Repensando la Sustentabilidad: Educación, Innovación y Responsabilidad Ambiental

Javier Alfonso López Morales*

Las generaciones actuales se encuentran más dispuestas al aprendizaje y asimilación de conceptos como el desarrollo sustentable, el ecodiseño, el ciclo de vida del producto, la economía circular, la biodegradabilidad y el biodiseño, entre otros. El aprendizaje de sus términos y su aplicación en el mundo industrializado sigue siendo un verdadero reto para la universidad; de allí el esfuerzo por encontrar un puente que acerque el conocimiento con las exigencias ambientales y los procesos industriales ya rezagados.

Es necesario comprender tres conceptos que determinan en esencia las circunstancias que envuelven la problemática planetaria y una preocupación en la academia: la sociedad y el consumo, el requerimiento energético y los recursos naturales. Un cuarto los envuelve a todos: el cambio climático.

El crecimiento poblacional, las relaciones humanas con su entorno y su comportamiento frente al consumo desmesurado hacen de este un problema no menor; sin embargo, el consumo consciente, la asesoría al usuario y la disposición final de residuos podrían cambiar esta falencia. La energía juega un papel importante en la economía circular: la escasez cada vez más evidente del recurso energético hace que se busque en cualquier parte y a cualquier costo, sin tener presente sus consecuencias. De ahí que el cuidado de la biodiversidad y los recursos naturales sea una condición primordial. El cuarto factor ha determinado un impacto en los tres anteriores, ocasionando afectación a las poblaciones, deterioro de la calidad de vida, desplazamientos y áreas inhabitadas. El fenómeno climático debe ser tenido en cuenta para proyectar soluciones actuales y futuras.

La encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común, confirma el desequilibrio que está viviendo la humanidad y la posibilidad de trascender a una ecología integral y a un diálogo entre las partes. Otra contribución la estableció la ONU con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Más allá de hablar de sostenibilidad o sustentabilidad, los investigadores de las instituciones académicas son conscientes de la responsabilidad actual y de preparar con mayores herramientas y argumentos a los prospectos profesionales. Así nacen en las aulas y laboratorios las ideas transformadoras que podrán marcar un camino próspero y consciente de las necesidades de las personas y sus entornos.

Metodología DfE: Diseño para el Medio Ambiente

La metodología Conjunto de Prácticas de Diseño para el Medio Ambiente (DfE, Design for Environment) fue adaptada a partir del análisis de acciones llevadas a cabo en industrias norteamericanas en los años noventa, especialmente en el campo de la electrónica, preocupadas por el alto índice de material descartado al final de la vida útil de sus productos. Esto definió un ideal ambicioso: ser empresas más respetuosas con el medio ambiente y romper con los viejos paradigmas de “usar y botar”, la obsolescencia programada y percibida, implementados desde la década de los cincuenta.

Con este antecedente, como docente de asignaturas relacionadas con la sustentabilidad y el diseño ambiental, se elaboraron procedimientos para responder a necesidades actuales. Los pasos obtenidos concluyeron en: uso de cero papel en entregas intermedias; publicación del Eco-plan ¿Qué tan verde es mi producto? para que las pymes establezcan estrategias de productos y servicios amigables; asesoría a negocios verdes para cumplir requerimientos ambientales y acceder a la marca certificadora creada entre la Universidad Católica de Pereira y la CÁRDER; y la elaboración del Conjunto de Prácticas DfE para el Diseño y la Arquitectura, que define los siguientes pasos:

  1. Componentes: recuperación, reutilización, reciclaje y/o biodegradación. Servicio de restauración y reparación. Disposición final.
  2. Desensamblaje: planeación para el desmonte de productos en sus componentes básicos. Acceso y consecución de componentes a distancias cortas. Simplificación de conexiones. Piezas multifuncionales y comunes entre productos.
  3. Residuos: reducción en la fuente. Minimización de materiales. Dimensiones exactas.
  4. Energía: uso eficiente. Aprovechamiento del viento y la luz solar. Fuentes renovables.
  5. Ciclo de vida del producto: alargamiento de la vida útil. Calidad de los materiales.
  6. Riesgos y accidentes: diseño para la salud del usuario. Eliminación de emisiones dañinas. Prevención de accidentes. Seguridad para niños. Manuales de usabilidad.
  7. Marquillas y etiquetas: información al usuario. Mantenimiento. Recambios. Contacto permanente. Ecosellos.
  8. Auditorías e informes: reportes periódicos a usuarios.

Hoy se ha podido comprobar la efectividad de estas metodologías y el beneficio recíproco para la sociedad, la industria y el medio ambiente. La academia deberá seguir repensando modelos obsoletos y prácticas dañinas, transformándolos en conceptos y estereotipos razonables, dignos y esperanzadores para la sociedad.

* Docente Universidad Católica de Pereira.

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