En Balboa, hay ‘severo’ proyecto ambiental

La importancia del querer hacer, de ponerse las pilas y colaborar se juntaron hace casi nueve años, cuando la profesora Tulia Lucy Martínez llegó a las sedes La Floresta y La Margarita del Bachillerato en Bienestar Rural en Balboa. “Encontré una gente amada, les proponía convites para las 7:00 de la mañana y ellos llegaban a las 6:30”.

La apuesta de la profe Tulia, empezó cuando al regresar de una licencia se topó con el bachillerato rural, “Encontré que es el mecanismo más maravilloso que nosotros los maestros tenemos para construir nación. Empezamos a mirar qué había y qué podía aportar, porque es el maestro el que debe hacer el cambio, nuestro deber es transformar, han sido los años más maravillosos de mi vida”.

Se hizo

La docente está convencida de que se educa en el ejemplo, “el colegio estaba descuidado, pero cuando vieron que también me ponía botas, cogía machete y ‘me untaba’, como se dice, se motivaron y son colaboradores 100%”. Los espacios se mejoraron porque una de las enseñanzas es hacer planes de vida y no solo proyectos, pues los primeros pueden ser a corto, mediano y largo plazo, “primero hay que asumir compromisos, responsabilidad, solidaridad, empatía para formar el carácter, con eso impartir los conocimientos es muy fácil”.

Cuando diagnosticaron las necesidades, salieron 50 mil cosas, afirma la docente. “Les dije: tenemos que hacer algo que impacte, Balboa está por cumplir años. Hagamos un sendero, de una me dijeron ‘uy sí profe, hacemos las escalitas…’, me hablé con la Carder, me dijeron que no hay plata, pues sí, ¿pero qué podemos hacer? Lo importante es tocar puertas y usted encuentra, entonces nos hicieron visita técnica y señalizaron”.

Vida verde

Así le dieron vida al ‘Sendero de educación ambiental y soberanía alimentaria’, “queríamos convertirnos en plantuladores y semilleros, con lo que hay en las casas y por lo general va a la basura, lo recuperamos y así empezamos. Después vinimos a la Gobernación y nos enseñaron todo lo que es hidropónico y a convertirnos en lo que queríamos a partir de nada. Así hicimos otro proyecto que se llama ‘El rincón que cura’, tenemos acetaminofén, penicilina, anamú, el objetivo es que no haya que tomar pastas sino hacer una infusión”.

Givercal (girasoles, verbena y caléndula) es el otro proyecto, lo manejan los niños de sexto y séptimo, “son las tres plantas que mayor proceso de polinización tienen, porque en la investigación que hicieron las niñas, encontraron que Balboa es uno de los lugares en que mayor fumigación hay. El año pasado, ellas estuvieron sustentado este proyecto en Ondas de la UTP”. Como si esto fuera poco, ahora se embarcaron en la huerta hidropónica, con el objetivo de reforzar el proyecto de plantas medicinales.

‘Tierra y fuego’ es otro proyecto, describe el amor por la tierra, un taller histórico en el que se trabaja con arcilla. “Ya hemos hecho dos exposiciones con las piezas que hemos fabricado”.

“Mis muchachos son felices y yo soy feliz con ellos, porque entregan todo lo que tienen. Hace dos años participamos en ‘Gastronomía de Tatamá’, con cuatro recetas y las cuatro tuvieron renombre, nos llamaron del Ministerio de Cultura y nos mandaron chef. Quiero que mis estudiantes se conviertan en gestores de la educación ambiental de Risaralda”.

La maestra Tulia Lucy Martínez dice que su área de especialización no tiene nada que ver con lo que ha desarrollado, pero se metió a estudiar, llegó a una comunidad en la que todo lo que propone, se desarrolla y que lo mejor, son los aliados.

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