actualmente reside en Fort Lauderdale donde tiene su galería y estudio de arte. Es catalogada en el extranjero como la artista plástica colombiana más importante en la actualidad, el año pasado le detectaron cáncer, pero con valentía y el amor por sus obras de arte, lo supera como muchos otros retos difíciles que se le han atravesado en el camino.

¿Y por qué las artes plásticas?

Siento que a mí me eligió esta profesión, desde muy niña, en los colegios donde estudié, los Sagrados Corazones y La Enseñanza, los profesores o las monjas siempre me elegían para dibujar en el tablero: un árbol en la clase de Ciencias; a Moisés en la clase de religión; en Geografía el mapa de Colombia y así; recuerdo que profesores de otras clases me sacaban de mi salón solo para que fuera y les dibujara. De igual manera me pasó en la universidad cuando estudiaba en Bellas Artes en la Nacional o estudiando los cursos con mis maestros, por lo general siempre me pedían que les colaborara como asistente, y sin darme cuenta, estaba haciendo arte para enseñar arte, y al mismo tiempo me educaba.

¿Recuerda su primera obra?
Sí, a los 7 años de edad, hice un dibujo en acuarelas y lápices de colores, cuando participé en un concurso y me gané un premio de pintura infantil en el colegio la Enseñanza; recuerdo que dibujé un payaso, con una mano en el bolsillo y con la otra haciendo una expresión de pregunta, sobre un escenario, donde dibujé una atmósfera con público espectador, y a cada personaje que pinté le puse círculos con signos de interrogación, obra que titulé ¿Qué tengo en los bolsillos?

¿A qué edad se fue de Pereira?
En dos tiempos, a los 15 años de edad, nos fuimos a vivir a la ciudad de Bogotá, pues mi hermano mayor se graduó bachiller del colegio La Salle y se iba a estudiar a la Universidad Jorge Tadeo Lozano, entonces mis padres querían que estuviéramos todos juntos e hiciéramos nuestras carreras profesionales en esa ciudad. Viviendo en Bogotá conocí a mi primer esposo Manuel Gonzalo Mesa Toro, abogado, me llevaba muchos años de diferencia y con él regresé a Pereira y tuve a mis hijos Juan Manuel y Victoria. Mi matrimonio duró 7 años.

¿Quiénes son sus hijos?
Juan Manuel es periodista egresado de la Universidad Javeriana en Bogotá, trabaja para El Diario de New York, donde es editor, es un gran escritor y vive en Oakland (California). Victoria es abogada, trabaja por la defensa de los Derechos Humanos, ha ganado varios premios defendiendo a los trabajadores del campo y del abuso sexual a las campesinas. En mi segundo matrimonio tuve a mi hija Stephanie, que es maestra de niños especiales y me colabora en mi estudio de arte y galería. Mis hijos son muy creativos, son mis mejores amigos, grandes compañeros e independientes.

Elsa Victorios, Su fortaleza, la mayor obra de arte / Foto: Su obra en óleo titulada Lonfona El viaje de curación
Elsa Victorios, Su fortaleza, la mayor obra de arte / Foto: Su obra en óleo titulada Lonfona El viaje de curación

¿En qué se inspira para crear sus obras
Soy una persona muy emocional, todo me lleva a hacer algo, soy muy inquieta, me acuesto pensando en un proyecto y al otro día lo ejecuto, siento que aún sigo educándome. Si cambias la manera de mirar las cosas, lo que miras cambia. Siempre he querido a través de mis obras, transmitir paz, positivismo, esfuerzo, buena actitud y alegría.

Hay bicicletas en su trabajo plástico, ¿por qué las involucra?
Mi padre falleció en el año 2010, él me enseñó a montar en bicicleta y siempre me decía, “mira siempre para adelante, no te distraigas para que no pierdas el equilibrio”. Cuando él muere, en su funeral mis palabras fueron: “Si miras para adelante sin distraerte, no perderás el equilibrio, y no caerás; pero si esto ocurre, solo límpiate y vuelve a montar”. Sus palabras han sido una gran enseñanza para mi vida: en el dolor, en la tristeza, en la enfermedad y en las malas circunstancias, seguir siempre adelante. Por eso la bicicleta ha sido un gran símbolo, inmerso en mis obras.

Pinté una obra pequeña de doce por doce pulgadas, una bicicleta encima de un puente, abstracta en colores amarillos, de forma esquelética, sin silla. Esa misma semana, el dueño de una galería me invitó a una exposición en formato pequeño, llevé esa obra. Allí la ve un filántropo, y me hizo la propuesta de realizar él una copia para exponerla y hacer una rifa para recaudar fondos. Hizo una obra en formato grande y yo la firmo. Fue un cuadro simbólico, el filántropo me confiesa haberse inspirado en la bicicleta que va para adelante. Posteriormente publico la obra en Facebook, donde la ve un galerista español, residente en Alemania, y me invita a exponer las obras de bicicletas en dicho país. Es así como descubro el simbolismo de las mismas; la bicicleta es ágil, silenciosa, cabe en todos lados, siempre va hacia adelante, uno la puede cargar, llevarla en los hombros, nunca va hacia atrás. En Turquía me invitan a una exposición donde recibo mi primer premio de una obra de bicicletas. A partir de ese momento no me bajo de ellas y me siguen solicitando desde Alemania, donde se vende mi trabajo y me invitan a exponer.

Y las escaleras también son características en su obra…
Cada peldaño representa una etapa en nuestras vidas, un ir avanzando y subiendo, como puentes. Algunos críticos las definen de una manera más fácil, por su expresión oral artística, yo solo las pinto. Bicicletas que aparecen en las nubes, viajando en globos, de colores; en azul, que representa el oxígeno, que necesitamos en nuestro cerebro; en rojo por la fuerza, en amarillo por la alegría; en verde por el amor y en naranja por las sorpresas de la vida.

¿Cuál es su premio más representativo?
En los últimos años he tenido reconocimientos en otros países, como en Asia, donde tengo obras permanentes en museos. En el año 2017 gané el premio “The World Contemporary Artist”, en Hong Kong, donde solo 20 artistas de 134 países, fuimos elegidos y yo la única americana, premio muy importante para mí. Allí conocí a muchos artistas destacados.

¿Qué le ha dejado el confinamiento?
Me tuve que encerrar porque soy de alto riesgo, vivo sola, y en este tiempo me di cuenta que tengo buenos amigos en todo el mundo, me llaman, hacemos video llamadas, se preocupan por mí. También voy al estudio dos veces a la semana a pintar ya que debo adelantar trabajo para nuevas exposiciones pendientes. En este tiempo se valora más a la familia, en mi caso tengo unos hijos adorados que nunca me han hecho sentir sola. Antes de dormir hago yoga, medito, tomo té y a la cama.

¿Que mensaje brinda a las nuevas generaciones de artistas de nuestra región?
La vida del artista es muy dura, todavía estamos en una etapa donde la gente no valora nuestra labor, como lo hacen con un médico, un abogado, en fin, todavía existe gente que no nos ve como profesionales. Yo nunca lo veo como un trabajo, porque disfruto siempre de mi arte. Uno como artista debe valorarse, hacerse respetar, es una labor digna, no debe regalarse. Aconsejo tener siempre un plan de trabajo, y ante todo ser disciplinados.

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