El confinamiento de los viejos en la pandemia: mucho peor que el Covid 

 

Si bien los mayores de 65 años ha sido uno segmentos de la población más afectados por el Covid-19, también han sido los más severamente golpeados por las medidas restrictivas (confinamiento obligatorio y limitación de salidas) adoptadas para evitar la propagación del Coronavirus. De acuerdo con un documento de la Sala de Análisis de Riesgo SAR una de cada cinco personas de 70 y más años con Covid fue identificado recientemente como positivo para esta patología quienes constituyen el grupo etario más vulnerables para requerir los servicios de consulta de urgencias, hospitalización y camas UCI. Pero, a la par, ese encierro ha incrementado otras patologías crónicas de los adultos mayores, lo que ya alcanza niveles preocupantes, tal como lo advierte Luis Hernando García Ortiz, especialista Medicina Interna y Geriatría Clínica, profesor del Departamento de Medicina Interna de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Pereira, Director de Cardiomet Centro de Investigaciones Clínicas, médico especialista del área de hospitalización de la Clínica Los Rosales

 

¿El Covid-19 qué tanto ha golpeado a la población de adultos mayores?

El Covid es un virus que está generalizado en todo el mundo, es una pandemia. Es un virus que, en general, no es fatal pero que al 5 o 10% de personas que complica y mata en general es el segmento de población más frágil y dentro de éste están todos los pacientes inmunosuprimidos, como las personas con VIH Sida o cáncer o enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, EPOC, hipotiroidismo y obesidad y, por supuesto, los pacientes mayores de 80 años. Dentro de éstos, por razones obvias, que son personas de riesgo porque son las que tienen más enfermedades crónicas, se está presentando un fenómeno interesante que estoy viendo cada vez más en la clínica y es que se están enfermando más que antes.

¿A qué se debe esta situación?

Primero porque sus enfermedades crónicas están descuidadas dado que las EPS están realizando visitas virtuales, no les cumplen con la entrega de los medicamentos que les envían a domicilio o porque muchos pacientes no quieren ir a una clínica o a una EPS porque temen contagiarse. Están descuidando sus enfermedades de base, en cuanto a los controles médicos y a los medicamentos. También por la misma pandemia, a veces las familias son muy estrictas y ellos muy temerosos, quieren evitar ir a consulta o a citas médicas o salir a la calle por temor al contagio. Entonces los adultos mayores se están deprimiendo y esas depresiones se caracterizan por irritabilidad, cambios de conducta, desorientación, síndromes convulsionales, pérdida de peso, transtornos de la marcha lo que los hace muy propensos a sufrir caídas. Y, de hecho, estamos registrando muchas caídas con fractura de cadera. Es decir que la prevalencia se ha disparado mucho, en cerca de un 50%. Y todo el mundo sabe que una fractura de cadera por encima de los 75 u 80 años tiene una mortalidad muy alta. Así que esta pandemia está golpeando mucho a la población geriátrica, sobre todo ultimamente.

Estamos en un pico muy alto de contagios así que lo mejor es quedarse en casa. ¿Qué hacer entonces?

Lo primero es que la gente debe entendar que si bien estamos en un pico muy alto de contagios, el pico no es culpa del virus, no es que el virus se haya vuelto más agresivo. Este pico es por la inconsciencia de la gente o por la necesidad de las personas de salir a la calle, más ahora en época navideña, lo que significa que en enero se presentará un brote muy importante de la enfemedad, pero no es porque el virus esté más agresivo sino porque la gente no tiene la consciencia adecuada y no se está cuidando. En mi caso se ha aumentado mucho la consulta porque el consultorio donde trabajo no hay ascensores, ni aglomeraciones, pero la idea es que los pacientes sigan cuidado sus enfermedades crónicas, que tomen sus medicamentos, que el médico de confianza vaya a la casa a verlos y a valorarlos con cierta frecuencia para que no se descuiden.

¿Cuál ha sido la actitud de las familias con respecto de sus mayores?

Es necesario que las familias no sean tan estrictas en el aislamiento, que les permitan salir al menos al patio de la casa o a caminar por el anden al frente de la casa, si es posible. Ellos necesitan caminar para mantenerse funcionales, para que reciban el aire y el sol, para que cambien de ambiente. También que tengan una adecuada hidratación, un buen soporte nutricional y que estén acompañados por los hijos. Tengo pacientes que me dicen: “doctor, yo tengo hijos pero todo es por teléfono, ni siquiera me vienen a ver”, es decir que no tienen acompañamiento de las familias. No los sacan siquiera a darles una vueltica en el carro o a caminar o que los llamen los nietos que viven en otras partes a través de una de las plataformas digitales, hoy en día es muy fácil la comunicación con cámaras, para que no se depriman tanto, para que no se aislen.

¿Incluso durante esta pandemia a algunos viejos en la práctica se les dejó morir?

Al principio de la pandemia hubo unos episodios de lo que los geriatras llamamos ageismo y es que en Europa, especialmente, estaban dejando morir a los mayores de 80 años argumentado que ellos no eran candidatos a cuidados intensivos. Esa estigmatización y esa discriminación contra los viejos, afirmando que ya no hay nada que hacer por ellos, hace que esta población se sienta indignada por el trato que les están dando. Hay que manejar todo con equilibrio: obviamente cuidar mucho a los mayores, pero no tenerlos tan encerrados porque se desacondicionan y tienen el riesgo grande de agravarse, de deprimirse, de caerse, de fracturarse la cadera…

¿Frente a esta problemática habrá que esperar la vacuna o un radical cambio de conducta?

Todos tenemos la esperanza de la vacuna, se han hecho esfuerzos grandísimos por la comunidad científica y las casas farmaceúticas para tenerlas en tiempo récord. Pero mientras la vacuna aparece y se inmuniza a toda la población hay que seguir aplicando en forma estricta las medidas de bioseguridad que no son tan complicadas: evitar espacios cerrados, que haya buena ventilación, no compartir el espacio con más de seis personas, distanciamiento de dos metros, lavado constante de manos y uso permanente del tapabocas. Eso es lo principal e inclusive el uso del tapabocas fue la gran enseñanza que dejó la pandemia de 1.918. Hay que recordar que el virus está muy cerca y, básicamente, el contagio de Covid19 es por aerosol. El Coronavirus es una emergencia mundial, pero mientras sale el remedio debemos seguir cuidándonos, pero también evitar que los más viejitos estén tan encerrados y tan aislados.

¿Esta pandemia fue una excusa para aislar aún más y abandonar a los viejos?

Sí, claro. Eso es lo triste. Por eso muchos pacientes me dicen: “los hijos solo nos llaman por teléfono, ni siquiera van, nos mandan mercado, tortas o pasteles pero ellos no van y nos sentimos terriblemente abandonados”. Desafortunamente hoy en día la relación entre los padres y los hijos tan ocupados es por teléfono: “Hola papá ¿cómo está?” Y éste le responde: “Muy bien, mijo, muchas gracias”. Pero la realidad es que cuando los traen a consulta y les hacemos unas pruebas de memoria y otros exámenes, me ha tocado ver hijos llorando cuando se dan cuenta que su mamá o su papá está muy mal y no se habían dado cuenta porque la relación es mínima. Por ello se descuidan algunos aspectos tan importantes como la memoria, el interés, el apetito, el sueño, la atención, la capacidad funcional, el riesgo de caídas… La medicina no solo debe ser hacer exámenes de sangre, radiografías, electrocardiogramas y unas fórmulas larguísimas de medicamentos, sino mirar los aspectos que más afectan a los viejos como el ser independientes, que sigan siendo funcionales para no depender de nadie. Y la independencia no son solamente las salidas a hacer las compras o tomar los medicamentos, sino ir al baño sin compañía, comer sin ayuda… que son habilidades que se pierden muy rápido cuando el paciente se desacondiciona y cuando no tiene motivación.

¿Qué hacer entonces con los viejos, que cada vez son más?

Desafortunamente en nuestra sociedad todavía no hay suficientes Centros Vida a donde el paciente mayor pueda tener algún tipo de actividad cognitiva, funcional, física y que no se vuelva frágil… que salga de la casa, que cambie de ambiente y que regrese por la tarde tranquilo después de haber hecho sus actividades. Un hijo que trabaja y que tiene un papá mayor cuando lo deja solo mucho tiempo se preocupa si se aplicó los medicamentos, si dejó prendida la estufa y una cantidad de cosas que hay que solucionar en un país que cada día se envejece más. Cada vez somos más viejos y esta pandemia hizo que la geriatría, como una subespecialidad de la medicina interna, se volviera importantísima puesto que casi no hay médicos geriatras en Colombia. Por ello es necesario que desde la sociedad, desde el Ministerio de Salud y de la Protección Social se tengan más en cuenta esta población tan frágil para que esté mejor cuidada. Cada vez somos más viejos y cuando no se envejece bien hay mayor prevalencia de diabetes, de hipertensión, de EPOC, de hipotiroidismo y riesgo de que deba tomar muchos medicamentos. Muchas veces en las EPS se preocupan más por el número de enfermedades y de medicamentos pero poco por los asuntos que más le preocupan a los adultos mayores como son poder dormir bien, alimentarse bien, ser funcional, no depender de nadie y no tener problemas de memoria. En síntesis, ser independientes. 

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