El mundo despide al papa Francisco, quien falleció esta mañana a los 88 años tras sufrir un ictus cerebral en su residencia de Santa Marta. El Vaticano confirmó que el accidente cerebrovascular le causó un coma y un fallo cardiocirculatorio irreversible, llevándolo a la muerte a las 7:35 a.m. (hora local). “No sufrió, todo sucedió rápidamente”, relataron testigos de sus últimos momentos a Vatican News.
La partida del primer papa latinoamericano se da casi un mes después de recibir el alta médica tras una dura batalla contra una neumonía doble, que lo tuvo hospitalizado durante cinco semanas. En su testamento, Francisco dejó escritas unas palabras que hoy resuenan con fuerza: “Se acerca el ocaso de mi vida terrena”. También expresó su deseo de un entierro sencillo en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, con una tumba sin adornos y la única inscripción “Franciscus”.
Una vida marcada por la fe… y la salud frágil
Jorge Mario Bergoglio asumió el pontificado en 2013 y, desde entonces, llevó adelante un papado caracterizado por la cercanía con los fieles, la humildad y una intensa agenda internacional, pese a sus crecientes problemas de salud. Cirugías de colon y hernia, dificultades para caminar —que lo obligaron al uso de silla de ruedas—, y una diabetes tipo 2 no revelada públicamente, fueron solo algunos de los obstáculos que enfrentó en sus últimos años.
Desobedeciendo las recomendaciones médicas, Francisco continuó con sus apariciones públicas, incluyendo una reunión reciente con el rey Carlos del Reino Unido y una visita a una prisión en Jueves Santo. Su última jornada activa fue el Domingo de Resurrección, en la que impartió la tradicional bendición urbi et orbi. Horas después, comenzó a sentirse mal. A las 5:30 del lunes, presentó los primeros síntomas; a las 6:45, entró en coma. Cincuenta minutos después, su corazón se detuvo.
¿Qué es un ictus cerebral?
El ictus, también conocido como derrame cerebral o accidente cerebrovascular (ACV), es una alteración súbita de la circulación sanguínea cerebral que afecta el funcionamiento de una región del cerebro. Según la Sociedad Española de Neurología, existen dos tipos principales:
Ictus isquémico: causado por una obstrucción en una arteria que impide el flujo sanguíneo. Representa hasta el 85 % de los casos.
Ictus hemorrágico: menos frecuente, pero más letal, ocurre por la rotura de un vaso sanguíneo dentro del cerebro.
Ambos tipos pueden tener consecuencias devastadoras si no se tratan a tiempo, como la pérdida de movilidad, alteraciones en el habla y, en casos graves, la muerte.
Factores de riesgo y prevención
La edad avanzada, como en el caso del papa Francisco, es uno de los principales factores de riesgo. A ello se suman otros elementos como:
Hipertensión arterial
Diabetes tipo 2
Enfermedades cardíacas previas
Tabaquismo y consumo excesivo de alcohol
Sedentarismo y obesidad
Adoptar hábitos saludables es esencial para la prevención. Ejercicio regular, dieta equilibrada, control de la presión y el colesterol, y chequeos médicos frecuentes son claves para reducir el riesgo de padecer un ictus.
Señales de alarma
Reconocer los síntomas a tiempo puede salvar vidas. Estos son los signos más frecuentes:
Dolor de cabeza intenso y repentino
Visión borrosa o pérdida de visión
Dificultad para hablar o entender
Debilidad o parálisis en cara, brazo o pierna (generalmente de un solo lado)
Pérdida del equilibrio
Ante cualquiera de estos síntomas, es vital acudir de inmediato a un centro médico. El tratamiento temprano, ya sea con fármacos (como trombolíticos) o procedimientos como la trombectomía, puede reducir el daño cerebral y mejorar la recuperación.
La despedida de un líder espiritual
El cuerpo del papa Francisco fue trasladado en la noche del lunes a la capilla de Santa Marta. El miércoles, será llevado a la Basílica de San Pedro para su velatorio. El mundo se prepara para rendir homenaje a un pontífice que será recordado por su cercanía con los más pobres, su lucha por una Iglesia más abierta y su incansable entrega, incluso en los momentos en que su cuerpo le pedía descanso.
Hoy, más allá del dolor por su partida, el papa Francisco nos deja una enseñanza final: la fragilidad de la vida y la importancia de cuidar nuestra salud, incluso cuando el deber nos llama.



