La crónica de la crónica…

Por: John Jairo Posada Castaño
Especial El Diario

“El periodista es una persona viva que, viviendo, toma posición. Tiene emociones, siente, y sentir y tener emociones es ya tomar partido. No creo en el periodismo que se llame a sí mismo impasible, tampoco en la objetividad en sentido formal”.

Lo escribió uno de los más grandes autores: Ryszard Kapuściński, a quien le he “devorado” casi todas sus brillantes publicaciones escritas.

Llevo ya 42 años de mi vida fabricando crónicas para televisión, radio y prensa, en el exterior y en Colombia, en grandes o pequeños medios de comunicación, dependiendo del salario bueno, regular o malo. He estado hasta cuatro meses sin empleo, sin un salario digno y sin el pan nuestro de cada día, pagando con dificultad las cuotas al banco, casi ladrón y usurero, de nuestra casa. También los colegios y las universidades de mis dos únicas hijas, quienes son, sin duda alguna, mis más grandes tesoros de la vida… y cinco amigos periodistas.

Están ambas, por fortuna, ya muy bien educadas y labrando su propio futuro. Jamás, lo juro por ellas y por mi vida, me he dejado corromper o sobornar en el exterior o en Risaralda, Pereira, Colombia, donde ahora vivo muy feliz y con un salario digno en la televisión regional.

Es cierto que me intentaron sobornar varias veces personajes como dictadores, presidentes, dueños de reinados, políticos criollos y hasta una vez, como jurado en un concurso de trovadores en el Eje Cafetero. Siempre dije clara y contundentemente que no.

Por supuesto, en algunas ocasiones me despidieron de tres cargos o trabajos. Me botaron sin piedad alguna por mi franqueza, honestidad y sinceridad al decir de frente las cosas, cara a cara con el personaje de turno. Viví y padecí con dignidad garciamarquiana la selva de cemento, pero siempre con obligaciones hogareñas complejas.

Por fortuna, en mi vida siempre cumplí y he cumplido con los míos, hasta el punto de que mi mamá, la alegre Carolina, ya fallecida hace más de 10 años, me bautizó “el burro de carga”… Porque mi señora madre, Carolina Castaño viuda de Posada, humorista a morir, levantó con dignidad a sus trece hijos. Tres de ellos periodistas: Silvio, quien ya falleció hace unos años y fue hasta subjefe de prensa en el Congreso de la República de Colombia, y Guillermo, quien está ahí, con sus 81 años, resintiendo la oquedad del tiempo y el deterioro normal de los hombres, porque la radio envejece. Pocos aquí, como él, en Pereira o Armenia, tuvieron tanta sintonía radial en Caracol Radio con su periodismo de “pueblo pueblo”.

Debo agregar en esta “crónica de mi crónica” que otros grandes personajes locales me valoraron, esculcaron y exprimieron mi talento. Siempre he reído al lado de ellos porque, como dijo Charles Chaplin, “Un día sin risa es un día perdido”.

No he parado de producir poéticas historias en los medios de comunicación en Colombia o el exterior. Soy un reportero nato, un obrero de la información clara, precisa y nítida, con todas las fuentes consultadas. Jamás he tenido que aclarar información alguna.

Pertenezco con orgullo a la escuela del más grande periodista colombiano: Yamid Amat, el que nunca permitía que nos dejáramos “chiviar”, porque los directivos de la cadena Caracol de Colombia nos despedían de inmediato. Fui uno de los 10 corresponsales de Caracol en el mundo, corresponsal permanente de Caracol en Panamá por unos cinco años, pero siempre prefiero publicar, a veces de último, la noticia, que informar a medias. No es el que primero consigue la noticia, no. Es más bien el que, con mayor “sustancia informativa”, la logra.

Reitero que aún nos falta mucho por aprender y realizar. Pero mis ojos verdes son, en realidad, una cámara abierta encendida de imágenes, que recojo en la calle, el bus, el taxi, la montaña, con el diálogo del rebusque cotidiano.

Soy un contador imparable de historias. Aún me faltan las mejores crónicas por hacer en Telecafé y en El Diario, porque es simple: “La calle del tuvo”, una crónica nuestra realizada hace unos años en Eje al Día, medio propiedad de mi entrañable, leal y brillante amigo, el honesto corresponsal de RCN TV Jhonny Saavedra, logró tener casi un millón de reproducciones en redes, etc.

Es increíble el poder de los medios de comunicación y de la televisión regional, nacional o internacional.

Mientras tanto, suena en mi celular mi canción favorita, Vagabundear, de Joan Manuel Serrat. Salgo, debajo de la lluvia o el sol, con mi compañero camarógrafo de Telecafé a la calle, o con mi amigo fotógrafo del Otún, también a la calle, a buscar historias. Mientras, una mujer desesperada la veo debajo de los puentes de la Novena, mientras entrevisto al padre Pacho, estrellar con ira y drogada su tacón en la pared… Entonces, tengo otra crónica.

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