Solamente ahora cuando había que cortar la cinta y los noticieros de televisión prendieron sus reflectores y sus cámaras, el gobernador Patiño se acordó que Cerritos es Risaralda.
Bastante molesto el gobernador del Departamento, Juan Diego Patiño, le reclamó a la Ministra de Transportes que hubiera inaugurado en compañía de algunos funcionarios del Instituto Nacional de Vías la llamada Intersección Galicia, sin tener en cuenta las autoridades regionales y locales.
Le dijo el gobernador Patiño a la Ministra que el Gobierno Nacional se había adueñado de una obra en la que no había puesto un solo peso, porque esta fue construida con los dineros provenientes del recaudo del peaje de Cerritos. Y aprovechó para pedirle explicaciones sobre los recursos para la doble calzada La Romelia – El Pollo, para la doble calzada Cerritos – La Virginia, para la intersección Tacurumbi y para los puentes peatonales prometidos en la vía Pereira – Cerritos.
Tiene razón el mandatario regional al reclamarle a la alta funcionaria que se hubiera apropiado de los créditos de una obra en la que, además de la demora para entender que era la prioritaria dentro del convenio Vías del Samán y de las trabas que puso para aprobarla, nada tuvo que ver; pero el que menos autoridad tiene para hacerlo es el gobernador Patiño.
En 26 meses que lleva al frente de la gobernación es la primera vez que se escucha su voz para referirse a la Intersección Galicia y al prolongado parto que fue su construcción. Ni cuando fue suspendida por los problemas ambientales, ni cuando hubo dificultades en la compra de terrenos que también obligó a parar la obra, ni cuando el concesionario resolvió instalar unos reducidores de velocidad que colapsaron durante más de una semana la vía, ni cuando recientemente el contratista optó por hacer un pare y siga en el día para hacer unos trabajos, ni mucho menos cuando modificaron los diseños iniciales y terminaron haciendo una obra de tercera categoría; se supo que el gobernado existía.
Solamente ahora cuando había que cortar la cinta y los noticieros de televisión prendieron sus reflectores y sus cámaras, el gobernador Patiño se acordó que Cerritos es Risaralda, que la doble calzada a Cerritos tiene una de las más altas tasas de accidentalidad y mortalidad del país, qué esta vía tiene un altísimo tráfico y que la Intersección Galicia fue construida con los dinero del peaje de Cerritos.
Si de alguien necesitó la comunidad de Cerritos, los miles de personas que habitan en ese sector, las empresas que mueven miles de toneladas de carga por la doble calzada a Cerritos y los dirigentes de la zona, para defender el proyecto, para que el Invías entendiera que esa obra era inaplazable, para ayudar a zanjar las diferencias entre los ambientalistas y la constructora y para hacer entender a la concesionaria que el desarrollo exige sacrificios, peros que hay que tratar de generar las menores molestias posibles; fue del gobernador Patiño, que jamás apareció. Y eso que el mandatario ha incluido en su informe de gestión en los dos años de gobierno, la Intersección Galicia como uno de sus principales logros.
Ojalá ahora que el gobernador Patiño se acordó que la Gobernación había firmado un leonino convenio con el Invías, haga valer el compromiso allí pactado de construir en el Departamento cinco obras importantes, entre ellas las dobles calzadas La Romelia – El Pollo y Cerritos – La Virginia, las intersecciones de Belmonte y Tacurumbí y unos puentes peatonales que eviten que cada semana muera un peatón intentando cruzar la vía a Cerritos.
