De “El Diario” a “El Diario”

A fines de los años sesenta, es decir, hace más de cincuenta años, hice mis primeros pinitos de periodismo en “El Diario”, de Pereira, que fundara en 1929 don Emilio Correa Uribe (asesinado en 1955, durante la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, a cuyo gobierno se atribuyó el atentado), y dirigido entonces por don Alfonso Jaramillo Urrego, con el apoyo de su hijo Héctor en la gerencia.

Sus oficinas quedaban en la calle 18 entre carreras sexta y séptima, cerca de la Plaza de Bolívar y el ClubRialto, en pleno centro de la ciudad.

Sus páginas, en blanco y negro, se armaban todavía sobre planchas, con el tamaño de las páginas impresas, en largas mesas de madera, tras levantar los textos en lingotes de plomo salidos de linotipos que parecían antiguas máquinas de escribir, venidas de tiempos remotos, prehistóricos.

Era un diario vespertino, por cierto. Al caer de la tarde ya estaba en las calles, tanto en los puestos de periódicos y revistas, que empezaban a proliferar, como en los gritos estruendosos de jóvenes voceadores, aquellos que, por fortuna, no han desaparecido de la moderna urbe, capital del Eje Cafetero.

El subdirector era nadie menos que César Augusto López Arias, periodista prestigioso cual más, que también fungía como corresponsal de “El Tiempo”, donde solían destacarse sus publicaciones, incluso en primera página.

Y entre los columnistas, donde yo empecé a figurar cuando aún era adolescente, Héctor Tabares Vásquez brillaba con luz propia.

Sí, ahora vuelvo, medio siglo después, como columnista de “El Diario”, ya no en la vieja guardia sino bajo el mando de Luis Carlos Ramírez (su director en esta nueva etapa que lleva más de cuatro décadas encima), a quien le debo estar aquí, en mi casa natal, para encontrarme con ustedes cada miércoles, si Dios quiere.

Terminé, pues, pasando de “El Diario” a “El Diario”. Es como dar vueltas alrededor de sí mismo.

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