Óscar Aguirre Gómez: Poeta, historiador, corrector de estilo y experto en masonería

De su natal Filandia Quindio, tiene pocos elementos de recordación; pero de su amada Pereira, si tiene presente su historia a través de su prolija y extensa  obra que van desde cuentos, poemas, investigaciones y sobre todo libros históricos; donde tiene bagaje, además del reconocimiento de la crítica local.  Es un lector voraz y acucioso, ratón de biblioteca y buen conversador con sus colegas del medio cultural. Desde muy joven se  matriculo en centros literarios y  círculos culturales en ese afán por visibilizar sus escritos, pero además aprender de aquellos con publicaciones primarias. La  Sociedad Bolivariana, la Asociación de Escritores de Dosquebradas, AEDOS y el Parnaso Literario Eje Cafetero, son algunas de las entidades donde ha trabajado y publicado parte de su obra. Si hay un proyecto de vida que dice de su identidad y compromiso por la cultura es la Revista cultural Iris  fundada en 1998. Desde sus inicios ha sido una plataforma para la visibilizacion del trabajo no solo de su fundador y director, si no de decenas de artistas y escritores. La revista es patrimonio de la ciudad, única en su  género, y a pesar de su larga vida, hoy su continuidad  amenaza peligro ante la falta de financiación. Es un trabajador incansable, modesto y silencioso. Poco ruido hace de los reconocimientos obtenidos como la mención de Honor del Encuentro de Escritores Hugo Ángel Jaramillo, Receptor de la “Copa Miguel Álvarez de los Ríos”, distinción del Parnaso Literario Eje Cafetero. 2013 y la distinción “150 Artistas del Sesquicentenario de Pereira”. Es autor de varios libros publicados, entre ellos: Bolívar El Quijote, Simón Bolívar y la francmasonería, La masonería en la literatura, Manuela Sáenz Caballeresa del Sol, Eterno Mozart, Beethoven, perfiles y Poe: de la melancolía a lo fantástico.

Dentro de su producción, escribió cuatro libros de cuentos, en un lapso de unos 40 años. En 2019 publicó una Antología de ellos (“Antología de cuentos”). Al mismo tiempo, publicó también el resto de los cuentos en otro libro: “Otros cuentos”, cumpliéndose así su sueño de publicar sus cuentos completos.  En el año 2017 empezó una especie de “impresiones escritas” sobre la influencia de la literatura, el arte, el cine  y la música en su vida, que tituló “50 años escuchando a Beethoven”, rememorando así el año en que comenzó a escuchar, valga la repetición, al genio de la música. No es una autobiografía ni unas memorias, don aspectos de su vida a través de algunas percepciones.

El dialogo con el poeta es franco y certero: ¿cómo fueron sus inicios en la literatura?

Por la lectura. No aprendí formalmente. Interrumpí mis estudios desde muy joven, pero acudí a los libros y encontré en ellos un mundo nuevo, el cual, muchas veces, me era familiar. Me atraía mucho, por ejemplo, la literatura europea del siglo XIX, la antigüedad, la historia y la ficción, lo mismo que las civilizaciones desaparecidas. Para escribir, hay que leer primero. Y mucho. Así se forman las tendencias y los estilos. Otra fuente de mis inquietudes literarias, fue el cine que, junto las tiras cómicas —debo decirlo—, fue uno de mis maestros. Desde casi niño asistí al cine, que ha sido una de mis pasiones.

Toda su obra está signada bajo la égida de la música, ¿cómo se interpreta esto?

Desde que yo tenía quince años de edad, empezó a  atraerme con fuerza irresistible la música de los grandes maestros, en cuanto a su apreciación se refiere. Comencé a comprar la música que podía y, simultáneamente, biografías y enciclopedias sobre los compositores y, poco, a poco, fui formando una biblioteca sobre la música y los músicos. El gusto por el arte de Euterpe conlleva el conocimiento de la historia y de muchas tendencias del arte. Ello, naturalmente, incidió en mis escritos. En mis relatos, en mi poesía y hasta en algunos ensayos, hay tres cosas que se entremezclan casi siempre: el tiempo, la música y las estrellas.

Del libro “De la aldea a la ciudad”, ¿cuál es su aporte, a través de un capítulo, sobre la masonería?

Es innegable que la masonería ha ejercido una atracción irresistible en la literatura y en las artes. Nos atrae con un halo exótico y oculto. Más concretamente, ha influido en la historia de los pueblos, desde su creación en Londres, en 1717. Latinoamérica no fue la excepción, incluida Colombia. Aquí entró por Cartagena, a finales del siglo 18. En Bogotá, Nariño fundó discretamente la logia Arcano Sublime de la Filantropía, en 1794. En Pereira se fundó la logia Libres de Caldas, en 1917, que aún subsiste con el nombre Logia Libres. Las raíces masónicas en Pereira son lejanas y fuertes. A comienzos del siglo XX se formó en la ciudad un cantón liberal, de corte radical. Pereira ha sido un cruce de caminos muy importante en el centro del país. Muchos de quienes llegaron a afincarse por estos lares, eran masones que huían de la Guerra de los Mil días. Entonces mi aporte al libro citado, es una fugaz visión de la incidencia que la tenido la orden masónica en la historia de Pereira. Sin ir muy lejos, la masonería tuvo mucho que ver en tres hechos fundamentales: la celebración del primer centenario de la ciudad, en 1963: la creación del departamento de Risaralda y la consecución de la sede de los X Juegos Nacionales.

Pereira tiene una tradición de liberalismo, masonería y libre pensamiento, ¿cuáles son sus raíces históricas?

La respuesta a esta pregunta está implícita en la anterior. Es de anotar que muchas personalidades y dirigentes cívicos de Pereira se han vinculado a la masonería a través del siglo XX. El desarrollo urbano e industrial de la ciudad corrió paralelo al crecimiento de la masonería. Figuras como la del masón Santiago Londoño, padre, médico y filántropo, y de su hijo, también médico y filántropo —aunque no fue masón—, tuvieron mucho que ver con el civismo de la ciudad sin puertas, como ha sido llamada Pereira. Alrededor de ambas personalidades se movieron muchos hilos de la historia de los pereiranos. El primero, oriundo de Rionegro, Antioquia, liberal, contribuyó a la fundación de la logia Libres de Caldas, en septiembre de 1917. Podría decirse que el libre pensamiento ha distinguido a los auténticos hijos de la antes llamada “Ciudad Cívica de Colombia”.

La revista cultural IRIS es un emblema de la ciudad, ¿cuál es su legado y, de verdad, peligra su supervivencia?

IRIS, como usted lo dice, se ha constituido en un patrimonio cultural, no solo de Pereira, sino de Risaralda. Durante más de 20 años y a través de 85 ediciones, por sus páginas han desfilado la prosa, la poesía, el arte en general, el cine y la historia, así como el cambio climático, en el formato modesto que caracteriza a la revista. Las últimas 4 ediciones han sido digitales, a todo color, naturalmente, y con tamaño aumentado. Lo anterior, merced a la pandemia, que ocasionó el cambio. Pero, y así lo anuncié en el Editorial de la última edición, IRIS podría desaparecer, si no hay pautas. La publicidad es vital para una publicación que no recibe ayuda alguna de ninguna entidad cultural. Me he sostenido por más de dos décadas, pero ya no puedo más. El amor a la literatura no basta para sostener una revista que, realmente, no necesita mucho para su sostenimiento.

Usted es un cultor de la filosofía oriental, ¿qué nos puede aportar ésta?

El neoplatonismo y el gnosticismo deben mucho a la India. Los principios o elementos del universo de la filosofía india, eran muy conocidos por Platón, quien los tomó de Pitágoras. El alma y la luz eran sinónimas en la filosofía hindú mucho antes de que fueran adoptadas en la antigua Grecia. Así, el pensamiento griego debe mucho a la India. Schopenhauer introdujo Oriente a Europa. Nietzsche, a su vez, también tomó mucho de su propia filosofía de Oriente. Para no ahondar en un tema que no es del caso y complejo, por demás, Hermann Hesse nos señala el Oriente como una fuente primaria. En un librito suyo, Mi credo, se identifica mucho con el pensamiento indio. Recomiendo leer su pequeña novela “Siddartha”, que tanta influencia tuviera en mí durante mi juventud. Buscando las fuentes de la filosofía, los caminos conducen a Oriente…

El bolivarianismo como expresión literaria, ¿qué aportes le hace a la cultura?

Indudablemente el pensamiento de Bolívar aporta mucho al conocimiento de la historia de América. Fue un gran escritor, hijo de sí mismo. En su momento, el Libertador guió los destinos de la que sería la Gran Colombia, que se acabó con su muerte. Fundó cinco repúblicas y una de ellas lleva su nombre, Bolivia, un hecho sin precedentes en América. La Sociedad Bolivariana de Colombia rinde culto a su memoria y a su obra. En tal sentido, sería muy bueno que se reanudaran las clases de historia, para saber quiénes somos. Creo que pocos personajes en nuestra historia han causado tanta controversia. Unos lo odian y otros lo ensalzan. Pero hay un momento para todo. A Bolívar lo movió la gloria. Y el poder. Finalmente, tornó a buscar a aquellos contra quienes combatía.

Hay un matiz poco conocido de su personalidad y es el gusto por el tango y su historia.

En efecto. Desde muy niño por las cuatro esquinas de mi casa —y en todo el barrio y en muchos barrios, creo— se oían   tangos. ¡Eran otras épocas! A mi madre le gustaban mucho y los cantaba. De ahí que hoy en día, al escucharlos, viene inevitablemente el recuerdo de esa querida voz y, a veces, acuden las lágrimas a mis ojos. A mis tíos maternos también les gustaba mucho los aires porteños, lo mismo que a mi hermano y a mis hermanas. Es algo de familia. En la revista IRIS Nº 72 publiqué una nota con los 150 tangos que más me gustan.

Colaboración especial

Ramiro Tabares Idarraga

Gestor cultural/docente universitario

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