Tirando paso… sin tapabocas

Historias de la calle con la realidad y la magia en tiempo de pandemia y un texto con el fino humor del escritor colombiano Daniel Samper Pizano.

Ángel Gómez Giraldo

Al primer golpe de vista eran mujeres. Bueno, luego mirándolas más detenidamente no eran más que imitación llamando la atención con parte de la ferretería a la intemperie.

El día era uno de estos de pandemia en que el centro de la cudad parece un enfermo en cuidados intensivos. Desolado en el sentido de que uno no encuentra a los amigos, y a un temor general a la aproximación de las personas y un comcercio con las puertas de las tiendas a medio abrir y encadenadas para controlar el servicio al público.

Era la tarde del segundo sábado de este mes de noviembre con un sol mirando las carretas de los vendedores de chontaduro y mango en las calles cerradas con vallas que impiden el paso del transporte urbano.

Jóvenes, “ellas”, se encontraban ubicadas junto al árbol de mango que se levanta llegando a la calle 20 con carrera 8 de la Plaza de Bolívar, utilizándolo cual soporte de la orientación sexual que poseen. Personas trans quienes se han dado cuenta que su sexo biológico no coincide con el sexo psicológico y donde se encuentran incluidos los travestis, los transgénero, los intersexuales, antes llamados transexuales, y los en transición, según el médico Alonso Duarte, especialista en sexología.

El árbol
Este árbol de mango, de muy buen tronco y buena sombra, al parecer es uno de los tres que en los inicios de Pereira plantó el primer alcalde ecólogo que tuvo la Perla del Otún, don Juan María Marulanda durante el año de l881.

Mas en honor a la verdad no eran cuatro trans, ya que mirando con ojo de cangrejo, el pequeño grupo humano estaba conformado por un trans y tres “rebuscadoras”, como se les dice entre nosotros a las mujeres que suelen buscar en la calle al hombre que no tienen en la casa. Estas frecuentan la Plaza de Bolívar porque aquí cae de todo, hasta fruta de mango.

El trans hasta hace unos cuantos años no era más que un adolescente afeminado pero con ningún parecido al adonis.

Caminaba cual chica que pensando en ser modelo profesional, se lo pasaba ensayando pasarela todo el día y parte de la noche caminando de la Plaza de Bolívar al parque El lago Uribe Uribe. Ahora parece ser que hizo la transición a mujer respondiendo a su identidad de género.! Y de qué forma, Dios mío!.

Sin esforzar mucho mi memoria lo puedo describir ahora así: rostro de muñeco de ventrílocuo, escandalosamente maquillado, minifalda color azul y blusa blanca estampada con flores de todos los colores con escote en “V” por delante que dejaba adivinar unas teticas aún en “transición” a verdaderas mamas de hembra en celo. Eso sí, a la legua se veía que el trasero era postizo ya que era una enormidad que contrastaba con el cuerpo delgado como el alambre.
Otra vestía una camisa de hombre semi abierta con yin azul con rotos por donde se le asomaba lo más sobresliente de la geografía erótica.

Las otras dos restantes, tenían la actitud de mujeres, trabajadoras sexuales, mostrando que no todas se tiran en el pudor ya que estaban vestidas con cierto recato para ser mujeres con algo de dignidad. Eso sí, a las cuatro las caracterizaba el manejo correcto de la cartera o bolso de mano que no le da una mujer de verdad.
En el ambiente de la calle se dice que a un travesti no le puede faltar una cartera de mujer por ser esta la prenda femenina por excelencia.

A distancia
Yo observaba el comportamiento público de las cuatro a prudente distancia, con discreción y respeto. Disimulaba mirando de vez en cuando al Bolívar Desnudo, el cual empezaba a traspirar por el sol que se encontraba en su máxima expresión folclórica de ”mono picante”, como le dicen en Antioquia.
Claro que no les he contado lo que más me llamó la atención de estos personajes; no llevaban el tapabocas que están exigiendo las autoridades de salud con el propósito de frenar el contagio del covid-19. Se dice que por falta de conciencia de la coyuntura que vive el mundo y la falta de cultura ciudadana.

El maquillaje
De un momento a otro, ahí recostadas sobre el árbol de mango de don Juan María Marulanda, les dio por el retoque del maquillaje y fue entonces cuando de sus carteras sacaron base en crema para texturizar la cara, rubor, pintalabios, pestañina y lápiz de cejas para un oficio también femenino. Resultaba divertido ver como entre ellas se renovaban el maquillaje que se habían aplicado después del baño diario. Lo hacían con todo el cuidado del embellecedor de rostros pero utilizando como espejo a sus propios ojos.

Una vez concluyeron tan rigurosa labor hicieron gestos de haber quedado satisfechas con el retoque: se saboreaban abriendo y cerrando los labios coloreteados y movían las manos como intentando alzar el vuelo. Cuando volvieron a caminar, tirando paso sin tapabocas, miré de nuevo al Bolívar Desnudo de Pereira que da ejemplo de cultura ciudadana manteniéndolo desde el momento en que a alguien desde el comienzo de la pandemia se le ocurrió ponerle la mascarilla de color amarillo.

Lo vi siguiendo con la mirada de libertador a las cuatro personas trans quienes dejaban la plaza para ir al Lago Uribe Uribe. Y no parecía escandalizado, pues muchas veces vio a su amada loca trans…formada en un general del ejército patriota luciendo uniforme militar.

Al respecto el cronista y escritor colombiano Daniel Samper Pizano en su libro, Lecciones de Histeria de Colombia, dice con el más buen humor que lo caracteriza: “No se sabe a ciencia cierta que la quiteña fuera lesbi, pero para ser sinceros tenía cosas un poco machorras a pesar de su normal belleza y encanto femenino. Por ejemplo, cabalgaba con las piernas abiertas como los varones y no estilo amazona como lo hacían las mujeres. Su lenguaje era profano como el de un hombre de esa época, incluso el de una mujer de ahora. Pero lo más curioso, y lo único que realmente molestaba a Bolívar era el gusto de Manuelita por el tabaco”.

Les confieso que estuve tentado a preguntarle a tan sigular grupo de personas que sin importarles el riesgo que representa para ellas el recorrer las calles sin tapabocas si habían estado participando de la fiesta privada programada y realizada recientemente por funcionarios de la Alcaldía de Dosquebradas. Alcalde Ramos, ojo al parche de sus empleados, no vaya a ser que le pongan en su despacho el coronavirus.

A pesar de que la mayoría de ciudadanos llevan el tapabocas como recomiendan las autoridades de salud, otros no lo usan y algunos lo llevan al cuello como un accesorio o adorno personal de más.

Trans y trabajadoras sexuales en público en las calles céntricas de la ciudad sin tapabocas y sin el distanciamiento social recomendado para evitar el contagio.

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