ELN responde a suspensión de diálogos de paz

Este jueves, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), a través de su máximo comandante Antonio García, rompió el silencio sobre la decisión del Gobierno de Gustavo Petro de suspender el proceso de paz, tras el atentado en Arauca que dejó dos soldados muertos y más de 25 heridos. A pesar de la reactivación de operaciones militares contra la guerrilla, García reiteró que en ningún momento el ELN ha dado por terminado el diálogo y expresó su disposición de continuar las negociaciones, a pesar de las tensiones recientes.

En sus declaraciones, García destacó que, históricamente, las conversaciones de paz han seguido adelante incluso en medio de enfrentamientos armados, y que el actual proceso no debería ser una excepción. “Aún en medio de las operaciones militares pueden continuarse los procesos de paz, eso han hecho en varios momentos diferentes gobiernos, ahora no puede ser la excepción”, señaló, marcando un aparente cambio en su discurso habitual, considerado por algunos sectores como uno de los obstáculos en la mesa de diálogos.

No obstante, desde el Ejecutivo la postura es más cautelosa. Fuentes cercanas al proceso aseguraron que, aunque no se descarta la posibilidad de reanudar las conversaciones, estas solo se darán si el ELN muestra gestos claros y unilaterales de voluntad de paz. La delegación de paz del Gobierno fue enfática en su comunicado, donde se aclaraba que la continuidad del diálogo está en manos del ELN y su disposición de demostrar un compromiso inequívoco con el proceso. “Su viabilidad está severamente lesionada, y su continuidad sólo puede ser recuperada con una manifestación inequívoca de la voluntad de paz del ELN”, indicaba el comunicado oficial.

El atentado que desencadenó la suspensión del proceso de paz tuvo lugar el 17 de septiembre en Puerto Jordán, Arauca, y se convirtió en el episodio más crítico en los 22 meses de negociaciones. La acción dejó a las fuerzas armadas del país conmocionadas y al presidente Petro con una postura firme al señalar que “prácticamente cierra el proceso de paz con sangre”. Las palabras del mandatario reflejaron el nivel de indignación y descontento dentro del Gobierno ante lo que consideraron una traición al compromiso de diálogo.

A pesar de la gravedad del atentado, García no mencionó el ataque en sus declaraciones, limitándose a abogar por la continuidad de las negociaciones. Esta omisión no pasó desapercibida y generó críticas desde diversos sectores, que interpretaron su silencio sobre el tema como una muestra de insensibilidad o evasión ante un acto que puso en jaque la confianza en el proceso de paz.

A medida que los días avanzan y las tensiones se mantienen altas, el futuro del proceso de paz con el ELN sigue siendo incierto. Las próximas semanas serán cruciales para determinar si el ELN estará dispuesto a dar un paso hacia adelante y si el Gobierno encontrará los motivos suficientes para reanudar una mesa de diálogos profundamente afectada por los recientes eventos violentos.

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