En una reciente inspección liderada por la administración municipal de Pueblo Rico y el párroco local, Pedro José Ríos Pineda se puso al descubierto el crítico estado de deterioro que enfrenta el templo Corazón de María. Lo que alguna vez fue un baluarte de la fe, ahora presenta graves fallas estructurales que amenazan su permanencia y la seguridad de sus feligreses.
Durante el recorrido, se evidenció que la edificación lucha contra la humedad severa en las paredes, filtraciones constantes y numerosas goteras que están comprometiendo la integridad de la infraestructura de manera progresiva. El panorama es alarmante: en los alrededores se han tenido que realizar labores de limpieza para retirar ramas y árboles, e incluso se describen condiciones similares a un “pantano de lodo” en ciertas áreas. Símbolos históricos de la identidad local, como la campana vieja de 100 años, se encuentran ya rotos e inservibles, reflejando el implacable paso del tiempo sin el mantenimiento adecuado.
El templo representa la historia, tradición y esperanza de las familias de la comunidad. Por esta razón, surge una necesidad imperativa de restauración para garantizar la seguridad de los asistentes y devolverle al recinto la fortaleza y el esplendor que merece como centro de encuentro comunitario.
Ante esta situación, se ha lanzado una invitación abierta a participar en las diferentes actividades pro templo, resaltando que cada gesto solidario cuenta en esta cruzada por el patrimonio. La administración municipal, en cabeza de Martín Siagama, reafirmó su compromiso de brindar el apoyo necesario y acompañar las mejoras pendientes; el mandatario hizo un llamado a la corresponsabilidad y al trabajo conjunto entre el gobierno y los ciudadanos para rescatar este espacio que pertenece a todos.



