Diócesis de Pereira 70 años.Misión de la Diócesis en los centros penitenciarios de Pereira

“Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recogieron; estuve desnudo, y me cubrieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron.” (Mateo 25,35-40).

La santa Iglesia católica no está en el mundo para condenar sino para acoger, mostrando el amor de Dios incondicional, que “no busca la muerte del pecador, sino que cambie su conducta y viva” (Ezequiel 33,11). Es por esto que la Iglesia no voltea la cabeza en otra dirección, sino que acoge a todos en vistas de mejorar la sociedad, profundizar el crecimiento de la persona y poder impulsarla a la dignidad que el Creador a buscado dar a todos sus hijos.

Muchas veces es fácil el hecho de juzgar y señalar, pues es algo que humanamente nace con sencillez, pero más complejo es estar en comunión con los hermanos, experimentar su dolor y en vez de rechazar a los que han tenido dificultades a lo largo de su vida, acogerlos y ayudarlos a reincorporarse a la comunidad, es de recordar lo que el gran pensador José Ortega y Gasset compartía: “Yo soy yo y mis circunstancias”, Jesucristo se caracterizó, en su vida terrena, por la preferencia con los necesitados, con los excluidos de la sociedad, esto nos debe, necesariamente llevar a pensar cómo se actúa en realidad si ya en Jesús se nos ha mostrado el camino y el justo actuar. No se piense que las personas son por decisión malvadas, sino que hay circunstancias que impulsan todo actuar, y hay hermanos que experimentan circunstancias más complicadas y difíciles que algunos otros.

La Iglesia particular de Pereira siguiendo los pasos del Divino Maestro, no ha dejado al olvido a aquellos hermanos y hermanas que por debilidades y dificultades han faltado a la ley, y ahora se encuentran privados de la libertad. Se brinda a las personas que se encuentran en estos centros penitenciarios la oportunidad de manejar su parte espiritual para tener un encuentro con Dios y también un acompañamiento a nivel humano, mostrándoles que tienen potencial de servicio para la comunidad y ayudándoles a progresar. Se atiende a sus angustias y necesidades, sus tristezas y afanes, allí estos hermanos y hermanas pueden encontrar a Cristo y sus Palabras amorosas de consolación y esperanza en un mundo donde sienten que se les cierran las puertas y que van a quedar marcados de por vida, se denota un mensaje de justicia, misericordia y esperanza, apuntando, no simplemente a una dignidad física, sino a la búsqueda de una verdad y bienestar espiritual.
Actualmente esa noble labor la lleva a cargo el Padre Escinjahuer Pedroza Robledo, quien con esmero sigue acompañando a los hermanos y hermanas privadas de su libertad en un proceso de reincorporación a la sociedad y oportunidades de mejorar, acompaña sus necesidades en todo ámbito, enfocándose en la parte espiritual. El padre Escinjahuer como pastor de estas almas sigue trabajando en pro de su dignidad, viendo que sus derechos sean respetados y vislumbrando oportunidades que se puedan obtener, la visita que realiza a estos centros penitenciarios genera nueva esperanza en un futuro mejor para cada uno de las personas privadas de la libertad y buscando una mejora en la sociedad. Al trabajar de la mano con los custodios pueden optimizar el trabajo haciendo más eficaz y humana esta noble labor. Fuente: Seminario Mayor de Pereira.

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