“Esta pandemia nos ha enseñado que somos muy vulnerables”: Obispo

En diálogo con EL DIARIO el Obispo de Pereira, Monseñor Rigoberto Corredor Bermúdez, aseguró que la pandemia del Coronavirus no solo demostró que somos muy vulnerables sino que dejó al desnudo un grave problema estructural y una profunda inequidad, al tiempo que clamó por una reforma a fondo de nuestro sistema democrático el cual está en riesgo. En esta segunda parte de la entrevista, con la colaboración del periodista Marco Antonio Pérez, abordamos con Monseñor Corredor temas como el papel de las plataformas y las redes sociales en la evangelizacion, la transformación digital de la Iglesia Católica, el impacto económico de la pandemia en las finanzas de la Diócesis y las enseñanzas que dejado el confiamiento por el Coronavirus.

¿Las plataformas digitales, qué papel jugaron en el proceso de acercamiento con los fieles en la celebración eucarística y los sacramentos?

Fundamental. Para nosotros ha sido una bendición de Dios esos instrumentos, pero no nos podemos quedar ahí porque realmente esa comunicación es importante, pero cansar y lo importante es vernos a los ojos, compartir físicamente.

¿Esas redes, esas plataformas, se quedaron como parte del proceso evangelizador?

El Papá decía la misa vale por las redes sociales, por televisión, por la radio. Por estas circunstancias atípicas. Pero ya el sacramento, por ejemplo, de la penitencia, la reconciliación, reafirmó el Santo Padre mismo, que no es válido por teléfono o por las redes sociales. Tiene que ser una declaración personal. También el sacramento de la unción de enfermos. Hay que hacerlo con alguna mota de algodón, para ungir al enfermo. Se necesita la presencia física, así también la confirmación, el bautismo y el sacramento del matrimonio. De tal manera que la Iglesia no pide la presencialidad física y por eso estamos nosotros tratando de buscarle en momentos oportunos para hacerlo masivamente.

¿Los sacerdotes de la Diócesis han dado un paso adelante en esa transformación digital?

En la diócesis tenemos algunos padres expertos en esos temas tecnológicos y sobre todo hay muchos laicos que ayudaron a los padres. Estos laicos que están en pequeñas comunidades y que son amigos de Dios y de la Iglesia, nos han ayudado muchísimo porque tienen la capacidad. Y además hay muchos jóvenes. Que manejan esto y que casi niños, casi adolescentes, de tal manera que la gente que nos rodea también y que nos han dado la mano, son muchos. Muchas otras personas. Y hay padres expertos, otros no somos tan expertos, pero tenemos personas que nos ayudan.

¿La pandemia qué tanto golpeó económicamente a la diócesis?

Gravísimo, gravísimo. En el tema de la Universidad Católica de Pereira pensábamos que, en el peor de los casos, tendríamos un 50% de deserción y creo que tuvimos un 20%.  Ha sido muy duro, muy difícil. El golpe económico ha sido fuerte, la gente piensa que la Iglesia tiene mucho dinero y no es así. En la Iglesia, y sobre todo en las Diócesis, no tenemos dinero, tenemos dignidad para sostener las parroquias, los templos, los sacerdotes. Según nuestras cuentas podríamos sostener las actividades por tres meses, pero se ha extendido hasta seis meses y más. Estamos muy, muy cortos en todo sentido económico, pero hemos tratado de cumplir al máximo, al máximo con las obligaciones laborales en las parroquias, en la curia, en el seminario, en la universidad, con todos los profesores y todos los gastos que tenemos allí. Hemos ayudado a las hermanas de la Madre Teresa permanentemente. Sí, sí, es un golpe fuerte a la diócesis, a las parroquias.

¿Pero, de una u otra manera, se ha logrado sortear la situación?

Nosotros no desconfiamos de la Providencia Divina y así como en Cáritas que pudimos sortear la pandemia sin despedir a ningún trabajador al final y estamos ahí tal vez sufriendo un poco. Pero he pensado y he visto que la gente es consciente, que es generosa y que los que tienen fe saben que los sacerdotes y las parroquias necesitan la ofrenda humilde de ellos, que antes era cada ocho días y ahora pues estamos en dificultades. Pero sí sufrimos muchísimo, yo tenía la responsabilidad de toda la diócesis y de todas las obras, y eso también me afectó un poco físicamente, rebajando algunos kilos y el tema de la salud.

¿Monseñor se puede hablar de quiebra de la Diócesis?

En este momento, no, no estrictamente, sino que es un déficit que tiene algunos millones. Pero vamos antes, es decir, con algunas ayudas que hemos pedido no a la Santa Sede, sino a ciertos fieles generosos que nos han ayudado, y nos dan la mano. Pero sí, si se sufre de un panorama todavía muy con mucha incertidumbre. Sin embargo, nosotros confiamos en Dios y confiamos que está obra del Señor y que el dinero que llega es un dinero sagrado para las obras primero y los más pobres, y luego para sostener los templos, que son monumentos importantes, pago de servicios, pago de empleados en las parroquias, tener todo el día.

Monseñor ¿qué nos enseña esta situación, esta pandemia?

Esta pandemia nos ha enseñado que somos vulnerables, muy vulnerables. Segundo, el tema de la situación del país es un tema estructural. En donde hay vacíos y hay inequidad. Y que esto da pie para que otras ideologías puedan tomar el poder que no sean democráticas. De tal modo que eso es gravísimo. Lo que quiero decir es que dentro de la democracia que tenemos, vamos a necesitar reformas reales y estructurales para responderle a la gente más pobre y más vulnerable, dándoles trabajo y muchas cosas. Pero me afecta que la ira, la rabia y el odio se apoderen del país. Con el riesgo de imponer reformas locas y cambios de la ley de nuestro sistema democrático. Es decir, estamos entregando el país en bandeja de plata a los violentos, a la lucha de clases, al odio.

¿Está en riesgo la democracia en el país?

El país tiene que construirse dentro de la democracia, de la dignidad y de la libertad. Ojalá haya políticos que puedan hacer este cambio y dejen de ser el eje de la nación con el egoísmo, porque la corrupción inmediatamente es la primera que salta en un país así para querer cambiar de sistema y cambiar ideológicamente nuestra nación. Y eso nos traerá nuevos recortes en la libertad. De tal manera que el país que hoy tenemos fotografiado en su estructura es muy débil y ahora necesita con audacia unas reformas fundamentales dando prioridad a los más vulnerables, a los más pobres.

No puedo dejar de preguntarle por el tema de los recientes desmanes a raíz del tema de la policía de los enfrentamientos.

Toda persona que represente la institucionalidad, estatal, que esté violando los derechos humanos, debe ser entregado a la justicia. Yo no voy a destruir y cambiar toda la Policía Nacional por la acción de unas personas o de un grupo de personas que pertenecen a ella. Que esas personas sean juzgadas y que sean investigadas porque violan los derechos humanos. Y eso es gravísimo.  Pero que se apoye la institución, se modernice y se vea la forma de actuar de una manera distinta. Siempre dentro de la Constitución y las leyes y los derechos humanos.

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