Faltan cinco pa las 12…

Gracias a Las Artes, por darme la oportunidad de compartir mis escritos con los
lectores, a Juan Alberto su editor, un abrazo. A los lectores, gracias por dedicarme
unos minutos de su vida.

José Fernando Ruiz Piedrahíta
He oído durante muchos años sonar las doce campanadas anunciando que el año
se acabó. He de confesar que no he salido corriendo a abrazar a mi mamá, pero sí
a mi esposa, hija, suegra, cuñados, sobrinos, a mis dos gatos y a Sacha la perrita
de mi cuñado cuando hemos pasado el fin de año allá; en algunas ocasiones he
salido con maleta en mano a dar una vuelta a la cuadra, con la esperanza de
viajar ese año. La reunión familiar, como lo indica la palabra, es con aquellos que
son familia y a veces con algunos amigos que con los años también se vuelven
como verdaderos familiares.
¿Cuántos deseos de esos que pedimos a las 12 en punto, hemos logrado cumplir?
Si cada 31 de diciembre escribimos promesas para demarcar un camino hacia el
nuevo año, al terminarlo, de eso que se escribió ¿cuánto se cumplió? El tiempo es
un aliado maravilloso, pero a su vez es un enemigo implacable, no se devuelve ni
permite que corrijamos los errores del pasado en el momento de cometerlos. Solo
la ciencia ficción permite hacerlo. Seguramente si pudiéramos remediar lo mal que
hicimos no dudaríamos en hacerlo, pero infortunadamente no es posible por lo
menos en lo que llevamos contando como humanidad.

Se acaba
Faltan cinco para las doce, canta Néstor Savarce en el eterno disco de 45 r.p.m.
que todas las emisoras ponen al aire más o menos sincronizadas. Empezamos a
contar de manera regresiva hasta que el segundero del reloj marca los primeros
segundos del nuevo año y se quedan atrás las cosas buenas y malas con la
esperanza que al segundo siguiente empecemos a mejorar.

Hace años, sí había pólvora y mucha bulla, pero eso de brindar con champaña,
comer doce uvas, hacer conteo en los últimos diez segundos… eso no se usaba;
como tampoco recuerdo en mis tempranos años disfrazarme de algún personaje
en Halloween porque la celebración tampoco estaba en las costumbres.
Recuerdo un fin de año que puse tres papas bajo mi cama, una pelada, una a
medio pelar y otra sin pelar, y cuando empezó a sonar el famoso “Faltan 5 pa las
12”, salí corriendo y con los ojos cerrados metí la mano debajo de la cama a ver
qué papa me salía, con la mala suerte que una araña de buen tamaño se había
posado en la que logré coger, así que ese año estuvo bastante enredado para mí.
Pero el fin de año va más allá de la fiesta, de la celebración por dejar atrás una
suma de experiencias; es más la oportunidad para agradecer todo lo bueno o lo
malo que vamos dejando atrás segundo tras segundo. Porque lo malo nos ayuda
a mejorar, los tropiezos nos deben despertar para levantarnos y corregir. Esta
esfera azul que flota atrapada en una órbita de trescientos sesenta y cinco días y
un cuarto, en pocos días terminará una vuelta más a la estrella amarilla que brilla
en el centro de nuestro sistema. Somos el tercero después del sol… y allí la esfera
sigue girando sobre si misma y corriendo a 29 kilómetros por segundo, es decir
unos 107.000 kilómetros por hora, pero esa “nave espacial” es única, no hay otra.
Cuidemos la casa móvil vivimos y hagamos de las fiestas algo especial e
inolvidable.

Unos traguitos
Está bien tomarse unos traguitos, pero no emborracharse, recuerde no manejar
como loco para ir a abrazar a la mamá porque de pronto no alcanza a verla. Que
el año 2025 que ya está muy cerca, esté lleno de felicidad y prosperidad, dejemos
los rencores a un lado, de nada nos sirven y sólo atraen enfermedades, regálese
el mejor de los obsequios: el perdón a usted mismo y a todos aquellos que usted
crea le han hecho sufrir, al fin y al cabo, vinimos fue a aprender, y eso se logra a
punta de cosas buenas y no tan buenas, y recuerde que ser feliz sólo depende de
usted mismo.
Gracias a Las Artes, por darme la oportunidad de compartir mis escritos con los
lectores, a Juan Alberto su editor, un abrazo. A los lectores, gracias por dedicarme
unos minutos de su vida.
A mis amigos, gracias por las lecciones de vida, a mi esposa, hija, nieto y a toda
mi familia, un feliz y próspero año. Los quiero con el alma.

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