Un arte de tradición familiar

Las bellas imágenes que representan los momentos más importantes de la pasión de Jesús de Nazareth y que recorren el Centro de Pereira hoy y mañana, no solo cuentan sobre la importancia de la fe para los locales, también muestran el cuidado y dedicación con el que una mujer, heredera de su preservación, atiende a detalles que parecieran insignificantes, pero cada herida, lágrima y laceración, pueden evocar emocionalidad al espectador.

Esta historia comienza con un muchacho de 16 años, a quien la presencia de dos hermanos italianos restauradores le llamaba la atención, ese joven era Carlos Arturo Monsalve Gómez, y mirando, mirando entendió cómo se intervenía una imagen. Con los años se convirtió en el padre de la artista plástica y restauradora Liliana Monsalve, quien aprendió de él, porque la vena artística ha estado siempre presente en la familia. “Desde adolescente me iba con mi papá para la iglesia del barrio donde él restauraba como voluntario pero con todo el amor del mundo, en la casa recibía trabajos no por ganar dinero, sino como pasatiempo”.

En la Catedral

Liliana arrancó en Nuestra Señora de la Pobreza, cuando tenía 21 años, “trabajamos 12 años con el padre Gustavo Valencia; con el padre Aníbal Hurtado, cinco años más, año tras año haciendo siempre haciendo mantenimiento, no a todas, solo hubo un año en que se pintaron todas las imágenes y cuando digo todas, son todas, tuvieron restauración, en ese entonces empezábamos desde febrero a trabajar”.

¿Después de aprender de su padre, hizo algún tipo de formación al respecto? “Sí, le pagué clases particulares al profesor Diego Panesso. Él me decía: ‘ven al taller’, no era tanto la teoría sino el hacer, sacaba moldes, aprendí a hacer manos, restaurar lo que es sin tocar lo que está bien, le aprendí muchísimo, el maestro para mí fue una base enorme, yo era su ayudante y la Catedral fue la universidad de mi vida y al llegar sacerdotes de todos los municipios también me encargaban trabajos”.

Tesoro

Ahora es el turno de las imágenes, ¿por lo general de qué están hechas? “Las más antiguas son de yeso escayola marmolizado, por eso es que son tan finas, por dentro tienen un esqueleto que van reforzadas con hierro y una lámina de costal de estopa para reforzar, base en madera, reforzadas con travesaños de hierro, tienen entre 75 y 78 años, fueron traídas desde España. La primera que llegó fue La Piedad”.

Hay dos imágenes o ‘pasos’ en madera que proceden de Ecuador. “Son las más nuevas, tienen más o menos 15 años, se tuvieron que reemplazar porque las antecesoras estaban demasiado averiadas, cumplieron su ciclo y no se podía hacer nada más”. ¿Cuál es el final de una imagen? “Al sacerdote que le toque, debe rociarla con agua bendita, hacer una oración y prenderle fuego”. Hace 20 años, tuvo su trabajo más grande, cuando restauró los dos Cristos que siempre se fracturaban y se podían desprender peligrosamente, porque los brazos estaban pegados a la cruz y mejor los sujetó por la espalda y de los pies.

Liliana dice que la parte donde más se resienten las imágenes es en los tobillos donde reciben la fuerza por el vaivén del movimiento en cada procesión. “Lo que se debe hacer es moverla fuerte de un lado para otro y mirar qué tanto se abre la grieta, si da la vuelta hay que intervenir, porque se puede fracturar”.

Siempre al reforzar, después se debe lijar, pulir, decorar y pintar, es un proceso completo que asegura que no va a pasar nada.

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