Hace cuarenta años, cuando la empresa apenas estaba empezando a marchar, un fuerte terremoto sacudió a Pereira con un trágico saldo. Años después, un segundo terremoto, el de 1999, echó abajo uno de sus locales en el centro comercial Uniplaza. Pero nada de ésto, como tampoco la crisis cafetera ni las crisis financieras que afectan a los negocios en Colombia, impideron que Bon Marché se convirtiera en lo que es hoy: una de las empresas del sector gastronómico de mayor reconocimiento en la región. Todo ello ha sido gracias a la tenacidad, la constancia y perseverancia de Lisbeth Ángel de Mejía y Jorge Hernando Mejía Uribe, arquitectos de esta gran empresa pereirana.
Hablemos un poco sobre los orígenes de la empresa…
Jorge Hernando Mejía. Cuando hicieron el edificio de la antigua Cámara de Comercio (carrera 7a calle 17) Bon Marché inició labores en ese sitio, pertenecía a Alfonso Paredes y a los tres o cuatro meses de su apertura nosotros se lo compramos. Él había decidido venderlo porque no le gustaba el negocio de comidas. Por ese entonces yo tenía una finca con Fernando Agudelo Velasco en la vereda La Palmilla y resolvimos salir de ella porque no producía nada. Se la vendimos a Alfonso Paredes y en la entrega de la finca él nos comentó que tenía ese negocio (Bon Marché) el cual yo conocía y me había gustado mucho, pero nunca pensé en comprarlo. Lo negociamos rápidamente y empezamos esa empresa con muy poco o nada de conocimiento del negocio de panadería. Teníamos nuestro segundo hijo, el menor, muy pequeño y el mayor ya tenía como cuatro años, así que Lizbeth se metió allá del todo a aprender y manejarlo.
¿No tenían ningún antecedente en el área de la gastronomía?
JHMU. Mi mamá fue una cocinera de alto rango porque ella hacía matrimonios, banquetes, lo que ahora llaman catering. Y nos había tocado mucho de eso de la cocina y de la recetas, así que teníamos como en la sangre un poco de eso, como también en la familia de Lizbeth. Entonces nos metimos, aprendimos y arrancamos muy duro al principio.
¿Cómo fué ese comienzo?
Lizbeth Ángel de Mejía. Nosotros conservamos todas las fórmulas originales y fuimos acondicionándolas y mejorándolas adquiriendo materia prima de mejor calidad, estandarizando las fórmulas hasta llegar al punto actual.
¿En esa época cuántos locales y cuántos empleados tenían?
JHMU. Era un solo local y cuatro empleados: dos panaderos y dos de atención al cliente. Hoy trabajamos como una casa matriz en donde tenemos quince empleados y tenemos la fábrica y dos almacenes propios, pero hay otros diez en franquicia: siete en Pereira y tres en Medellín. En total son alrededor de 50 a 60 empleos directos.
¿Cuál es, además de la calidad de sus productos, la fórmula del éxito de Bon Marché?
LAM. Cuando el terremoto de 1979 y cuando llegó la crisis del café y con el segundo terremoto, nos cuestionamos sobre lo que queríamos de Bon Marché: sacrificar rentabilidad o bajar la calidad. Y resolvimos que la calidad no se podía bajar y que la debíamos conservar, entonces me tocó trabajar más, meterme más en el negocio y logramos sostenernos con mucho esfuerzo en esa época, pero salimos adelante. Yo pienso que el éxito ha sido no tocar las fórmulas ya estandarizadas, no bajar calidad y estar pendientes de la producción, del manejo de las materias primas y en eso hemos sido constantes.
¿Se puede decir que hay un producto estrella o en general es toda la línea de producción?
JHMU. El secreto es la materia prima, por ejemplo en el caso del pandeyuca el secreto es comprar una muy buena materia prima. Nosotros tenemos unos proveedores que nos entregan lo mejor de lo que a ellos les llega, especialmente en el queso costeño que es una materia prima muy variable porque es de producción artesanal, cuya calidad puede variar incluso de una semana a otra por condiciones climáticas. Somos muy juiciosos en la recepción de la materia prima, sabemos que los costos son más altos pero eso nos da ese crédito o reconocimiento que tenemos en este momento.
¿Hoy, 40 años después, ustedes siguen al frente de la empresa?
JHMU. Si, señor. Hoy ya tenemos la segunda generación, nuestro hijo mayor maneja toda la parte de mercado y el menor también está metido en las ventas de los productos congelados y haciendo la gestión para exportar la masa del pandeyuca. Todos nuestros productos son crudos y congelados, y en eso se basa nuestro negocio: nosotros lo entregamos a los distintos almacenes y a las franquicias y ellos hornean. Esa es otra razón del éxito, que nosotros horneamos pequeñas cantidades con lo que se mantiene muy fresco el producto a toda hora. La mira de exportaciones está puesta en Estados Unidos, en donde hay una colonia latina muy grande y hay unos mercados latinos muy importantes que están interesados en el producto.
¿Cómo está conformado el portafolio de productos?
LAM. Primero que todo es la distribución que hacemos a través de los franquiciados a quienes se les entregan los productos congelados, para que cada uno disponga de productos frescos para hornear de acuerdo con la demanda. También tenemos las ventas institucionales a hoteles, cafés al paso, instituciones gremiales. Además hacemos desayunos, refrigerios, almuerzos, pero todo sobre pedidos. La gran ventaja que tenemos es que nos podemos acomodar a lo que quiera el cliente.
¿Ha sido la perseverancia la clave del éxito de Bon Marché?
JHMU. Nos han pasado mil cosas por encima: crisis económicas, terremotos, por ejemplo el de 1999 que nos tumbó el almacen que teníamos en Uniplaza. Ese se cayó totalmente, pero por fortuna la empleada salió ilesa de milagro y no hubo ninguna pérdida humana. Hemos tenido también crisis financieras, pero hemos sorteado todos los problemas que puede tener hoy el empresario colombiano. Hemos sido muy constantes, no nos achicopalamos por nada, lo que pasó y nos golpeó lo damos por superado y ahí estamos vivos todavía. Y creemos que ya tenemos la segunda generación y la tercera, que es la nieta mayor, también está estudiando la parte de gastronomía que esperamos, en algún momento, se vincule. Y creemos que ya hemos superado muchas etapas para que el negocio continue en el tiempo.
¿Lo importante es tomar buenas decisiones y a tiempo?
LAM. Nosotros hemos sido juiciosos tanto en abrir como en cerrar locales, les hemos dado los tiempos necesario para determinar si un sitio es o no exitoso. El de Uniplaza, por ejemplo, fue un negocio lindo, muy bueno, vendía muchísimo, hasta que cerraron para hacer el trazado de Megabús, le dimos un tiempo y decidimos irnos de allí. Esa parte también ha sido importante: adaptarse a las circunstancias, en especial porque las dinámicas de la ciudad son cambiantes. En algunos momentos hemos abierto almacenes y nos hemos equivocado, despues de analizar el caso hemos rectificado y cerrado lo que hemos tenido que cerrar.
¿Cómo se expresa en Bon Marché la responsabilidad social empresarial?
JHMU. Cumpliendo con las leyes, con todos los pagos parafiscales y dándole a la gente todo el apoyo, así es como estamos ayudando en la parte social. Hemos insistido mucho en que la gente compre su casa y afortunamente en los últimos 10 a 15 años ha habido muchas facilidades por intermedio de Comfamiliar Risaralda y el regimen de subsidios. En este mometo el 90 % de nuestra gente tiene su casa propia. Y también a los empleados que tiene hijos grandes les hemos ayudado para que adelanten estudios superiores y ya hay graduados varios muchachos.
¿Qué mensaje o consejo le darían ustedes a los emprendedores o futuros empresarios?
JHMU. En Expocamello 2019 yo les decía a los emprendedores: no desfallezcan ante el primer tropiezo que se encuentren, pásenlo y sigan adelante. Si el primer año o el segundo o al décimo el negocio no dio plata, revisen donde estuvo el error, hagan las correcciones del caso, pero sigan. No hay nada más dificil que cerrar negocios y abrir negocios, reinventar negocios es muy trabajoso, hay que irse especializando en lo que ya sabemos.
LAM. Otra cosa importante: ser muy juiciosos con las cuentas, tener muy bien hechos los inventarios, saber muy bien cuántos les vale producir. Cuando se vende muy poco de pronto se puede equivocar en el costo y no es tan grave, pero cuando se empieza a vender más hay que ponerle cuidado. Así que lo mejor es hacer el costeo desde el principio, saber realmente las cuentas para que no tengan sorpresas. Tener los pies en la tierra en materia financiera y estar al día con los balances y los estados de pérdidas y ganancias.



