Miguel Darío Arbeláez, personota, voz con tono de respeto hacia las demás personas, mirada bondadosa y halo de apacibilidad.
Angel Gómez Giraldo
“Vea hombre, la arquitectura no puede ser ajena ni a la realidad ni a la ciudad, afirma Rogelio Salmona”, le escuché decir a un hombre de buena figura y excelente espíritu el cual dialogaba con otro menos atractivo en un establecimiento público cerca a éste El Diario, y donde los periodistas tomamos buen tinto y tenemos encuentros con personalidades de la ciudad.
El hombre distinguido ya lo había observado caminando por una céntrica calle de la capital de Risaralda.
Más adelante en el tiempo, lo mismo en una intervención política:
Mirada bondadosa, voz con tono de respeto hacia las demás personas, halo de apacibilidad. Me pareció un buen hombre.
Antes de yo hablarle a él me habló él a mí, pues sabía que era comunicador social, vinculado a este periódico:
-Periodista, me han diagnosticado cáncer en el hígado-me expresó como en actitud de secreto.
Conmovido yo con lo que me pareció una mala noticia, por lo mortal de la enfermedad, le repliqué con mucha consideración con una frase placebo:
“Si uno desea seguir con vida no debe pensar en la muerte”.
Y como que lo curaron porque desde ese entonces – muchos años atrás hasta el día de hoy lo sigo viendo en un muy buen aparente estado de salud a pesar de que se ha visto obligado a combatir con éxito, otros males, aún los morales.
El no revelar su nombre desde el comienzo de este relato ha sido a propósito ya que desde siempre he pensado que así se despierta mayor interés de los lectores por el protagonista de la historia.
Así es
Y en verdad que ya es el momento de hacerles saber que se trata del doctor Miguel Darío Arbeláez que tengo hoy como protagonista de esta historia.
El mismo, uno de los herederos de los Termales de Santa Rosa de Cabal, ciudadano notable, todo un señor.
Desde entonces he seguido teniendo encuentros gratos con él.
Les cuento de su persona para que se enteren que a pesar de sus males físicos ya superados y el golpe moral de la pérdida de su esposa Lucero Cifuentes de Arbeláez, continúa caminando enhiesto por los caminos de la vida.
Según personas que siempre hablan con la verdad, Lucerito fue a recrearse al cielo el 30 del mes de abril del año 2.020, y que encontrándola allá de corazón tan bueno le impidieron regresar al hogar.
A pesar de esto Miguel Darío Arbeláez continúa enhiesto caminando por los caminos de la vida.
Estirpe
De una familia santarrosana a la que Dios les dio tierras con aguas minerales que hoy son afamadas termas medicinales.
Tal vez por haber sido bañado en estas mismas aguas, el doctor Miguel Darío Arbeláez creció robusto y talentoso.
Dizque las mismas araucarias de la plaza principal de ésta, la segunda ciudad de Risaralda, lo miraban y admiraban con buenos ojos.
Cuando le llegó el momento de los estudios superiores se decidió por la arquitectura.
Terminándolos en la Universidad América de la capital del país con sede al frente del Palacio de Nariño.
Viajó a la ciudad de Nueva York para estudiar más porque quería ser más en la sociedad.
¿Doctor, uno de sus profesores más notables por su paso en la Universidad América?
-Sí. El arquitecto Rogelio Salmona, un hombre cuya obra constituye una de las más coherentes dentro del panorama de la arquitectura colombiana.
Con esta respuesta colijo el sentido de la frase contada por el señor Arbeláez a su contertulio en establecimiento público. La misma se las recuerdo, dice así:
“La arquitectura no puede ser ajena ni a la realidad ni a la ciudad”.
El regreso
Formado académica e intelectualmente vuelve a ver a su pueblo, Santa Rosa, y a su departamento, Risaralda con un sabor en la boca a himno y música de bambuco.
El nuevo arquitecto egresado de la Universidad América habiendo sido testigo a diario de la llegada y salido a palacio de la clase dirigente y política de todo Colombia, descubrió que en su corazón también había espacio para la política y para servir a la comunidad.
Y como los deseos del corazón son órdenes, pisó lo que era alhambra del sector del partido conservador que dirigía ese otro gran hombre igualmente de elegancia de cuerpo entero que fue el doctor Emiliano Isaza Henao.
Todos dentro del directorio de Unificación lo miraron de buenas maneras, pues era un profesional joven y que parecía buen camellador a la hora de hablar de las ideologías. Hasta lo hicieron diputado para la Asamblea de Risaralda.
El arquitecto había aprendido que la política es otra carrera de respeto cuando se ejerce con dignidad y la metió toda para obtener una curul por Risaralda en la Cámara de Representantes.
Darle una manito a la trasnochadora y morena Pereira, lo mismo al Departamento de Risaralda cuya población cultiva y saborea el mejor café, era su propósito.
Mas como la competencia política tira zancadilla sin mirar a quién, perdió la nominación al congreso.
A pesar de todo siguió haciendo obras en los sectores pobres de Pereira donde abrió escuelas, colegios y el cariño de su corazón, órgano que le ha demostrado tener buena resistencia.
Gente es la que me ha dicho que el doctor Miguel Darío Arbeláez es de esas personas que tratan a las demás con el máximo respeto como lo recomendaba el sacerdote jesuita y columnista del diario El tiempo, padre Llanos.
-¿De sus recuerdos, doctor Miguel Darío?
-Lucerito, mi esposa, se afana a responderme.
Lucerito Cifuentes de Arbeláez, como la llamaba todo Pereira, filántropa en todo el sentido de la palabra y mujer inolvidable para aquellos que socorrió.
Su amor al prójimo y su espíritu de caridad la hicieron, así, inolvidable.
Dejó una enseñanza:
“Ayuda a quienes lo necesitan pero no preguntes en qué van a utilizar esa ayuda”.
Con un corazón parecido, estos esposos se amaban de verdad.
El doctor Miguel Darío Arbeláez conoció a Lucerito allá en sus aguas de Santa Rosa, las más medicinales porque son termas.
-Angel, fue amor a primera vista y amor eterno, finalizó diciéndome.
Un hombre así que camina con el alma por fuera, que va de la mano con ella no está falto de rima, de inspiración, de poesía, que es un hecho mágico según el escritor argentino José Luis Borges.
-Doctor, ¿y su obra literaria?
-La tengo porque el colombiano tiene de todo un poco. He escrito un libro del cual hablaremos luego.
¿lo ven? Con un hombre así es bueno hablar.
Miguel Darío Arbeláez, un hombre bueno, una vida para hacer el bien .



