Un poco de sentido común

“A quién le pueden estorbar unos conductores que, sin bajarse del carro, esperan allí unos momentos a la persona que van a recoger, mientras sale con sus paquetes”.

Es sabido que a cualquier ciudad le es imposible tener el personal de guardas de tránsito suficiente para cubrir completamente su territorio, vigilar la observancia de las normas de tránsito por parte de todos los actores viales y garantizar una buena movilidad especialmente en los lugares de más alto tráfico.

Tener el número de guardas que una ciudad, por ejemplo, como Pereira, necesita, costaría una suma inalcanzable. Por eso, lo que hacen las grandes capitales es orientar mayoritariamente la permanencia y el trabajo de los agentes hacia las zonas y cruces más complejos y en los horarios de mayor flujo de vehículos.

Esto, aunque no es lo ideal, por lo menos garantiza la presencia de la autoridad en los puntos donde tradicionalmente se hacen trancones, ayuda a que el flujo de vehículos no se congele por alguna circunstancia y evita que conductores inconscientes o incultos obstaculicen la vía y generen el caos.

Por todo esto, es por lo que no tiene explicación que mientras la séptima y la octava, la Circunvalar, la Avenida 30 de Agosto, la carrera 12, la calle 21, la Avenida del Ferrocarril, la carrera novena, el cruce de Invico y medio centro de la ciudad, para no hablar sino de unos puntos, permanece en un caos monumental por falta de unos guardas de tránsito que pongan orden, que eviten que los vehículos se estacionen sobre la vía y que ayuden cuando los semáforos no responden a los flujos reales; los agentes se vayan para los lugares más despoblados, con menos tráfico y con vías más amplias a hacer retirar a un conductor que paró un momento a dejar o a recoger una persona.

No tiene mucho sentido, por ejemplo, que con tan poco personal de guardas de tránsito y con semejantes problemas de movilidad que tiene la ciudad en muchos sectores, estos sean enviados o mutuo propio se vayan para Unicentro a vigilar una vía interna y que está diseñada y hecha para que los vehículos arrimen a recoger las personas que están de compras o de visita en el centro comercial y que no fueron en su propio vehículo.

A quién le pueden estorbar unos conductores que, sin bajarse del carro, esperan allí unos momentos a la persona que van a recoger, mientras sale con sus paquetes. Por qué esos guardas, que además no son uno ni dos, que se instalan allí todos los días a espantar los compradores, no se van más bien a hacer su trabajo unas cuadras adelante en la Avenida 30 de Agosto donde sí cualquier vehículo que pare y se demore, forma un trancón desesperante.

La ciudad bien podría, pues, reducir los trancones que se forman en muchos cruces y sectores y mejorar su movilidad en las principales vías y avenidas, si se le pone un poco de sentido común a la programación del trabajo del cuerpo de guardas de tránsito con que cuenta Pereira y así lo entienden ellos.

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